Alexandros
Son las 3 de la madrugada. Estaba en mi despacho con un whisky en la mano, esperando a que la mujer que ya hacía en mi cama se fuera de una vez por todas. Doy un sorbo a mi trago y cierro los ojos; la imagen de esa chica vuelve a mi cabeza. Pero, ¿por qué? todavía no termino de entender ¿qué tiene de especial esa chica? Es alguien tan simple, tan ordinaria. Sonrío y niego; creo que simplemente es esa forma que tiene de desafiarme. Sí, eso es.
Estoy tan concentrado en mis pensamientos que, cuando Leonel entra al despacho, guardo silencio. Cuando se da cuenta de mi presencia, casi le da un infarto. Yo suelto una risita burlona mientras él me ve mal.
—Sabes, Alex, no sé si te habías dado cuenta, pero soy un poco viejo para este tipo de bromas, y creo que tú también ya estás bastante grande para estar jugando a las escondidillas.
Yo lo miro con los ojos entrecerrados y niego. Él suspira profundamente y empieza a caminar fuera del despacho. ¿Y ahora qué hace?
—¿A dónde vas?
—¿Acaso no es obvio? Supongo que no estás en tu habitación porque la mujer no se ha ido, así que iré a sacarla para que dejes de andar como alma en pena por toda la mansión.
Yo lo detengo antes de que dé otro paso, y ni siquiera sé por qué lo hago.
—No está bien, déjala que descanse un poco. Además, no he podido dormir. No sé qué sucede.
Él se cruza de brazos y me ve con una ceja alzada y una enorme sonrisa en sus labios.
—Creo que yo sí sé.
—Así que, a ver, señor inteligente, dígame qué es lo que sucede.
—Te has enamorado de esa chiquilla que te ha robado el sueño, y sabes que me preocupa.
Yo suelto una carcajada y empiezo a negar. Por supuesto que no, ¿cómo me voy a enamorar de una mujer con ese carácter de mil demonios? Es más, ni siquiera sé qué es el amor. ¿Cómo podría enamorarme de alguien tan insignificante que ni siquiera conozco?
—Ay, Leonel, creo que tienes razón. Ya eres bastante viejo, pero no eres idiota, así que sabes perfectamente que lo que dices no es verdad. Yo jamás me he enamorado, y tú lo sabes perfectamente. Creo que ni siquiera sé qué es esa palabra, o mejor dicho, ese sentimiento. Sé que suena tonto, pero no creo en el amor, ni en los finales felices, ni en las historias llenas de romance. Eso es para gente tonta y débil.
Él suspira, camina hacia quedar frente a mí y toma asiento. Entrelaza sus manos y me sonríe. Lo hace de una manera muy extraña; no sabría cómo describirlo.
—Tienes razón, jamás te has enamorado, pero sabes hace cuánto tiempo te conozco, Alex, por si se te ha olvidado. Desde que eras un escuincle que penaba por las calles junto a Tadeo. Y conozco tu historia. Sé que no te has enamorado, pero también sé que no eres un hombre malo. Simplemente, fuiste herido por la vida. Estoy completamente seguro de que algún día llegará una mujer que te robe el sueño, que des todo por ella y que ella dé todo por ti.
Yo me encojo de hombros, restando importancia, porque sé que no es verdad. Han pasado los años y esa mujer nunca ha llegado. Por el contrario, todas mis experiencias han sido solamente en la cama, nada importante.
—Ay, viejo, creo que debo agradecer que pienses que no soy una mala persona, pero tú y yo sabemos que no es así. No me toco el corazón cuando se trata de negocios, y cuando se trata de mujeres, sabes que lo único que necesito es su cuerpo y que por la mañana desaparezcan. Así que no lo creo, Leonel. Las personas solamente te ven con un propósito: sacarte todo el dinero que sea posible y después desaparecen. Así que olvídate de las estupideces que estás pensando. Mejor, ¿por qué no me dices si Michael y Marcos ya están en el asilo?
Él suspira y asiente. Se pone de pie y va hacia un archivero viejo que mantengo ahí con muchos documentos importantes. Algo tonto, con toda la tecnología que hay, pero esto me da más confianza. Saca un folder, se acerca a mí y me lo entrega. Yo lo miro confundido hasta que lo abro y ahí entiendo todo.
—¿Por qué tienes un archivo de esa chica?
Él se encoge de hombros como si no fuera realmente importante y me sonríe.
—No lo sé, simplemente pensé que sería importante, ya que le pediste a Ramos que la siguiera y te informara todo lo que hacía. Bueno, pues yo estuve investigando, y esa es toda su información. Parece que el chico que vino con ella es su hermano menor. Tiene dos más, pero hay uno en especial que, si ella aún no se da cuenta, pronto lo hará. Será su dolor de cabeza.
Yo empiezo a leer y Leonel tiene razón. El problema es que se está relacionando con personas que son bastante problemáticas. Pero una gran idea se ha venido a mi cabeza, y Leonel me puede ayudar.
—Llama al chico que vino, Alaric, creo que se llama. Dile que tengo una propuesta para él. Sé que le gustará, aunque no sé si su hermana piense igual.
Leonel me mira con los ojos entrecerrados y empieza a negar.
—¿Qué planeas?
Yo sonrío y me pongo de pie, paso por un lado de él y palmeo su espalda.
—Ya lo verás, ya lo verás. Ahora quiero descansar, así que ve y revisa si la mujer que estaba en mi habitación se ha marchado.
Él voltea los ojos con fastidio y sonríe. Sale del despacho mientras yo voy y guardo el folder en el archivero. Parece que esta chica no sabe los secretos que guarda su familia. Lo único que tengo que agradecer es que yo los conozco todos.
Había dormido poco después de que aquella mujer se fue. Traté de conciliar el sueño, pero fue imposible, así que decidí darme una ducha y bajar a desayunar, como era costumbre. Ni siquiera sabía cómo lo hacía. Leonel ya tenía todo listo. Estaba desayunando cuando él se acerca, carraspea y me dice:
—El joven Alaric ha llegado. ¿Quieres que lo pase a tu despacho?
Yo volteo y lo miro con el ceño fruncido. Vaya que es eficiente, tomo mi servilleta. Limpio mi boca, me pongo de pie y lo miro con una sonrisa en mi rostro.
—Supongo que su hermana no sabe absolutamente nada.
—Así es, ella no está enterada de nada. Parece que el chico se escapó antes de ir al colegio, así que no tiene mucho tiempo. Lo paso a tu despacho.
Yo asiento y empiezo a caminar hacia este. Cuando llego, me siento tras de mi escritorio, entrelazo mis manos encima de este. Cuando de pronto alguien toca la puerta.
—Adelante.
Él abre muy lentamente. Cuando por fin termina de entrar, hago una señal para que camine hacia mí. Se ve nervioso, incluso diría que con miedo, pero no lo puedo asegurar. Cuando se detiene, le ofrezco que tome asiento, pero él niega.
—Lo lamento, señor, no tengo mucho tiempo. Si no llego al colegio, mi hermana se dará cuenta y tendré problemas. Mejor, dígame qué quería hablar conmigo.
Cuando él dice que tendrá problemas con su hermana, yo sonrío. Vaya, parece que no soy el único que se impresiona con el carácter que tiene. Así que asiento y lo miro directo a los ojos.
—Está bien, como tú decidas, seré breve. Estás metido hasta el cuello en este problema. Supongo que no tienen el dinero para pagar, y no sé si estés enterado, pero tu hermano está aún más involucrado que tú. Tengo un trato para ti y para tu hermana, pero creo que te escuchará más a ti que a mí. Así que este es el trato.
Yo empiezo a decirle lo que quiero y parece que se ve bastante sorprendido. No sé si es una locura de mi parte, un capricho, o simplemente es querer demostrarle que a mí nadie me desafía. Sí, estoy completamente seguro de que eso es. Cuando termino de hablar, él suelta una risita nerviosa y niega.
—Señor, si soy sincero, no creo que mi hermana acepte. Ella es un poco, ¿cómo decirlo?, sobreprotectora. Si yo le propongo esto, estoy seguro de que me dará una patada en el trasero y me dirá que me he vuelto completamente loco.
Yo tomo un cigarrillo y lo enciendo. Doy una calada y me pongo de pie. Camino hacia el ventanal que da al jardín y veo la hermosa mañana. En esta vida, todo tiene un precio, y desgraciadamente tenemos que pagarlo. Este es el precio que ellos pagarán por haber entrado en un mundo que no es para ellos. Él se mantiene en silencio y yo también. Cuando me doy la vuelta, le sonrío.
—Esta es mi proposición: si tu hermana es una mujer inteligente, como estoy seguro que lo es, aceptará, porque también sé que no tiene un trabajo. Estoy enterado de toda su situación, así que trata de convencerla. Es lo mejor que pueden hacer. Además, ten en cuenta que si aceptan, no solo saldarán la deuda, sino que también ayudaré a pagar las cuotas en tu colegio. Ayudaré a sacar a tu hermano de este mundo que, por lo que me doy cuenta, no sabe lo peligroso que puede ser. Y, como cereza del pastel, tu hermana tendrá todo para que ustedes vivan cómodamente. Así que habla con ella. Espero una respuesta a más tardar a las 2 de la tarde del día de hoy. Si ella no se presenta o tú, haré de cuenta que se ha negado. Entonces daré órdenes para que mi deuda sea cobrada, y tú sabes que el usurero no perdona a nadie.
Cuando digo estas palabras, puedo ver cómo ha perdido completamente el color. Él cierra los ojos y asiente.
—Está bien, trataré de convencerla. Aunque, si soy sincero, no sé si acepte, pero puedo hacer otra proposición.
Yo me cruzo de brazos y lo miro algo confundido, pues no sé qué me pueda dar él que me interese.
—Adelante, dime qué se te ha ocurrido.
—Sinceramente, no sé si sea una buena idea, pero como usted ha dicho, la situación en la que nos encontramos no es la mejor. Soy un hombre inteligente, y a pesar de que mi hermana piensa que siempre seré su hermanito pequeño, también puedo tomar mis propias decisiones, aunque a veces no son las correctas. Pero esta es la más difícil, y quiero que sepa que lo hago por ella. Si ella no acepta, podría yo aceptar esa proposición, hacer lo que usted está pidiendo en lugar de ella.
Yo lo miro con los ojos muy abiertos, completamente sorprendido, y le sonrío al escuchar que él hace todo por ella. Ahora entiendo por qué ella daría su vida por sus hermanos. Se aman. Qué extraño sentimiento, pues eso hace que te sacrifiques por alguien más. Por eso sigo diciendo, y lo repito: yo jamás amaré a nadie. Le sonrío y asiento.
—Primero quiero ver qué decisión toma tu hermana. Después hablaremos de las segundas opciones. Ahora ve al colegio, que como bien dijiste, si no lo haces, te irá mal con ella. Anda.
Él se va y yo sonrío. A veces quisiera tener una familia, alguien que dé todo por ti, pero cuando veo situaciones como esta, me arrepiento completamente, pues ellos están sacrificando unos por los otros y yo jamás haría eso.