FENDER ASTARTÉ
Daren me desafío con la mirada y agrego una interrogante que causo un hueco en mi corazón, es el vivido recordatorio de que traicione a mi hijo como mi padre lo hizo conmigo, o peor, porque tuve un padre que me abandono y que después de que se enterara de lo que había logrado regreso, a diferencia de mí, que me tiene presente y aun así lo deje sin mi ausencia. Seré el peor de su vida, pero no el ultimo que haga de ella una miseria.
—¿crees que no noto las diferencias?
—Daren.
—Papá, ¿por qué Freya es feliz contigo y yo no?
—Yo... —Era consciente del trato de ambos pequeños.
Freya no tiene un padre que permanezca a su lado y lo refuerzo dándole atención, amor y cariño incondicional, mientras que Daren me tiene a su lado, no obstante, soy un padre que es incapaz de darle la atención y el afecto que él también merece.
—Solo llévame de vuelta a casa. —Ordenó mi pequeño quitándose las lágrimas que no paraban de brotar.
—Está también es tu casa, Daren. —Musite abatido.
—No lo es, esa señora no es mi madre, mi madre se llama Diane Solís Barrera y la hermana que conocí... —Daren molesto se quita de encima mis brazos y con disgusto notorio en su mirada cambiante termina por decir frío y directo—, no me integres a un lugar al que no pertenezco. Solo sácame de aquí.
Sin más insistencia acato lo que el pequeño pide y me lo llevo en brazos. Al bajar los escalones, observó a mi amante e hija al pie de las escaleras con preocupación, con una mirada a Flor le doy una negación apartando a nuestra pequeña del camino.
Freya quien se hace a un lado junto a su madre empieza a lagrimear, era imposible entender lo que estaba pasando y lo entiendo. Está quien va detrás de nosotros logra apreciar en la mirada de Daren, a un niño destrozado y molesto, como si aquel acontecimiento fuese un detonante a una realidad de la que estaba oculto, o más bien, un sitio al que no se visualiza pertenecer.
Abro la puerta de la entrada con una sola mano, me despido de mi hija y mujer con una mirada sensible, ambas se quedan atrás cuando fuertemente cierro la puerta. Después de un rato, abro la puerta del auto lateral izquierdo del copiloto, coloco al pequeño y abrocho su cinturón de seguridad, enseguida voy hacia el asiento piloto, soltando un suspiro.
DIANE SOLÍS BARRERA
—Hija mía. —Menciono mi madre y cuestiono— ¿por qué no han llegado mi yerno y nieto?
—Madre, déjalos ser y disfrutarse como padre e hijo. —Dije forzadamente porque hasta yo misma, dudaba de la situación.
—Pero mira la hora que es, es casi la hora de la cena. —Insistió con preocupación— Algo anda mal.
—Oh, vamos madre ¿por qué piensas lo peor siempre? —Trate de tranquilizarla y tranquilizarme.
No es como si mi madre fuera una adivina, pero cada que dice algo como eso, acierta; me lo advirtió tantas veces como pudo cuando tome una gran decisión que cambiaría mi vida por completo, había abandonado lo que quería por algo que deseaba y el costo fue tan grande que fui limitada a ello.
—Tengo una intuición indiscutible. —Confirmo.
—Tú y tus cosas, solo te gusta exagerar, ya verás que... —entra un sirviente repentinamente a lo que esté de inmediato pide disculpas.
— ¿Qué sucede? —preguntó mi madre a su sirviente.
—Es una llamada para la señora Diane de su esposo.
— ¿Para mí?
El sirviente asintió, todo parecía estar yendo como mi madre decía; enseguida me levante y fui en dirección a el teléfono, sabía que mi madre no se quedaría con dudas y me siguió para escuchar un poco de la conversación y ver mi reacción.
— ¿Fender qué sucede? —Palidecí de repente a lo que preocupe a mi madre aún más, la altere sin motivo grave, así que con una mirada le señale que no es nada grave—, bien te veo en la mansión.
— ¿En la mansión? ¿No llegarán? —Bombardeo aquella de preguntas.
—No. —Respondí, tratando de ocultar mi disgusto— Por favor haz que uno de tus choferes me lleve a la mansión. Luego vendré a contarte con más detalle lo ocurrido.
—Bien con cuidado, llámame cuando llegues.
Al salir de la mansión, observó que el auto llega a la entrada principal. El chofer de inmediato baja y abre la puerta lateral derecha trasera, subo lo más rápido que puedo para por fin llegar a mi hogar. El chofer pudo apreciar mi rostro en todo momento por el espejo central, era evidente que contenía una rabia enorme.
—Si le comentas a mi madre sobre mi estado, te hundiré ¿oíste? —Amenace.
Al por fin llegar, noto a Fender quien está sentado en la sala principal; Aún con furia contenida dejo a un lado la rabia solo para preguntar por lo más sagrado que tengo, mi hijo.
— ¿Y Daren?
—En su habitación. —Respondió este no muy bien.
Ya sabía que mi molestia no había surgido nada más porque sí, mis emociones no mienten cuando es él.
—Me puedes explicar ¿por qué no llegaste a la casa de mis padres? —Estaba molesta, pero decidí mejor ignorar la primera pregunta para pasar a otra de mayor interés, no porque mis padres no fueran importantes, si no, porque se qué involucra el estado de mi hijo—, no mejor dime ¿por qué quieres hablar conmigo urgentemente?
—Joseph sabe de Flor y la niña. —Dijo este sin rodeos.
— ¿Y? No es como si él supiera que sé de ellas.