Capítulo 34.

1984 Palabras

El sol de la mañana se colaba por las cortinas de mi habitación, un intruso brillante que se sentía como una burla a la oscuridad que todavía habitaba en mi alma. El olor a sexo y a sándalo impregnaba las sábanas de seda, un aroma que para mí era sinónimo de una felicidad tan cruda que me hacía temblar. El recuerdo de la noche anterior, una sinfonía de luz roja, de cuerpos que se movían en una coreografía sensual, de un amor tan puro y tan verdadero que se sentía como una revelación, me invadió con una fuerza abrumadora. Beatriz, que dormía a mi lado, su respiración un murmullo suave y constante, me pareció un fantasma de la vida que había dejado atrás. El peso del secreto que llevaba en mi corazón se sentía como una carga insoportable, la alegría de haber encontrado a Fabián, un peso que

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