FLOR MIGUEZ
«Maldita sea, no creí que esto fuera tan estresante, Flor esto, Flor aquello, Flor lo otro, Flor, Ahhh ya es suficiente, creí que podría atender a los señores. No atender a los sirvientes jefes. "Maldita sea pirámide emplea-dística"».
—Flor, podrías recibir unas cajas en el portón. —Ordenó la jefa de los sirvientes, a lo que mi sonrisa fingida salió con naturalidad.
—Sí jefecita, ya voy.
«Maldita mansión de ricos, la distancia al portón es enorme, ¿cuántas cuadras serán?, no ignorando eso, ¿por qué la jefa me escogió a mí de entre tantos sirvientes? Esa ruca me odia estoy segura. Espera acaso ese no es el vago. ¿por qué sigue vistiéndose así?, no espera ¿qué mierda? ¿quién le autorizó la entrada? Dios».
—¡Señorita! por favor no se distraiga y tome sus cajas. —Alzo la voz el de la correspondencia.
— ¡Ya voy! ¡Espérame!
«Oh no, espera el vago, tengo que entregarle su pañuelo». Este se dirigía rumbo a la mansión grande, ese loco, ¿que no le han dicho el código de vestimenta?, no espera, antes que eso, tengo que detenerlo, personas como él y yo no podemos simplemente acceder así por que sí.
—¡Hey tú! —Al captar la atención del chico, este me mira con algo de confusión «será que no me reconoce, bueno al diablo le entregaré su pañuelo». Sí, solo eso— ¡Ven acá y ayúdame!
De inmediato tomé las cajas y esperé a que este llegara hacía mí. Este aun me miraba desconcertado pero lo primero que hizo fue poner sus brazos para ayudarme. «Que amable». Sin pensarlo dos veces coloque las cajas en sus brazos a lo cual este me observó con detenimiento.
—¿Te conozco?
—¡Oh, vamos!, no me digas que no te acuerdas de mí. —Expresé sonriente, a lo que noté que él en verdad no se acordaba de mí en lo más remoto, su mirada se veía totalmente confusa a lo que añadí— Hace dos años me viste llorar como magdalena y me ofreciste un pañuelo y lamente no te agradecerte por ello.
—Ah, es cierto. Eres la piba cubierta de tierra. —Respondió, a lo que dejo salir con naturalidad— Has cambiado.
—Lo sé. —Sonreí, sabía que el tiempo me favorecería, lucia más bella.
— Te pusiste más feúcha.
Como un balde de agua fría cayó sobre mí, «me acababa de decir fea este odioso vago». Una persona grosera, no, estúpida.
—Y bien ¿dónde quieres que deje esto? —Cuestiono, sin total arrepentimiento de lo que me había dicho con anterioridad, a lo que simplemente me contuve y le indiqué el lugar.
En cuanto entramos a la zona de empleados, lo lleve a la cocina, en eso encontramos a mi madre y algunos sirvientes quien lo miraron con detenimiento, no entendía que tanto le observaban, aunque, pensándolo bien lo único bueno que ha de tener es la apariencia, poque las garras que trae, hablan mucho de que probablemente si sea un vagó.
—Puedes dejarlas sobre la mesa. —Le indique a lo que esté enseguida las dejo, esté saludo a los que estaban presentes con respetuosidad, cosa que me sorprendió, no tenía pinta de tener modales.
Al ignorar aquello, de inmediato tomó el pañuelo que tenía en un cajón de la cocineta, enseguida lo entregó, ya que aquí está el propietario; lo correcto es devolvérselo a su respectivo dueño.
— Esto es tuyo, gracias.
El sólo me miró y sin decirme nada más, se despidió de todos en plural y se retiró. Tomé asiento y lo primero que hicieron mis compañeros, fue bombardearme de preguntas.
—Hija, al parecer si es un invitado —Comento mi madre con seguridad a lo que yo le respondí sin dudar.
— Por Dios madre, ya viste la pinta que trae, no lo parece.
—Serás babosa, su ropa era cara. —Regaño Abel, mi compañero— Yo he ahorrado mucho para conseguir el outfit que trae puesto.
—Es enserio que quieres ponerte eso —exprese con estupor, pero luego mi compañera Jessica se unió con interés a esta conversación.
—¿Él es algo tuyo?
—Por supuesto que no —Dije con firmeza a lo que ella respondió—, que bueno, porque es uno de mis gustos.
—Él se te hizo guapo ¡enserio! —Vocifere, a lo que Jessica solo asintió.
FENDER ASTARTÉ
—Fender bienvenido, ¿qué tal te está yendo con Zeru? —Expreso la señora Josephine, analizando mi vestimenta por lo que le respondí al instante.
— Bien señora, han sido algo pesadas, pero no pienso fallarle nuevamente al señor Zeru. —miré alrededor— ¿Y él señor Zeru?
—Volverá en un rato, por cierto, ¿dime que no piensas irte con esa ropa?, siempre tienes que recordar que la imagen que muestres es como te considerán.
—No se preocupe señora, traigo lo que necesito en mi mochila, aunque ¿podría cambiarme en la habitación de Joseph?
—Adelante, estás en tu hogar. —Dijo y añadió— Y por favor, péinate bien Fender.
—Sí, señora.
Subo rápidamente, al entrar a la habitación saco de mi mochila todo lo necesario. Una camisa y corbata negra, un saco y pantalón de vestir gris oscuro, zapatos negros voleados y un reloj mecánico n***o-plateado que empiezo por colocar en mí muñeca; finalizando por sacar unos cuantos accesorios de plata, un anillo y una cadena costosos, por último, la fragancia y el peinado, aunque no hay mucho por hacer por mi corte undercut.
Una vez arreglado decido bajar. Al ver que la señora Josephine se encuentra esperándome sentada en el sillón, decido preguntarle sobre mí aspecto.
— ¿Ya mejor?
— Por supuesto, si así te vistieras todos los días. —Soltó burlona.
—Quería preguntarte algo personal. —Sonreí— Ella...
—¿Te acepto?