La mañana siguiente fuimos al aeropuerto. Amy estaba ansiosa. Miraba las pantallas con la información de los vuelos entrantes y chequeaba su celular; yo, preocupado. Y es que Geralt no había irrumpido en nuestras vidas en lo que iba de horas y me sentía a la expectativa, y Hayter ya estaba al tanto de la situación. —¿Que hiciste qué? —gruñó en el teléfono. —Le di un cascazo —repetí. —¿Y se lo diste porque golpeó a su hija? —Sí. Venganza y ya. —Hedderich… un año y llevas dos incidentes. —El primero fue justificado y resuelto. Esto es diferente, la cagué ¿okey? Pero es que, coño, Hayter, entiéndeme. —¿Tienes algo con la hija? —Sí, tengo algo con su hija. Pero eso es lo de menos. —¡Mierda! Hedderich… Qué haré contigo. Resopló varias veces y me atreví a hablar: —Cualquier cosa men

