Victoriana
Caminaba lo más rápido que mis piernas me dejaban. Incluso me encontré con Jared, quien se sorprendió al llamarme, y ni siquiera le voltee a ver. Necesitaba llegar a ese lugar, necesitaba hablar con ese hombre. Quería saber qué era exactamente lo que pretendía, porque mi hermano a veces puede ser bastante ingenuo, aunque él diga que ya es todo un hombre.
Cuando llegué a la enorme mansión, los guardias, al verme, simplemente abrieron la puerta. Yo frunzo el ceño, confundida, pero no presto atención. Al tocar el timbre, las enormes puertas de madera se abren. El hombre que anteriormente nos había recibido me sonríe. Podría haberme mostrado muy grosera, pero en estos momentos no estoy para cordialidades, y como conozco perfectamente el camino hacia su despacho, entro como si fuera mi casa. El hombre trata de detenerme, pero yo no lo hago, así que cuando llego al despacho de él, ni siquiera lo pienso dos veces; de inmediato abro la puerta. Gran error. Su cabeza está echada hacia atrás y sus ojos cerrados. Cuando escucha que he abierto la puerta, me mira directo a los ojos y sonríe de lado.
—Parece que no le tienes miedo a nada. Deberías pensar bien antes de actuar.
Yo me cruzo de brazos y lo miro con una ceja alzada, mi sonrisa es tan cínicamente como la de él. Pensé que me lo decía por haber entrado sin tocar, pero parece que no fue así, pues debajo de su escritorio sale una chica acomodando su vestido y limpiando su boca mientras él se pone de pie y abrocha su pantalón. Yo abro la boca, sorprendida completamente. Vaya que es un maldito asqueroso. Ella pasa por un lado de mí, casi corriendo. Él me mira con una ceja alzada, algo desafiante, mientras que el hombre que supongo es el mayordomo se para detrás de mí y le dice:
—Lo lamento, señor. Ni siquiera me dio tiempo de detenerla. ¿Quiere que...?
Él no le da tiempo de terminar de hablar, levanta su mano y empieza a negar.
—Está bien, Leonel. No te preocupes. Supongo que si la señorita está aquí es porque ha aceptado mi proposición, así que prepárale la recámara de invitados, la que está a un lado de la mía, porque a partir de ahora se queda a vivir con nosotros, o me equivoco, señorita Victoriana.
Cuando él dice todo eso, mi piel se eriza. Incluso al mencionar mi nombre, lo hace como si lo estuviera disfrutando. Yo empiezo a negar, pero aún no digo nada, y el hombre que ahora sé que se llama Leonel se marcha cerrando la puerta. Yo respiro hondo para tranquilizar mis nervios. Él no deja de sonreír, y eso me molesta demasiado, así que doy un paso hacia él y suelto todo lo que traigo atorado en la garganta.
—¿Qué pretende? ¿Qué pretende al mandar llamar a mi hermano y proponerle todo eso? ¿Para qué? ¿Para que me obligue a aceptar algo que yo no quiero? No se me hace justo. ¿Por qué no habla directamente conmigo? ¿Por qué no me lo dijo a mí? ¿Por qué tenía que utilizar a Alaric? Porque sabía perfectamente que yo no aceptaría, ¿cierto? Por eso lo hizo.
Su sonrisa se ha borrado. Camina detrás de su escritorio y toma asiento. Me hace una seña para que yo haga lo mismo, pero niego. Él se encoge de hombros y enciende un cigarrillo. Me mira directo a los ojos y asiente.
—Exactamente, por eso llamé a tu hermano, porque sé que tú no aceptarás mi propuesta. Cuando, si lo piensas con cabeza fría, es algo que nos beneficia a todos. Tú me pagarías la deuda, tu hermano seguiría en el colegio sin necesidad de abandonarlo, y tu familia no pasaría más crisis económicas. E incluso, si haces lo que te pido, podría pagar la hipoteca de tu madre. Dime si no es un buen trato. Ah, y por cierto, como cereza del pastel, ayudaría a tu hermano Jason. Sabes que está metido en problemas y yo sería su solución. ¿Acaso no tienes todo a tu favor? Dime, ¿por qué te negarías?
Yo lo miro sorprendida por todo lo que me está diciendo. Incluso sabe acerca de la hipoteca de mi madre, cuando ni siquiera yo lo sabía hasta esta mañana. El problema de Jason, absolutamente todo. ¿Acaso este hombre me vigila? No, no, obviamente no. Simplemente cuida sus intereses. Aunque, como él dice, si lo pienso con cabeza fría, obviamente todo está a mi favor, pero nada es tan perfecto. Algo quiere, y no creo que un hombre de negocios como él simplemente quiera un asistente. Por fin me acerco y me siento frente a él, coloco mis manos encima de mis piernas, jugando con ellas un poco nerviosa. Este hombre me intimida, pero no puedo mostrarle el miedo que le tengo.
—Si lo pone de esa manera, obviamente cualquiera aceptaría el trato, pero yo me pregunto, ¿qué hay detrás de todo esto que me está proponiendo? Porque no creo que gane tan bien como para solventar con mi salario todo esto. Por lo que puedo ver, usted es un hombre de negocios y le gusta hablar claro, así que ¿por qué no me dice realmente lo que desea?
Él se pone de pie y rodea el escritorio hasta quedar a un lado mío. Yo levanto mi cabeza y lo miro directo a los ojos mientras él me sonríe de manera coqueta. No, conmigo esto no funciona.
—Eres una chica muy inteligente, pero aunque soy un hombre de negocios, necesito a alguien de mucha confianza, alguien que no me traicione, alguien a quien le pueda confiar hasta mi vida. Y sé que eres una persona leal, que cuidas a los tuyos y eres agradecida. Así que, por el contrario de lo que tú piensas, no hay nada turbio en esta proposición. Simplemente necesito a alguien que esté a mi lado 24 horas al día, 7 días a la semana, a mi disposición. Así que tú tienes la solución en tus manos.
Cuando me dice todo esto, quiero creer en sus palabras, pero hay algo que no me termina de convencer. Él se da la vuelta y camina hacia el minibar, se sirve un trago y cuando voltea a verme, suelta una risita burlona.
—Oh, ya entiendo todo el problema. Tú piensas que quiero llevarte a la cama, que quiero seducirte. Jajajaja. No, Victoriana, estás muy equivocada. Si te acabas de dar cuenta, tengo muchas mujeres a mi disposición, las más bellas del país. Cualquier mujer que yo desee en mi cama, con solo decirlo, ellas ahí están.
Yo lo miro en completo silencio, me pongo de pie y me cruzo de brazos. Según lo que pude entender, no soy suficiente mujer para él, pero la verdad es que lo prefiero así.
—Sí, lo puedo imaginar, pero agradezco que yo no sea de su agrado y, obviamente, que no quiera seducirme, porque de igual manera yo no se lo permitiría. Respecto al trabajo, no sé si esté haciendo lo correcto, pero en mi situación creo que es la mejor opción. Acepto trabajar con usted, solo tengo una condición: no se acerque a mi familia, no los llame, no los mire, no quiero ni que mencione sus nombres.
Él me sonríe de lado y da un paso hacia mí. Da un sorbo a su trago y me mira de arriba a abajo. Cuando llega hasta mis ojos, suspira.
—Está bien, acepto tu proposición: no acercarme a tu familia. Vale, desde ahora te quedas en la mansión. Mañana Leonel le llamará a la diseñadora, pues tu ropa no es muy adecuada para trabajar conmigo. Llamarán al peinador y a la maquillista. Te levantarás a las 6 de la mañana, me llevarás el desayuno a mi habitación y revisarás toda mi agenda. Habrá ocasiones en que tengamos que salir del país, y respecto a tu familia, la comunicación será nula. Solamente el día que yo necesite mi privacidad tendrás oportunidad de verlos, solo por dos horas. ¿Entiendes? Solo dos horas, no importa la situación que esté pasando tu familia. Jamás saldrás de la mansión sin mi permiso. Ahora sí, está todo completamente claro. Firmemos el contrato.
No, este hombre se ha vuelto completamente loco. Yo tengo que ver a mi familia, tengo que estar con ellos. Pero si no acepto, ¿qué voy a hacer? No tengo el dinero para pagar esa deuda ni para pagar la hipoteca, y aún no sé qué está pasando con Jason. No tengo otra opción, tengo que aceptar sus condiciones. Así que cierro los ojos y asiento. Él camina hacia un archivero viejo y saca unos documentos. Cuando los coloca frente a mí y me entrega un bolígrafo, me dice:
—Si no confías en mí, puedes leerlos y después firmarlos. Adelante.
Obviamente, yo no confío en este hombre, así que comienzo a leer cada uno de los documentos y efectivamente, aquí viene todo lo que me ha dicho. Seré una prisionera en esta enorme mansión, durmiendo bajo el mismo techo de este monstruo. Dios, solo ayúdame a salir de este problema. Cuando estoy a punto de firmar, le pregunto algo que no viene en el contrato y se me hace de mucha importancia.
—¿Cuánto tiempo?
Él se queda en silencio. Yo volteo a verlo y vuelvo a preguntar:
—¿Cuánto tiempo seré prisionera en esta mansión?
Él me sonríe y bebe su trago completamente.
—Un año. Un año es suficiente para cubrir la deuda y que tu familia salga de la miseria.
Yo lo miro con tanto odio por lo que acaba de decir, pero parece que a él no le afecta nada. Así que simplemente vuelvo mi mirada hacia los documentos y de inmediato firmo. Me pongo de pie, los tomo en mis manos y se los entrego.
—Sé que le he vendido mi alma al diablo. Solo espero que cumpla su parte del trato.
Él asiente y sonríe. Yo me doy la vuelta y salgo de ahí. Necesito aire, necesito pensar que de verdad lo que acabo de hacer es lo correcto y no una completa estupidez.
Alexandros
Cuando ella me entrega los documentos y se da la vuelta, yo sonrío como un estúpido, Guasón. Te tengo en mis manos, Triana. Ahora eres completamente mía. Claro que le has vendido tu alma al diablo, un año, jaja. Eso solamente tú lo puedes creer.
De pronto, se abre la puerta de mi despacho y entra Leonel. Me mira con los ojos entrecerrados y se cruza de brazos. Yo camino hacia el archivero y coloco los documentos de nuevo ahí. Cuando me doy la vuelta y lo veo a los ojos, empiezo a negar.
—No me mires de esa manera. Soy un hombre de negocios y quiero mi dinero.
—Y, obviamente, yo te creo. Te conozco perfectamente, Alex. Tus intereses no es precisamente el dinero; eso para ti es prácticamente nada. Solo ten cuidado porque te puedes equivocar con esta chica.
Yo vuelvo los ojos con fastidio y sirvo otro trago.
—Leonel, no necesito tus sermones. Solo ocúpate de darle todo lo que necesite, ¿entiendes? Por cierto, no le tomes cariño porque no sabemos lo que pueda suceder.
Él levanta sus manos en rendición y se da la vuelta.
—Está bien, solo después no te arrepientas.