A la mañana siguiente salí muy temprano de la mansión Goldman. La noche anterior, hablé con el señor Geralt y le pedí un permiso con la excusa de hacer diligencias. No tuvo inconvenientes en dármelo, y Alekséi ni preguntó el motivo oculto de mi salida. Esa mañana fui a mi casa y quise retomar lo que me ayudaba a mantener la estabilidad mental y la salud física. Armado con tenis, bermuda y sudadera, salí a correr como si mi vida dependiera de ello. Y la verdad, en ese momento, dejaba de ser una metáfora para convertirse en la realidad. No me sentía mal conmigo mismo por tener una confusión entre el trato amistoso y sarcástico que mantenía con la hija de mi jefe y los raros sentimientos que despertaba en mí cuando su figura estaba cerca, pero sí me afectaba el entender que ella era casi una

