Salomón, el chofer, había atendido de inmediato la llamada de Ahinoa, quedó expectante cuando le respondió, agudizó el oído y escuchó perfectamente a un automóvil acelerando más un golpe seco seguido de un quejido apagado, cerró la llamada para comunicarse con Theodore y ponerlo al tanto de lo sucedido, estaba seguro de que Ahinoa había sufrido algún daño que le impidió hablar. –Dime Salomón, sé breve por favor, estoy en una reunión muy importante. –Estoy seguro de que Ahinoa sufrió un accidente. –¿Estás seguro?, rastréala, voy bajando –expresó alterado. Theodore terminó la reunión abruptamente, dejó a todos extrañados, porque no podían creer esa actitud en el CEO implacable que no admitía ninguna interrupción en sus presentaciones. Ya su chofer lo esperaba con la puerta trasera abier

