La alarma sonó poco antes de las cinco y treinta, me alisté y me fui a la mansión Goldman en la Yamaha. Pasadas las seis, ya estaba en la redoma del jardín principal. Saludé a Alek con total normalidad, como si ese pasillo no hubiese sido testigo de su reprimenda hacia mí. Le dije que bajara y se quedara hablando con Sara todo lo que quisiera, se lo debía y él, con su sonrisa y sus gestos sardónicos, bajó las escaleras lanzándome besos y saludando como miss universo. El matrimonio Goldman salió de su habitación y los saludé con entusiasmo hasta acompañarlos al piso inferior, y en mi afán de empezar el día con buenas acciones o buenos errores, no demoré más en comenzar. —Señor Geralt, quisiera preguntarle algo... O más bien, hacerle una propuesta. —Claro, Nyko. Cuéntame —respondió de bue

