Capitulo 16

1993 Palabras
Alexandros Estaba sentado en la sala de casa de Victoriana y frente a mí, un Tadeo de pie, muy molesto. Yo jugaba con mi arma mientras él seguía gritando, casi como un niño pequeño que no ha conseguido lo que quiere. Pero él tiene que entender que el rey aquí soy yo, así que tiene que acatar mis órdenes. No importa si no le gusta, tiene que hacerlo; si no, pagará las consecuencias. —¿Es que acaso te has vuelto loco? Me has dejado en completo ridículo frente a los guardas y al estúpido del usurero. ¿Por qué no me dejaste hacer lo que ya tenía planeado? Ellos lo merecían y lo sabes perfectamente. Han actuado mal, robaron nuestra mercancía y aun así no me dejaste hacer nada. Yo sigo jugando con mi arma y lo miro con fastidio. Me pongo de pie y suspiro. —Escúchame, tú eres como un hermano para mí. Sabes que te quiero y a tus hijos también los quiero. Aquí el problema es que tu posición de padre no te puede cegar. Ellos cometieron un error y yo no sé qué te dijeron Marcos y Michael, pero las cosas no pasaron de esa manera. Incluso el usurero te puede decir la verdad. Él se cruza de brazos y me mira con una sonrisa burlona y empieza a negar. —No creo que mis hijos sean capaces de mentirme y, por lo que puedo ver, no los quieres tanto, pues los pones por encima de cualquier persona, y más de personas que son unos ladrones. Yo pellizco el puente de mi nariz. De verdad, este hombre es tan ridículo y fastidioso. Empiezo a negar y sonrío como anteriormente él lo hizo. Coloco mi arma en mi funda, que está en mi cinturón, y lo miro directo a los ojos. —Te voy a decir una verdad que te dolerá hasta el alma. Sabes que yo no actúo precipitadamente, así que investigué. Lo investigué todo. Es cierto, el usurero le dio a ese chico una gran cantidad de drogas que el chico, para que su familia no se enterara de lo que hacía, lo dejó en tu casa. Y adivina qué hicieron tus hijos: consumieron toda esa droga en una fiesta que organizaron para todo el colegio. Se dieron al gusto de regalar toda la mercancía que ese chico había dejado en tu casa. Y aun así, esa chica que estuviste a punto de hacer la peor que un hombre pueda hacer, que si hay una regla en nuestra organización es no tocar a las mujeres, y lo sabes perfectamente. Aun así, ella decidió pagar la deuda. Es mi asistente personal y tú estuviste a punto de abusar de ella. Tadeo, como te dije, eres como un hermano, pero si por las estupideces de tus hijos sigues rompiendo las reglas y haciendo estupideces, te meteré una bala en la cabeza y no me tentará el corazón. ¿Escuchaste? Él me mira furioso. Lo conozco perfectamente y sé que no cree lo que le estoy diciendo, pero jamás le mentiría con algo así. Veo cómo sus manos se hacen puño y yo simplemente le sonrío. Me doy la vuelta y estoy a punto de dar el primer paso cuando él me dice: —Jajaja, valiente rey, ¿por qué no mejor aceptas que esa zorra te abrió las piernas y te convenció para que protejas a su familia? Y a nosotros, que hemos estado contigo, nos has dejado de lado. Acéptalo, acepta que esa mujer te ha vuelto completamente loco. Hubiera sido interesante probarla yo también para ver si sus encantos funcionan conmigo y me olvido de mi familia como tú lo has hecho. Ni siquiera lo dejo terminar de hablar. Saco mi arma y con la cacha de esta le doy un golpe tan fuerte que va a parar al suelo. Él me mira con odio mientras escupe la sangre que sale por su boca. Coloco el cañón de mi arma en su cabeza mientras me coloco a su altura. —En algo tienes razón: soy el rey y si no quieres perder la vida en este momento, vas a respetar cada una de mis decisiones. ¿Entiendes? Así que de ahora en adelante dejarás en paz a la familia de esa muchacha. No te quiero ver cerca de ellos porque esto solo es una advertencia. Y respecto a tus hijos, tienes que mantenerlos alejados del muchacho que acabo de mandar al asilo, porque si sé que le hacen algo, yo lo voy a cobrar y no me importa lo que tú digas. ¿Acaso se te ha olvidado que desde hace muchos años no tengo corazón? Y respecto a la chica, te equivocas completamente. Entre ella y yo no ha pasado nada, simplemente cada quien paga lo que le corresponde y sabes que siempre he sido justo. Así que ya sabes, déjate de tonterías y ponte a trabajar, que para eso te pago. Yo me pongo de pie y él de inmediato hace lo mismo. Sé que está furioso, pero no me interesa. Camino fuera de esa casa. Cuando llego hasta donde se encuentran todas las camionetas, el usurero camina de un lado para otro. Cuando me ve, trata de acercarse a mí, pero yo me alejo. Él me llama, pero yo no me detengo. —Señor Lombardo, señor Lombardo, ¿podemos hablar, por favor? Creo que ha habido un malentendido con el señor Tadeo. Él solo me preguntó por la mercancía. Yo le dije lo que había sucedido, solo... Volteo y lo miro con una ceja alzada y le sonrío. —Solo omitiste un pequeño detalle: que sus hijos eran los que habían perdido esa mercancía, ¿cierto? En este negocio no se deben echar culpas ajenas porque todo tiene consecuencias y esto ha sido consecuencia de tus actos. Ten cuidado, usurero, recuerda que estás en ese puesto por mí y a la hora que quiera quitarte, solo te desaparezco como la vil rata que eres. Él se queda con la boca abierta mientras yo subo a la camioneta. Cuando lo hago, le doy órdenes al chofer de llevarme a la mansión y él de inmediato lo hace. Tardamos poco en llegar y apenas se estaciona frente a las enormes puertas. Bajo de esta, camino a paso rápido, pero antes de subir a las escaleras, Leonel ya está de pie ahí y cuando me ve, suspira. Yo vuelvo los ojos con fastidio y niego. —Antes de que digas cualquier cosa, mejor ahorrárte lo. Eres la persona menos indicada para decir algo. —Solo no seas tan dura con ella. Sé que hizo mal y estuvo en peligro, pero como te dije hace un rato, tienes que entenderla. Es su familia. Yo no le digo nada más y por fin empiezo a subir las escaleras. Cuando llego a su habitación, tomo el pomo de la puerta, pero antes de abrirla, tomo una respiración para tratar de controlar mi enojo, aunque tengo que reconocer que no funciona. Así que, sin pensarlo dos veces, abro la puerta y la sorpresa que me llevo tengo que decir que funciona perfectamente para olvidarme de todo, pues ya ni siquiera recuerdo a qué venía. Ella me mira directamente a los ojos, está completamente en shock, pero cuando mi mirada baja hacia su cuerpo ya desnudo, de inmediato se agacha y recoge la toalla. Yo muerdo mi labio, pues tengo que reconocer que tiene un hermoso y maravilloso cuerpo. Ella abre sus ojos sorprendida y de inmediato empieza a gritar. —¿Qué diablos te pasa? ¿Por qué entras de esa manera? En serio, ¿tú no conoces la privacidad en ningún sentido? Primero mi teléfono y ahora la habitación. Sé que es tu casa, pero deberías de respetar un poco. Yo doy un paso hacia ella y ella da uno hacia atrás. Vuelvo a acercarme y ella intenta alejarse, pero cae sentada en su cama. Cuando por fin estoy tan cerca, ella levanta su rostro. Yo me agacho un poco hasta quedar con muy poco espacio entre los dos. Puedo ver cómo su piel se eriza tan solo con tenerme cerca, así que sé perfectamente que mi acercamiento algo produce en ella. Yo acaricio su hombro con la yema de mis dedos y puedo notar lo suave de su piel. Juro por Dios que en estos momentos quisiera lanzarme encima de ella y hacerla mía, pero es imposible. Así que suspiro, me pongo de pie y me doy la vuelta, coloco mis manos en la cintura y me concentro en reprenderla. —Creo que el único que debería estar molesto en estos momentos soy yo. Primero desobedeciste y utilizaste tu teléfono cuando lo tenías completamente prohibido. Después te pedí que te quedaras en la habitación y saliste de esta, interrumpiendo un momento íntimo. Y por último, y más importante, saliste de la mansión cuando era lo último que podías hacer. ¿Y tú quieres que respete tu privacidad cuando tú no me respetas? Cuando me doy la vuelta, ella se encuentra con una pequeña pijama. Yo sonrío de lado y niego. —Qué pena, tengo que reconocer que me gustabas más sin nada encima, pero en fin, no puedo exigir tanto. Ella voltea los ojos con fastidio y se cruza de brazos. Eso hace que su seno se vea mucho más, así que mi mirada va directamente a su pecho. Dios, de verdad, esta mujer es una tentación, pero sin que yo me lo espere, se acerca a mí, me toma por la barbilla y levanta mi rostro. —Mis ojos están arriba, en mi rostro, no en mis senos. Y si quieres saber por qué salí de la mansión, es porque mi familia estaba en peligro. Y no me refiero al loco ese que parece que te conoce perfectamente, me refiero a mi propio hermano. No podía dejar que lastimara a mi madre ni a mis hermanos. ¿Qué podía hacer si tú me tienes como prisionera en este lugar? Y además, esto lo empezaste tú. Jamás debiste ver mi teléfono. El que trabaje para ti y que vivamos en la misma casa no significa que no tenga privacidad. Si estoy aquí es porque mi familia me necesita y si ellos me llaman para pedir ayuda, obviamente iré corriendo. Así que castígame todo lo que quieras, pero eso no va a cambiar. Yo pellizco el puente de mi nariz y asiento. Dios, jamás había cedido a las exigencias de una mujer. Jamás había perdonado que desobedeciera y, justamente ahora, no sé qué sucede conmigo y esta chica me está haciendo algo, pero aún no entiendo qué. —Está bien, tengo que reconocer que haber tomado tu teléfono fue una muy mala idea y entiendo perfectamente que quieras ayudar a tu familia, pero poniéndote en peligro no lo vas a lograr. ¿Por qué no viniste y me dijiste lo que estaba sucediendo? Pero ya no vamos a pelear más por este asunto. Me dijo Leonel que te entregó el teléfono, así que puedes estar en contacto con tu familia. Tu hermano fue llevado al asilo. Por el momento no podrás verlo. Dale tiempo a que se desintoxique un poco, pero no voy a volver a consentir que salgas sin habérmelo dicho. Por ahora no haré nada, pero créeme que la próxima habrá un castigo muy severo. Yo me doy la vuelta y tengo que salir de aquí porque, si no, juro por Dios que cometeré una locura. Ella solamente se queda con la boca abierta, sin decir absolutamente nada más. Yo salgo de la mansión y camino hacia el área de la piscina. Como si fuera un completo desquiciado, empiezo a quitar mi ropa. Apenas me acerco un poco a la piscina y me lanzo en ella. Necesito agua muy helada, demasiado; mi cuerpo arde y sé que es por ella. Dios, esta chica, ¿qué está haciendo?
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