Capitulo 13

1926 Palabras
Victoriana Estaba sentada en la terraza de mi habitación. Parece que este será mi lugar favorito mientras permanezca aquí. Pido a Dios que no sea por mucho tiempo. Salgo de mis pensamientos cuando los enormes portones se abren y un coche que jamás había visto entra. El chofer se detiene frente a las enormes puertas de la mansión y una mujer que juro por Dios que es tan parecida a mí baja del coche. Incluso podría jurar que lleva la misma ropa que justo llevaba yo en la mañana. Sacudo mi cabeza y sonrío; definitivamente estar encerrada en este lugar ya me provoca ver alucinaciones, así que simplemente sonrío como si de verdad me estuviera volviendo loca. Niego y de inmediato limpio mis lágrimas, pero justo en ese momento alguien toca a mi puerta. Así que, de inmediato, me pongo de pie y camino hacia ella. Cuando la abro, el señor Leonel está con una bandeja en sus manos y esto parece mi comida, al menos si planea alimentarme. —Buenas tardes, señorita. Le he traído su comida. Él camina hacia la mesita de noche y la coloca ahí, pero cuando se da la vuelta, tiene un teléfono en sus manos. Yo lo miro confundida, pero él lo extiende; se ve algo avergonzado. Yo lo tomo entre mis manos y niego. —Lo lamento, señor Leonel, pero no entiendo. Este teléfono no es mío. Él agacha la cabeza y asiente. Cuando me mira a los ojos, suspira. —Lo sé, señorita. Solo que ayer yo estropeé su teléfono. El señor Lombardo lo tenía en sus manos cuando yo lo golpeé con la puerta y se estrelló, sin la posibilidad de que vuelva a funcionar. De verdad lo lamento, no era mi intención. Él se da la vuelta y me muestra mi teléfono, y efectivamente está estropeado. Yo suspiro con resignación, pero le entrego el teléfono nuevo y empiezo a negar. —No se preocupe, señor Leonel. Sé que no fue con intención, pero no puedo aceptar este teléfono. Ya le debo suficiente al señor Lombardo como para agregarle algo más, y sobre todo cuando es un teléfono muy caro. No se preocupe, estaré bien sin él. Él insiste en entregármelo y la verdad es que no entiendo por qué, hasta que me dice. —Es importante que lo tenga. No estoy completamente seguro porque yo no vi su teléfono, pero creo que su hermano mandó un mensaje. Algo está pasando en su casa, pero solamente el señor Lombardo sabe de qué se trata. Yo lo tomo y lo pego a mi pecho. Lo miro con una ceja alzada, algo molesta, y le sonrío. —¿Me está queriendo decir que su jefe revisó mi teléfono? Él abre los ojos muy grandes y empieza a negar, pero yo ni siquiera le doy tiempo de que me explique. Doy la vuelta y empiezo a bajar las escaleras mientras él viene llamándome, pidiendo que me detenga, pero obviamente eso no sucederá. Cuando estoy de pie frente a la enorme puerta del despacho, de inmediato toco, pues no pienso entrar después de lo que sucedió la vez anterior. Pero de inmediato me detengo cuando escucho unos gemidos que casi parecen gritos, y lo más extraño es que escucho mi nombre. No, definitivamente me estoy volviendo loca. Volteo a ver a Leonel y él suspira un poco nervioso. —Señorita, el señor Lombardo está ocupado. ¿Por qué no va a su habitación? Y cuando él termine, yo le informaré que usted lo está buscando. Si él la encuentra aquí de pie frente a su despacho, créame que nos irá mal a los dos. Por favor, ¿podría hacer eso por mí? Yo volteo los ojos con fastidio y le sonrío. Me acerco mucho a él y susurro. —Usted me miente, porque estoy muy segura de que ese hombre no le hará nada. Pero está bien, soy una buena persona y no lo pondré en peligro, pero ese hombre me debe muchas explicaciones y usted lo sabe. Él me ve sorprendido y asiente. Me doy la vuelta, pero justo estoy a punto de dar el primer paso cuando se abre la puerta. Yo de inmediato me detengo, tomo una respiración y me doy la vuelta, pero cuando veo lo que está frente a mí, mi mandíbula casi cae al suelo. Ella, con una hermosa sonrisa en su rostro, acomodando su cabello, me mira de arriba a abajo y yo alzo una ceja y doy un paso hacia ella, extiendo mi mano y le digo. —Dios mío, pero ¿quién eres? Ella me mira con desprecio y, obviamente, no devuelve el saludo, pero eso ya lo esperaba. Quería gritarle que era una copia barata, pero no podía ser tan grosera, aunque después me arrepentí cuando ella me contesta. —No, tú, ¿quién eres? Porque yo, de ahora en adelante, seré la reina. Yo volteo a ver a Alexandros, que se ha colocado de pie a su lado con el ceño fruncido. Se ve molesto, pero yo no puedo detenerme y empiezo a reír a carcajadas. Trato de controlar mi risa, pero es imposible, hasta que ella me da una bofetada. Definitivamente eso sí no me lo esperaba, pero por muy reina que sea, a mí nadie me pega. Así que doy un paso hacia ella, pues pienso darle su merecido, cuando siento como alguien me toma de la cintura y me lleva dentro del despacho. Solo escucho que dice. —Leonel, saca a esta loca de aquí y no la quiero volver a ver en mi vida. Yo no dejo de moverme para que me suelte, pero obviamente él es enorme y mucho, mucho más fuerte que yo. Así que me guía hacia el escritorio y, como si fuera una niña pequeña, me coloca ahí sentada. Yo trato de bajarme de este, pero obviamente no me deja hacerlo, así que simplemente lo empujo y levanto mi mano para que se mantenga alejado. —No te me acerques, por favor. Él se para frente a mí con las manos en la cintura y juega con su cabello. —Pues deja de comportarte como una loca. Yo abro la boca completamente sorprendida. ¿Ahora yo soy la loca? —Discúlpame. Él suspira y empieza a negar. —No sé si pueda hacerlo. Yo me bajo del escritorio y me cruzo de brazos, completamente confundida. —¿Perdón? ¿De qué estás hablando? —Sí, ya te dije que no sé si pueda perdonarte por lo que acaba de suceder. Yo doy un paso hacia él y golpeo su pecho con mi dedo índice. —Eres un completo idiota. No me estaba disculpando contigo por algo que ella hizo. Pero, ¿acaso no te diste cuenta de que tu copia barata me abofeteó? ¿Acaso querías que la abrazara y le hablara con cariño cuando ella actuó de esa manera? De verdad que te has vuelto completamente loco, Alexandros. Yo empiezo a caminar por un lado de él para salir de este lugar. Mierda y más mierda es lo que llega a mi vida. Dios, estoy a punto de llegar a la puerta cuando me toma del brazo y me jala hacia él. Mi rostro se golpea con su pecho y, Dios, eso ha dolido. Yo levanto mi rostro y él me mira directo a los ojos. No me había dado cuenta de que sus ojos son muy lindos, aunque eso ahorita no importa. —Definitivamente eres un grandísimo idiota. Ahora, ¿qué quieres? ¿Por qué me detienes? —¿A qué has venido? Porque si no mal recuerdo, te pedí que te quedaras en tu habitación y me doy cuenta de que no lo has hecho. Debes aprender a obedecer órdenes. Entonces recuerdo por qué estaba afuera del despacho y justo esto era lo que me faltaba. —Si tú aprendieras a respetar la privacidad de las personas, nada de esto estuviera pasando. Si estaba fuera de tu despacho era para entregarte el estúpido celular que me mandaste después de estar revisando el mío. Entiende una cosa: tenemos un contrato, sí, pero tienes que respetar mi vida privada. Eso no te concierne. Y otra cosa: deberías controlar a tu futura reina, porque si ella y yo nos volvemos a ver, algo malo pasará, créeme. Yo me doy la vuelta para por fin largarme de este lugar, pero lo que me dice hace que me detenga. —¿Acaso estás celosa? Porque si es así, no tendrías por qué... Ni siquiera lo dejé terminar de hablar. Me doy la vuelta y lo miro con una ceja alzada. —¿Celosa yo? Jaja, ¿de qué? ¿De ti? Por favor, por el contrario, creo que debería sentirme halagada de que buscaras una copia barata de mí. Yo le sonrío y él se ha puesto rojo. No sé si de coraje o de vergüenza. Por favor, era más que obvio que esa mujer vestía, peinaba y calzaba igual que yo. Él da un paso hacia mí y está muy cerca de mi rostro, que puedo sentir su aliento golpearme. Muerde su labio y alza una ceja. —Pues para hacer una copia barata, hace muy bien su trabajo. No me quiero imaginar qué también haría la original. Yo hago cara de asco. De verdad, ¿me está diciendo esto? Definitivamente este hombre está loco. Así que, sin que lo espere, de inmediato me doy la vuelta y salgo corriendo del despacho. Él suelta una carcajada. Cuando estoy a punto de subir a la habitación, el señor Leonel está al pie de la escalera y de inmediato me entrega el teléfono que anteriormente ni siquiera me había dado cuenta de que había tirado por accidente. Gracias a Dios, a este no le sucedió nada. Yo lo miro bastante molesta y me detengo, pensando si sería buena idea ir y golpearle la cabeza con él, pero no. En estos momentos estoy segura de que no es una buena idea. Así que simplemente camino hacia mi habitación. Cuando ingreso, de inmediato me lanzo a la cama, tomo una almohada y grito como loca. Este hombre es desesperante y está completamente loco, aunque tengo que admitir que cuando coquetea es tan lindo. No, no puedo pensar eso. Él no es lindo en ningún sentido. No, definitivamente el encierro me está volviendo loca. Y justo recuerdo mi teléfono, así que de inmediato lo enciendo y es verdad: un montón de mensajes de Alaric. —Tri, tenemos que hacer algo. Jason está mal. —Jason está mal y trató de golpear a mamá porque no quiso darle dinero. —En el momento en que te puedas comunicar con nosotros, por favor hazlo. La casa está hecha un desastre sin ti. Un mensaje de mi madre. —Triana, hija, yo sé que estás trabajando muy duro, pero necesito que me ayudes a conseguir un lugar donde puedan ayudarle a tu hermano. Está muy mal, se descontroló y trató de agredirme. Gracias a Jared y a Alaric no lo logró, pero tengo miedo de que incluso a ellos les pueda hacer daño. Por favor, comunícate a casa. No, no, no. Esto no puede estar pasando. Tengo que ir a casa, ¿pero como? Leonel, si él me tiene que ayudar, porque yo ni loca le digo al rey que me deje salir. Con lo que sucedió, sé que no lo hará, pero jamás me imaginé que él haber salido sin su permiso tendría consecuencias muy grandes. Y vaya que consecuencias.
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