Victoria
Casi salí corriendo de ese despacho cuando llegué a la puerta principal. Juro por Dios que estaba tentada en salir corriendo, pero cuando tomé el pomo de la puerta, escuché a alguien tras de mí.
—No es tan malo como todos piensan, pero ya te irás dando cuenta.
Yo volteo y lo miro con los ojos entrecerrados. No creo lo que ha dicho; acabo de ver al mismísimo diablo y él dice que no es tan malo. Por favor, estoy a punto de decir que no es verdad cuando se da la vuelta y empieza a caminar hacia las escaleras. Pero cuando ha subido varios escalones, se detiene, voltea y me mira, y me dice:
—¿Se quedará ahí o viene conmigo?
Yo suspiro y empiezo a caminar hacia su dirección. Empezamos a subir las escaleras hasta llegar al segundo piso. Comenzamos a caminar por un enorme pasillo. La mansión es preciosa; pensé que se vería algo tenebrosa, pero no es así, es bastante linda. Incluso puedo decir que es acogedora. Llegamos al final del pasillo y él se detiene en una enorme puerta. Él carraspea y, con una sonrisa en su rostro, me dice:
—Esta será su habitación y aquella enorme puerta es la habitación del señor Lombardo. Por ningún motivo puede entrar ahí si no se le ha llamado. Créame que se puede arrepentir.
Yo volteo hacia donde él me ha señalado y estoy segura de que lo que me ha dicho es verdad, pues aún recuerdo lo que sucedió hace un momento en el despacho. Parece que este hombre no tiene límites, así que, obviamente, no me arriesgaré a que algo como lo que sucedió hace un rato pueda volver a pasar.
—No se preocupe, no tengo intenciones ni siquiera de acercarme. Puede estar tranquilo.
Él abre la enorme puerta y tengo que decir que mi mandíbula casi cae al suelo. Doy un paso dentro de la habitación, completamente sorprendida, pues es enorme. Camino hacia la cama y acaricio las sábanas. Voy hacia la enorme ventana y la abro. Una hermosa terraza con una vista perfecta, pues da al jardín. Escucho que alguien ríe y volteo a ver al hombre que aún sigue ahí, de pie, observando cada movimiento que hago.
—Parece que le ha gustado su habitación. De verdad espero que su estadía aquí no sea tan tortuosa.
Yo le sonrío, pero mis labios apenas son una fina línea y suspiro.
—Sí, tengo que reconocer que es un lugar muy hermoso, pero también tenemos que darnos cuenta de que podemos estar en el lugar más hermoso y este es el mismísimo infierno. Estoy completamente segura de que este será mi caso. Creo que su jefe desea hacerme la vida imposible y aún no entiendo por qué.
Él empieza a negar y se acerca a mí.
—Mientras usted haga su trabajo como él se lo pide, créame que no tendrá ningún problema. Solo una recomendación: no lo traicione. Si hay algo que él no perdona, es una traición. Solo recuerde eso.
Cuando él termina de decir esto, simplemente se da la vuelta y se marcha, mientras yo me siento en la terraza y tallo mi cara con frustración, pensando aún que he cometido una estupidez. Espero no arrepentirme después.
De pronto, mi teléfono suena. Ni siquiera había recordado llamar a mi familia e informarle que no llegaría a casa. Gracias a Dios, el que llama es Alaric.
—Hola.
—Triana, ¿dónde estás? Mamá está muy preocupada. Jared dice que te vio y te estuvo llamando, pero no le hiciste caso. No me digas que fuiste con...
—Sí, Alaric, como te dije, acepté el trabajo con el rey, solo que tenemos un problema. Tendrás que hablar con mi madre porque una de las condiciones es quedarme aquí hasta que él me diga que puedo ir a casa.
Él guarda silencio por un momento y de pronto se escucha muy alterado.
—No, no, tú no puedes hacer eso. ¿Te imaginas que suceda algo y tú estás en el momento y el lugar equivocado? No, Victoriana, tú no puedes hacer eso. Ese hombre tiene demasiados enemigos que te pueden hacer daño.
Yo sonrío por la preocupación de mi hermano, cuando él no termina de entender que todo esto lo estoy haciendo por ellos. Limpio una lágrima que baja por mi mejilla; ni siquiera me había dado cuenta de que estaba llorando, pero escucharlo así, tan preocupado, hace que realmente me duela lo que está pasando con mi familia. ¿Por qué? Porque todo esto no debería suceder a nosotros.
—Está bien, Alaric, tendré mucho cuidado. Te lo prometo. Solo necesito que le digas a mamá que he conseguido un trabajo de enfermera cuidando a una persona mayor y tendré que quedarme aquí. No me gusta mentirle a mi madre, pero estoy segura de que si ella supiera la verdad, por obvias razones, no me dejaría estar cerca de este hombre.
—Tri, yo no creo que mamá se quede tan tranquila cuando le diga eso. ¿Y si me pide la dirección para ir a revisar que sea verdad? ¿Qué voy a hacer? No le puedo mentir de esa manera. Lo lamento, Tri, pero no puedo.
Yo pellizco el puente de mi nariz, me pongo de pie y empiezo a caminar de un lado a otro, tratando de hacerle entender a Alaric que tiene que hacer lo que le estoy diciendo.
—Alaric, escúchame, tienes que hacerlo. Mi madre no se puede enterar de dónde estoy en estos momentos. Además, pronto podremos decirle que nuestros problemas se han solucionado. Por favor, trata de convencerla.
El guarda silencio por un momento y después se escucha un largo suspiro.
—Está bien, trataré de convencerla, pero si hay algún problema, tú te haces responsable porque yo no enfrentaré a mi madre. ¿Entiendes?
Yo sonrío y asiento como si él me estuviera viendo.
—Está bien, si sucede algo, solo...
—Parece que te gusta romper las reglas.
Juro por Dios que al escuchar su voz me he quedado en completo shock, así que, sin siquiera despedirme de mi hermano, de inmediato cuelgo el teléfono. Volteo a verlo y él está cruzado de brazos, sin camisa, solo con un pantalón de pijama puesto. Jamás había visto a un hombre tan imponente. No lo sé, su cuerpo lleno de tatuajes, hace que...
—¿Te gusta lo que ves?
Yo salgo de mis pensamientos al escuchar de nuevo su voz, lo miro con una ceja alzada y suelto una carcajada.
—¿Gustarme? Por Dios, ¿acaso alguna vez te has visto en un espejo?
Yo camino dentro de la habitación y, disimuladamente, guardo el teléfono en la bolsa trasera de mi pantalón y empiezo a negar. Paso por un lado de él hacia la puerta que aún se mantiene abierta.
—No, no me gustan los hombres como tú. Simplemente me sorprendiste. ¿En qué momento entraste que ni siquiera me di cuenta? Vamos a aclarar algo, señor Lombardo: yo trabajo para usted, pero usted respeta mi privacidad. Así que, antes de entrar, tiene que tocar. Son las reglas básicas de la educación.
Él camina hasta quedar de pie frente a mí. Tengo que decir que es mucho más alto que yo. Me mira directo a los ojos y sonríe de lado.
—Esta es mi casa y lamento informarle que no tengo educación, así que yo entro a las habitaciones cuando se me pega la gana. Pero lo que más me intriga es tu afirmación de que no te gusta un hombre como yo. ¿Como? Guapo, sexy, fuerte. ¿O es que acaso crees que soy demasiado para ti?
Juro por Dios que quisiera estallar en carcajadas, pero a pesar de todo lo que está diciendo, el hombre se ve bastante molesto, así que simplemente suspiro y niego.
—Parece que su mejor amigo es el ego. Felicidades, muchos quisieran tener su autoestima, pero no. No me refiero a eso, me refiero a la cantidad de tatuajes en su cuerpo. A usted le puede parecer sexy, a mí no. Y si me permite, necesito darme una ducha y descansar un poco.
Él me mira de arriba a abajo, da un paso hacia mí mientras yo doy un paso hacia atrás. Gran error, pues tras de mí hay una enorme pared que no me deja seguir avanzando. Él acerca su mano hacia mi rostro y acaricia mi mejilla, tengo que decir que esa acción así que mi piel se erice. Pero él toma un mechón de mi cabello y lo coloca tras mi oído, se acerca demasiado a este para susurrar:
—¿Acaso me estás invitando a la ducha? Porque si es así, podría acompañarte, obviamente si tú lo deseas.
Yo abro los ojos, sorprendida por lo que acaba de decir, y sus palabras se vienen a mi mente. Así que coloco mis manos en su pecho, que vaya, es enorme, y trato de empujarlo lo más que puedo, aunque tengo que decir que es bastante fuerte.
—Pensé que había dicho que no trataría de seducirme y esto parece un intento fallido de hacerlo. Por favor, si usted quiere respeto, respete. Ahora, salga de mi habitación.
Él levanta sus manos en rendición, pero mantiene su enorme sonrisa en su rostro. Se da la vuelta y camina fuera de la habitación. Cuando estoy a punto de cerrar la puerta, él la detiene y me extiende su mano. Yo lo miro confundida, pero él de inmediato me dice:
—Su teléfono. Recuerde que no puede tener contacto con su familia y justo es lo que acaba de hacer. Lo voy a pasar por alto porque supongo que tenía que informarles que no llegaría a su casa, pero de ahora en adelante, solamente cuando yo lo autorice, usted podrá hablar con ellos. Así que, entregue su teléfono, por favor.
Pensé que lo había olvidado, pero parece que no es así. Sacó el teléfono de mi bolsillo y se lo entrego, y sin esperar a que diga algo más, simplemente cierro la puerta en sus narices. Cuando escucho los pasos por el pasillo, me recargo en la puerta, cierro los ojos y mis lágrimas bajan por mis mejillas. Me abrazo a mis piernas y quisiera salir corriendo de este lugar, pero soy bastante fuerte para afrontarlo. Así que me vuelvo a poner de pie, voy hacia el vestidor para ver si encuentro algo que ponerme, pues necesito tomar una ducha. Y efectivamente, hay algunas prendas ahí que extrañamente son justo mi talla. Tomo un camisón y camino hacia el baño. De inmediato abro la regadera y me meto bajo la lluvia artificial. Al sentir el agua correr por mi piel, siento cómo mis músculos se relajan. Cierro los ojos y suspiro, solo rezando a Dios que me ayude a estar tan cerca de este hombre y no caer en tentación, porque aunque lo quiera negar, él tiene razón: es guapo y sexy, pero también un monstruo sin sentimientos y, sobre todo, un mafioso muy peligroso.