Capítulo 33.

1756 Palabras

Una semana después, la ciudad se había transformado en un laberinto de luces de neón y de sombras, un remolino de sonidos que se superponían con el eco de mi corazón, latiendo con una urgencia que no tenía nada que ver con el miedo, sino con la anticipación. La mentira que le había contado a Beatriz, una simple y patética excusa de una “reunión de la armada”, se había deslizado de mis labios con una facilidad que me asustó, un recordatorio de que mi doble vida se había vuelto mi única realidad. Ella me había creído, sin una sola duda, y su mirada, llena de una confianza tan pura y tan inocente, me hizo sentir aún más sucio, aún más digno de desprecio. Me dirigí a mi auto, el motor rugiendo con un sonido grave que se mezclaba con el eco de mi corazón, latiendo con una urgencia que no tenía

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