Capitulo 11

1997 Palabras
Victoriana Había tratado de descansar un poco, pero tenía que reconocer que tenerlo tan cerca hacía que no pudiera estar tranquila. Así que, como sé que no podré dormir más, simplemente me siento en la cama, volteo a ver el despertador, sonrío y empiezo a negar, pues ya no es mi viejo despertador; por el contrario, este se ve lindo y elegante. Estoy viviendo en un mundo completamente diferente al mío, pero a pesar de todo lo malo que tiene mi vida, prefiero mil veces esto y estar rodeada de mi familia que en esta enorme mansión y estar completamente sola. Alguien toca a la puerta. Vuelvo a ver el despertador y son las 5:30 de la mañana, así que me pongo de pie, coloco mi bata y camino hacia la puerta, completamente confundida. Creo que alguien se equivocó de habitación, pero cuando la abro, parece que no hubo ninguna equivocación, pues está el señor Leonel con una enorme sonrisa en su rostro y una caja en sus manos. Yo lo miro confundida, pero él simplemente ingresa a la habitación y coloca la caja encima de mi cama. —Buenos días, señorita Victoriana. Como su cita con la modista es hasta esta tarde, el señor Lombardo mandó a traerle un poco de ropa para que pueda trabajar decentemente al lado de él. ¿Decentemente? De verdad, este hombre es desesperante. Parece que todo quiere que sea perfecto. Leonel se da la vuelta y empieza a caminar fuera de mi habitación, pero antes de que él se marche, yo le pregunto: —Disculpe, ¿por qué tan temprano? Son las 5:30 de la mañana. ¿Acaso este hombre no duerme? Él ve su reloj y su sonrisa no se borra. —De hecho, es bastante tarde, pues aún tiene que tomar una ducha y arreglarse. No sé si el señor Lombardo le comentó, pero su entrada al trabajo es a las 6 de la mañana. Solamente tiene media hora para estar lista, así que si yo fuera usted, empezaría a hacerlo de inmediato. Él por fin termina de salir de mi habitación y yo me quedo completamente sorprendida. ¿A las 6 de la mañana? ¿Qué podemos hacer a las 6 de la mañana? Pero como Leonel dijo, es bastante tarde, así que de inmediato me acerco a la caja y la abro. Un traje sastre impecable en color rojo con unas hermosas zapatillas de suela roja que ni en mis más locos sueños hubiera podido colocar en mis pies. Quisiera seguir admirando lo que me ha traído el señor Leonel, pero como él bien lo dijo, es bastante tarde y no me da tiempo para este tipo de cosas. Así que simplemente corro a la ducha, me doy un baño rápido, que tampoco es tan rápido, pues cuando salgo de la ducha solo faltan 10 minutos para las 6. Trato de vestirme lo más rápido posible. En mi cabello simplemente hago una cola alta con algunos rizos al final de este. Cuando veo de nuevo el reloj, marcan las 6:10. De verdad, ¿en qué momento pasaron 20 minutos? Y, obviamente, con estos enormes tacones no puedo salir corriendo, así que empiezo a caminar lo más rápido posible hasta llegar a su despacho. Cuando me paro frente a la puerta de su despacho, tomo el pomo para abrirla, pero imágenes de lo que sucedió ayer simplemente hacen que de inmediato me detenga. Así que toco y hasta que no escucho un: —Adelante. Abro la puerta, tomo una respiración y empiezo a caminar hacia donde él se encuentra detrás de su escritorio, con su laptop abierta, trabajando. Su cabello aún se ve húmedo, pero con su traje de tres piezas se ve bastante elegante. —Buenos días, señor. Dígame en qué... Él mira el reloj en su muñeca y voltea a verme con una ceja alzada. —6:15, señorita. Ha llegado tarde en su primer día de trabajo. Si hay algo que me gusta a mí es la puntualidad, así que le pediré de favor que no vuelva a suceder. Ahora, en ese archivero, en el segundo cajón, hay cerca de cinco folders. Tráigalos aquí, por favor. Yo volteo los ojos con fastidio, me doy la vuelta y voy hacia donde me ha dicho. Empiezo a buscar los folders. Cuando por fin los encuentro, camino de nuevo hasta quedar frente a él. Me hace una seña para que tome asiento y me empieza a explicar qué será mi primer trabajo. —No debería de voltear los ojos tan seguido, pues créame que se puede quedar así. Ahora, ignorando su falta de respeto, le explicaré de lo que usted se hará cargo. Esos documentos que usted tiene en su mano son de cinco chicos que acaban de ingresar al asilo. Necesito que busque toda la información de su familia, les haga llegar un video que los chicos grabaron antes de entrar y se comunique con sus familias. Deben de firmar unos documentos donde nos autorizan utilizar ciertos métodos para la desintoxicación. Yo abro los folders y es verdad, son expedientes de personas, pero el asilo... Estos chicos están bastante jóvenes para estar en un asilo. No entiendo nada. Yo lo miro confundida y le pregunto: —Disculpe, señor Lombardo, ¿qué es el asilo? Digo, si estaré trabajando con estas personas, me gustaría saber de qué se trata. Él se pone de pie y camina hacia una pequeña mesita. Ni siquiera me había dado cuenta de que ahí se encontraba el desayuno para dos personas. Toma dos vasos de jugo y me ofrece uno. Yo lo tomo mientras él vuelve a tomar asiento detrás de su escritorio. Da un sorbo a su jugo y cuando me mira, me sonríe. —Hace algunos años hice una fundación. Digamos que es un centro de rehabilitación, solamente que yo le llamo el asilo, pero es para personas que quieren salir de las adicciones. Yo suelto una carcajada y creo que no lo toma muy bien, pues él me mira bastante molesto. Así que de inmediato paro de reír, carraspeo un poco y doy un sorbo a mi jugo. Cuando coloco mi jugo encima del escritorio, lo miro un poco más seria y le sonrío, algo irónica. —Perdón, perdón, no quise burlarme, pero no es algo completamente ridículo que uno de los hombres más poderosos, al que nombran el rey de la mafia, sea dueño de un lugar como este. Digo, usted vive de vender lo que a ellos les hace daño, ¿o no? Ahora el que sonríe es él. Pensé que se molestaría por lo que le he dicho, pero, por el contrario, asiente. —Puede que te parezca ridículo cuando se podría decir que esto es lo que me mantiene donde estoy, pero por el contrario de lo que todos piensan, hay personas que consumen no porque quieran, sino porque hay enfermedades silenciosas que justo las drogas les ayudan a superarlas. Yo lo miro confundida, no entiendo. —¿A qué se refiere? Todas las personas que consumen drogas es porque así lo desean. Él empieza a negar y toma uno de los expedientes. Me lo muestra y yo lo empiezo a leer mientras él me empieza a explicar. —Al asilo solamente entran personas por voluntad propia. Si tú puedes leer, este chico entró la semana pasada. ¿Qué dice ahí? Yo empiezo a leer lo que él me señala y tengo que decir que me quedo completamente sorprendida. —Dice que intentó suicidarse dos veces, ha sido golpeado por su padrastro, escapó de su casa y estuvo en las calles por dos años, donde fue abusado de diferentes formas, y su única solución para olvidar todo lo que había sucedido eran las drogas, pues esto hacía que no recordara lo que le había sucedido. Yo volteo y lo miro con los ojos muy grandes. Definitivamente hay personas que sufren y para ellos esta es su mejor solución. —Entonces... —Entonces ellos ingresan por voluntad propia. Obviamente, yo vivo de las personas que lo consumen por diversión, o al menos es lo que quiero creer, como tu hermano. Y respecto a eso quería hablarte. Te dije que te ayudaría con él. La ayuda que yo te ofrezco es ingresarlo al asilo. No veo el problema para que él esté ahí. Tú tomarás la decisión y firmarás los documentos como responsable. Así que piénsalo y me dices qué decisión tomas. Yo asiento y él de inmediato vuelve su mirada a la computadora, mientras yo me quedo completamente sorprendida con lo que sigo leyendo. De verdad, hay personas que caen en esto no por gusto, sino por necesidad. No lo sé, es un tema muy delicado, pero veo estos documentos y pienso en mi hermano. Mi hermano jamás sufrió algo así, o al menos no que yo lo recuerde, pero si en mis manos está ayudarlo, por supuesto que lo haré. Pasamos toda la mañana trabajando. Había momentos en los que él se ponía de pie y traía un plato de fruta, después una taza de café. Cuando él coloca esta frente a mí, yo volteo lo miro y le sonrío, pero su rostro está completamente serio. Vuelve a su trabajo y yo lo veo, y la verdad es que me quedo pensando en lo que me dijo Leonel. No es tan malo como todos piensan. ¿Será verdad eso que simplemente es una fachada para mantener su postura de hombre malo, frío y cruel? Cuando él voltea a verme, yo simplemente me hago la desentendida y sigo con mi trabajo, pero es como si él supiera lo que estoy pensando. Así que simplemente carraspea y mi mirada vuelve hacia él. Me mira con una ceja alzada y empieza a negar. —Conozco esa mirada, pero no, no te equivoques conmigo. Yo vuelvo mi mirada a los archivos que aún tengo en mis manos y me encojo de hombros. —No sé a qué se refiere. ¿Cuál mirada? ¿De qué habla? Él suelta una carcajada, se recarga en su silla, toma un cigarrillo y lo enciende. Da una calada y casi lanza el humo en mi rostro, lo que hace que yo empiece a toser y lo mire con ganas de matarlo. —Porque hace eso, casi me ahoga. —Jajaja, no digas estupideces, pero te voy a explicar a qué me refiero. Me miras de una manera como si fuera la persona más tierna y noble. No, Victoriana, no te equivoques conmigo. Soy una persona que no tiene sentimientos. Soy una persona que no le tiembla la mano para matar a quien me hace daño. En pocas palabras, soy un monstruo. El asilo es solamente una fachada para lavar dinero y quitar un poco de sangre de mis manos. Así que deja de verme de esa manera. Si estoy ayudando a tu hermano es porque está en nuestro contrato. No te hagas ideas que no son. Ahora deja eso ahí, ve con Leonel y pídele que prepare mi comida. Después vas a tu habitación y te quedas ahí el resto del día. No quiero volverte a ver por la mansión, ¿entiendes? Yo me pongo de pie, los archivos que tengo en mis manos simplemente los lanzo encima del escritorio, lo miro con una ceja alzada y le sonrío. —Por supuesto que entiendo, no soy idiota, y respecto a qué es un monstruo, desde la primera vez que lo vi, me di cuenta de eso. Usted tampoco se haga ideas que no son, porque no puede leer mi mente, así que no sabe lo que estaba pensando. Yo me doy la vuelta y salgo de ese despacho completamente furiosa. ¡Qué tonta! ¿Cómo me puedo dejar engañar tan fácilmente? Obviamente, él tendría algo que ganar con ese lugar, pero claro que no lo haría por ser el hombre más bueno del mundo, cuando le echa a perder la vida a muchas personas.
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