Capítulo 30. Tú ¿quién eres?

1000 Palabras
DAREN ASTARTÉ SOLÍS —Sí, papá y mamá la hicieron para nosotros. Es compartida, pero verás que es muy hermosa. Freya quien dice eso, toma de mí y sube cuidadosamente las escaleras del segundo piso junto conmigo, al llegar al fondo del pasillo Freya abre la puerta de color chocolate. Y al entrar se puede observar literalmente una habitación infantil compartida con zona de juegos. En el centro se observaba una mesa y dos sillas para poder dibujar o colorear incluso había dos jugueteros uno claramente para niña y el otro para niño, aunque no viviera ahí, parecía que sí, aunque no tuviera conocimiento del lugar, se podía notar mis gustos reflejados y combinados con los de Freya. —Aunque no seamos hijos de la misma Madre, podemos ser una misma familia. —Dijo Freya serena— Mi mamá y nuestro papá compraron todo para ti y para mí. Freya quien voltea a verme se queda sorprendida al verme llorar, sabía que esto estaba mal, en mí madre era en lo único que podía pensar; Freya se me acerca rápidamente y me consolaba como podía, pues entiendo que no comprendía la razón por la que entre en ese estado, tal vez, se preguntaba ¿qué había hecho mal? —Daren ¿por qué lloras? —Cuestiono realmente preocupada. —No pensé que mi papá en verdad me quisiera. —Mentí tras esos sollozos. Papá no me quería, era algo que tenía claro; estas mujeres eran la prueba de ello, las cosas de esta habitación no eran para mí, lo podía distinguir, esto podría ser una tortura disfrazada de felicidad. Soy un niño, sin embargo, mi padre sabe que no es así, si no tengo los suficientes colores y juguetes en mi hogar no es por ella, es por él, siempre repitiendo constantemente "no eres un niño y no lo serás". —¿Por qué dices eso? Papá nos ama. —Expreso Freya desconcertada a lo que está enseguida me menciono— Ya vuelvo. FENDER ASTARTÉ Se escuchan unos pasos pequeños bajando rápidamente las escaleras, enseguida estos llegan a la cocina donde me encontraba con Flor. Mi pequeña llega sin aliento y apunta con miedo hacia las escaleras con su manita. —Papá tonto —Expreso mi hija molesta—, has hecho que Daren piense lo peor. Confundido por lo que dice mi hija, pregunto con calma y sumo desconcierto. Sé que Daren no se comportaría de manera inadecuada por cosas insignificantes, menos si ya ha encontrado un hogar estable, el cual he construido con esfuerzo y dedicación. —¿Qué pasa con Daren? —Está llorando, por algo que no entiendo. Al oír eso, subo tan rápido como puedo las escaleras, por lo cual, puedo escuchar un poco que Freya intentando seguirme para estar ahí junto a Daren, no obstante, distingo de reojo a Flor detenerla con un abrazo. —Alto ahí. —Ordeno su madre. —Pero mamá, Daren está llorando. —Él y papá, necesitan hablar, solitos. —Después le susurro al oído algo. En lo que llegaba, un choque de realidad inundo mis pensamientos. Daren vive diferente ha ellas, siempre me he dado cuenta de que él se ha sentido solo en nuestra mansión. Nunca me di el tiempo de arreglar las cosas con él, de hablar por qué mi indiferencia y también la causa de porque no he tomado mi rol como padre. Al cruzar el marco de la puerta puedo divisarlo sentado en el suelo sollozando, voy directo ha abrazarlo y recuerdo la calidez una que había abandonado desde hace tiempo. Daren me toma con aferró, repite y vuelve a repetir con fuerza algo que me hiere y le hiere. —Papá, tú nunca me quisiste, tú nunca me has amado, tú fuiste malo conmigo junto con mamá, pero a ella la entiendo, sin embargo tú..., ¿por qué? —Hecho en cara aun sollozando con voz completamente quebrada. —Yo no te odio —Confesé tratando de calmar a mi hijo entre brazos—, yo te quiero. Daren quien se niega a mirarme, deja salir todo lo que siente fuerte y claro, sin parar de llorar, cómo si yo fuese el malvado y su madre no. —Mentiroso, ¡eres un mentiroso! —Dijo este tratando de separarse del aferró que nos mantenía cerca, no obstante, al no lograrlo alza su vocecita— Suéltame, ya no te quiero. —Daren cálmate —Expresé dolido—, ¡vamos mírame! Daren quien por fin sede, logra ver como yo igual estaba lagrimeando, ambos lucíamos terriblemente mal, uno dolido y el pequeño destrozado. —Daren, soy un padre horrible. —Dije mientras cargaba de mi pequeño—, sé que no me perdonaras, el daño que te causo y la sobrecarga a la que te veré obligado a tener. Lo lamento, sin embargo, no hay nada que pueda hacer para evitarlo. El me miró con mucho sufrimiento interno, no dijo nada, lo coloqué en la camita que había comprado para él y lo recosté, lo acompañé y no me aparte. —Se que aún no me entenderás, por qué eres pequeño —acaricie su cabello—, enójate conmigo, repróchame lo que quieras, pero no me odies. Mi pequeño que no dejaba de lagrimear, enseguida me da la espalda; al recibir tal acto, me es imposible sentir una fuerte opresión en el pecho, me niego a dejarlo en ese estado. Si él me suelta, abre perdido todo y ganado nada. —Tú no eres mi papá —Comento Daren, causando más aflicción en mi corazón, pero él no se detuvo—, Mi padre no me mira, no me abrazaba y mucho menos me compra juguetes o decora con sus propias manos mi habitación. Tú eres otro, tú no eres tú. —Daren... —¿Tú quién eres? — ¿Qué quién soy yo?, soy tu padre Daren. —Mi padre es alguien que no conozco ahora, me quieres aquí y me niegas allá.
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