FENDER ASTARTÉ
Ante esa interrogante, no pude evitar el querer exponer mi inconformidad. Simplemente, ella no podía ser. La elección era mía y de nadie más, la propuesta era tentadora, no obstante, sentía que podía serme ofrecido algo mejor que un gremio rojo.
—No, quiero declinar esa propuesta.
—Oh vaya, —cambio su expresión a una tensa— esperaba que funcionará, su familia se consolido gracias a mi esposo, ellos tienen deuda con nosotros, por ello, pensábamos usar eso para ti, tienes una mente brillante, Fender.
—Señora, —agradecí con sinceridad— sé que puedo llegar muy lejos sin la necesidad de desposar a alguien de una fuerza como esa.
—Entiendo. —Acepto sin más y enseguida ordenó a una sirvienta— Por favor, trae bocadillos y bebidas Marisa.
—De inmediato señora. —Se retira esta, siendo minuciosa con los sonidos de sus pasos.
FLOR MIGUEZ
—Vamos, vamos señoritas no se queden sentadas llegó una visita que atender. —Dijo la jefa, luego me miró y ordenó— Tú, prepara las bebidas.
—En eso estoy —Respondí a mi jefaza Marisa que tanto cariño me ha de tener.
Me pare del lugar de dónde me encontraba sentada. Había un alboroto de cuchicheos. Era muy extraño, el gallinero solo se puede alborotar por dos razones, en este caso, Joseph regreso o una visita atractiva llego.
—Jefa, ¿quién ha llegado?
—¿Cómo que quién?, pues obviamente el joven que viene todos los días con el señor Zeru.
—Oh, el joven Fender. Por Dios están atractivo —Mia hablo sin parar—, saben es mi tipo ideal, altura 1.80, tez a perlada y su cabello n***o como la noche, aunque sus ojos son realmente atrapantes, quien no se perdería entre sus ojos color miel.
—Es más atractivo el joven Joseph —Mencioné, no me arrepentí para nada a lo que de inmediato las demás sirvientas se unieron.
—No lo sé, los dos son atractivos a su manera, aunque el joven Fender tiene algo que lo diferencia por mucho al joven Joseph, sin embargo, Flor ¿tú que vas a saber? si ni siquiera has salido a atender a los señores e invitados de esta casa.
—Es cierto no lo he visto, debería verlo. —Dije sin interés, no me interesaba saber nada de ese tal Fender, solo Joseph había captado mi atención en su momento.
—Bien, ¿quieres ver al joven Fender? Flor. —dijo mi jefa a lo que yo sin interés respondí—, No es necesario, pero si quiere mandarme a servir, no tengo ningún problema. Después de todo es una oportunidad para que los señores de esta casa noten mi potencial como sirvienta, tal vez algún día sea su remplazo, jefecita.
La verdad quería ver cómo era la sala principal, nunca había pisado ese lugar, bueno literalmente la zona de los señores. La mayoría de los presentes éramos mandados fuera de la zona por lo que ni siquiera estábamos a la vista de aquellos.
—Entonces demuestra que estas a la altura, toma los bocadillos en lo que yo llevo las bebidas. —Asentí ante su orden, me sentía feliz por conocer la sala principal, pues mi pregunta siempre era ¿cómo sería?
En el momento que di un paso fuera de la cocina, realmente todo se veía lujoso, a lo lejos vi la espalda del tal Fender y a la señora Josephine, lentamente me fui acercando hasta llegar a ellos.
—Buenos días —Saludé lo más cordialmente que pude, mientras que sigilosamente puse los bocadillos en la mesa central sin mirar el rostro de la señora y al joven, pues no se nos permitía observarlos con obviedad, de repente la señora me observó con cautela y cuestiono repentinamente.
—¿Eres nueva?
—No señora, llevo trabajando para usted tres años. —Levanté mi rostro para responderle con cordialidad.
—¿En serio? —Dijo está, haciendo memoria— Oh es verdad ¿eres la hija de la jardinera?
—Así es. —Respondí con tranquilidad, hasta que mencionó algo que se suponía no debía de saber— Eres la amiga de Joseph ¿no es así?
Me paralice de inmediato al oír lo que había dicho, en ese instante reaccione a tiempo y le respondí con honestidad.
—Así es señora, espero y no sea un inconveniente.
En ese instante sentí una vibra extraña detrás de mí, era claro que de seguro mi jefa estaba molesta. No era para nada bueno que una sirvienta como yo, sin antigüedad en su puesto pudiera hablar con los señores. Quería retirarme, pero ya no podía hacerlo, la señora ya estaba entablando una conversación conmigo, o, mejor dicho, un posible interrogatorio.
—Para nada, no es inconveniente, pero vamos siéntate a mi lado no te quedes ahí parada. —Invito la Señora Josephine con serenidad, yo no podía negarme a su amabilidad, así que me acerqué.
Antes de que pudiera sentarme a su lado de inmediato la señora le ordenó a mi jefa Marisa que se retirara. Esta me miro fulminantemente, prácticamente estaba a unas cuantas horas de ser despedida y mandada de nuevo al jardín por este acontecimiento;
Cuando por fin nos quedamos solos los tres, pude prestar atención al tal Fender, no le había podido observar con detenimiento antes, pero entonces noté que es el vagó, me preguntaba el ¿cómo es que sucedió tal cambio en su apariencia? Esté me sonrió con naturalidad y enseguida me saludo.
—Hola. —Me saludo.
—¿Se conocen?
—No.
—Sí. —Respondimos en unisono, que vergonzoso.
«¿Cómo que no me conocía? ¿Es un idiota acaso?». Te apena conocer a una sirvienta idiota, no debí fiarme de este tipo.
—Decídanse ¿se conocen o no? —Volvió a preguntar la señora, enseguida mire al joven Fender, este solo saco una risilla.
——Error mío, sí la conozco.