Capitulo 18

1876 Palabras
Alexandros Cuando llegué a mi habitación, estaba completamente exhausto, pero mientras me secaba el cabello, sonreía como un estúpido. Tenía que aceptar que me fascinaba que ella hubiera permanecido ahí desde el momento en que ingresé a la piscina. No entendía por qué, pero me gustaba que me viera. Estoy tan concentrado pensando en ella que ni siquiera me había dado cuenta de que mi teléfono estaba sonando. Cuando veo la pantalla, el nombre de Tadeo aparecer ahí. Yo solo volteo los ojos con fastidio, pero sé que si me está llamando a estas horas y después de lo que sucedió, es por algo importante, así que de inmediato contesto. —Dime. Él guarda silencio por un momento; se escucha cómo suspira hasta que empieza a hablar. —Tenía que cerrar un contrato mañana temprano en el casino con el viejo Aurelio, pero sabes que si me ve así, empieza a suponer lo peor. Así que me tomaré el día e iré a ver a mis hijos. ¿Podrías cerrar tú ese contrato? Necesito descansar unos días. El viejo Aurelio ni siquiera es tan viejo; simplemente le gustan las jovencitas, y eso es lo que odio de cerrar tratos con él. Pero también entiendo que el que Tadeo esté golpeado no da una buena imagen. El hombre, aparte de ser un rabo verde, es demasiado desconfiado y no quiero perder ese contrato. Así que yo pellizco el puente de mi nariz y le digo: —Está bien, supongo que tienes todo listo. —Sí, todo está listo. Le entregué la información a Ramos; él te entregará las carpetas. Y, por favor, no lleves a tu asistente, no quiero problemas. Cuando él dice esto, yo sonrío. —Sé perfectamente cómo hacer el trabajo. Parece que sigues olvidando que yo soy el jefe. Mejor ocúpate de tus hijos, tómate unos días y descansa. Ordena tus ideas, parece que te hace falta. —De acuerdo, cuando regrese te llamaré. Por cierto, ¿cuánto tiempo piensas dejar ahí a mis hijos? —El tiempo que sea necesario. No lo hago por mal, Tadeo, pero sabes que nosotros vendemos esa mercancía, más no la consumimos. Y eso ellos tienen que aprenderlo si piensas dejarles tu puesto el día de mañana o los piensas dejar en la calle. Sé que hemos hablado muchas veces de esto, pues el trabajo que tenemos es peligroso. Alguien simplemente se puede volver loco y matarnos a todos, pero a él no le gusta hablar de este tipo de cosas, así que simplemente me dice: —Hablaré con ellos, trataré de que esto no vuelva a suceder. Y no te preocupes, que ese chico que mandaste no le sucederá nada. Cuando él termina de decir esto, cuelga la llamada, pero esas últimas palabras no me gustan absolutamente nada. Lo conozco perfectamente, y si hay algo que tiene Tadeo es ser rencoroso. Así que le mando un mensaje a Leonel pidiéndole que le ponga guardias al hermano de Victoriana. No quiero que lo lastimen, pues no quiero que ella se moleste conmigo. Aún no entiendo por qué hago todo esto; jamás actué de esta manera. Solo espero que lo que estoy haciendo no me traiga consecuencias. Me meto a la cama y cierro los ojos, pero imágenes de mi pasado vienen a mi mente. Aquellos días fueron difíciles, sobre todo para Alicia, aquella chiquilla que se escapó junto a nosotros, pero que no pudimos mantener a salvo, y eso no me deja en paz. Me doy la vuelta de un lado a otro tratando de dormir un poco, pero cuando veo el reloj, ya son las 5 de la mañana, me doy cuenta de que es imposible descansar. Así que me rindo, me pongo de pie y camino hacia el vestidor. Coloco unos jeans negros, una camisa polo blanca y una chaqueta de cuero. Me veo en el espejo y sonrío; parece que este será un buen día, o al menos eso espero. Camino hacia la habitación de Victoriana, tomo el pomo de su puerta, pero de inmediato me detengo. Así que toco, pero nadie contesta. Lo hago otra vez, pero el mismo resultado. Volteo los ojos con fastidio y abro la puerta; no puedo esperar más tiempo, pues se hace tarde. Pero mi sorpresa es cuando escucho un gemido. Camino lentamente, pero ella está completamente dormida. Lo que me sorprende aún más es cuando de su boca sale mi nombre. —Dios, Alexandros, me vas a volver.... Quisiera quedarme de pie escuchando qué más sale de su linda boca, pero con esas simples palabras, mi m*****o empieza a despertar. Así que me acerco a ella y la despierto. —¡Victoriana! ¡Victoriana, despierta! Ella de inmediato abre los ojos, completamente sorprendida y bastante molesta. Me empieza a reclamar que ya habíamos hablado de nuestra privacidad, pero tengo que decir que a mí me interesa más lo que estaba soñando. Así que se lo hago saber. Obviamente, ella trata de hacerse la desentendida, pero sé que sabe perfectamente de qué le estoy hablando. Aunque no insisto más en el asunto, ya habrá oportunidad de averiguarlo. Y si es un sueño húmedo, como supongo, podríamos practicarlo. Así que simplemente le informo que Leonel le traerá alguna ropa para que se vista. La sorpresa que se llevará cuando salga de la habitación solo me hace sonreír y negar, pero Leonel ya está de pie ahí con mi encargo. Él me mira con los ojos entrecerrados y suspira. —Parece que no te cansas de molestarla, ¿cierto? ¿Ahora qué le hiciste? Yo me encojo de hombros y empiezo a negar. —Absolutamente nada. Simplemente se molestó porque entré a su habitación, pero no despertaba. Entrégale la ropa y, por favor, que de una vez por todas venga la modista. Ella no puede estar así, ¿entiendes? Leonel asiento. Yo me doy la vuelta y camino hacia mi despacho. Tomo mi maletín y coloco mi laptop. Escucho que alguien toca y con un: —Adelante. La puerta se abre y entra Ramos con una carpeta. Él me la entrega y, mientras yo guardo todo lo necesario en mi maletín, le pregunto: —¿Está todo listo? —Sí, señor, todo listo. —Después del casino, ¿hiciste la reserva para desayunar? —Así es, señor, el restaurante que a usted le gusta. Yo le sonrío y asiento. Saco mi arma de uno de los cajones de mi escritorio y la coloco en mi funda. Tomo mi maletín y camino hacia el comedor. Leonel tiene el desayuno listo, pero esta vez quiero ir con Victoriana a un restaurante que me encanta. Así que simplemente tomo un vaso de zumo de naranja. Cuando lo termino y lo coloco en la mesa, escucho cómo empieza a bajar las escaleras. Cuando volteo a verla, doy gracias a Dios que he terminado el jugo, pues estoy a punto de estallar en carcajadas, pero solo carraspeo y la miro a los ojos. —¿Estás lista? Ella empieza a negar y camina hacia mí, bastante molesta. —Te has vuelto loco. Me dijiste que me vistiera cómoda, pero ¿acaso soy una monja? ¿Qué se supone que es esto? Yo la miro de arriba a abajo y la miro confundido. —Mmm, según sé, un vestido, ¿o me equivoco? Ella coloca sus manos en la cintura y niega. —No, esto no es un vestido. ¿Acaso soy una maldita monja? Esta cosa es dos tallas más grande que yo, me queda enorme. Los botones llegan al cuello. No tengo idea a dónde vamos, pero obviamente prefiero irme en pijama que con esta cosa. Es horrible. Yo pellizco el puente de mi nariz. Sí, eso yo lo planeé, pero es lo mejor. El hombre que vamos a ver, estoy seguro de que de inmediato querrá algo con ella, y la verdad es que yo no quiero un enfrentamiento con él. Necesito cerrar este contrato, así que me doy la vuelta y empiezo a caminar hacia la puerta mientras ella se queda de pie, muy molesta. —No conozco de vestidos, pero se te ve bien. Y ya es tarde, así que no nos da tiempo a que te pongas nada más. Podríamos irnos, por favor. Un cliente nos está esperando y, obviamente, no lo podemos hacer esperar. Así que, ¡andando! —No estás loco si piensas que yo voy a salir de esta manera. Me veo completamente ridícula. El cliente puede esperar un poco. Solo iré, me colocaré el mismo traje de ayer y todo estará bien, ¿vale? Ella se da la vuelta, pero yo de inmediato la detengo. —No, no hay manera de perder más tiempo. Así que vamos. —¡Pues no iré! Dios mío, quisiera subirla a mi recámara y darle unos buenos azotes en su redondo trasero. De verdad, esta mujer es tan terca. Así que le entrego mi maletín a Ramos, que parece muy divertido con esta escena. Camino hacia ella y la tomo en mi hombro como un costal de papas. Si ella no va por su propio pie, pues yo la llevaré. Ni siquiera le doy tiempo a nada. Cuando ya está encima de mi hombro, ella pega un grito y empieza a golpear mi espalda y a patalear, pero obviamente soy mucho más fuerte que ella. —¡Alexandros, bájame! ¡Bájame ahora mismo! ¡Ya te dije que no iré contigo vestida de esta manera! ¡De verdad no puedo hacerlo, Alexandros, por Dios! Cuando por fin llegamos a la camioneta, obviamente ella no para de gritar. Ramos abre la puerta mientras yo la coloco en el asiento muy despacio para que no se golpee, pero cuando está frente a mí ella empieza a golpear mi pecho. Así que yo tomo sus manos y la acerco a mí. Estoy entre sus piernas. La verdad es que esto me lo imaginaba, pero no precisamente así. Ella me mira a los ojos y por fin deja de gritar. —Escucha, iremos a esta reunión. Cuando terminemos, te llevaré a comprar algo de ropa que sea de tu talla, ¿vale? Después iremos a desayunar. Ahora, pórtate bien, porque si no, te tomaré de nuevo en mi hombro, te llevaré a mi habitación, te quitaré ese vestido y te azotaré tan fuerte que todos en la mansión te escucharán gritar, ¿de acuerdo? Ella abre su boca y la cierra como un pez fuera del agua. De pronto asiente. Yo me hago hacia atrás y ella por fin guarda silencio. Cierro su puerta y volteo a ver a Ramos, que mantiene una sonrisa en su rostro. Lo miro con una ceja alzada y le digo: —Ni una palabra de esto a nadie. Sabes que no permito este tipo de comportamientos, ¿entiendes? —Por supuesto, señor, nadie lo sabrá. Yo vuelvo a poner los ojos en blanco con fastidio, porque esa es una total mentira. Para mañana, todo el mundo estará enterado de lo que acaba de suceder. Pero ahora lo que me preocupa es la reunión que tendremos con el viejo Aurelio. De verdad espero no tener problemas con él por Victoriana. Espero que ese estúpido vestido funcione para ese viejo verde.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR