Capítulo 25. 1974, Miguez.

1000 Palabras
FENDER ASTARTÉ —No vayamos. —Expreso Joseph con seriedad. —Bien, no iremos. —Agrego Santher. —Tienen que ir —Insistí—, el señor Zeru los castigará, además, les está dando la oportunidad de estudiar en la región Merst, ¡piénsenlo! Los miré detenidamente y luego me levanté de la cama; caminé unos pasos hacia el marco de la habitación de Joseph y sin dudar les comenté con franqueza. —Joseph, tú serás la cabeza de los Rendor, no puedes quedar mal con tu padre. —Después observé a Santher y regañe— Tu idiota, eres apadrinado por el señor Zeru, ni se te ocurra fallarle como lo hice. —P- pero...—Titubeo Santher, a lo que interrumpí. —No se preocupen por mí, los veré dentro de siete años. Además, estaré estudiando en Stowe, el Señor Zeru no ha dejado de apadrinarme, que ya es una gran ventaja, solo me ha castigado. Mi falta no fue tan grave. Ambos chicos se abalanzaron para abrazarme, después de ello bajamos juntos a la sala principal. Al despedirlos fuera de la mansión, mientras Santher y Joseph subían al auto, distinguí a lo lejos a una chica lagrimeando por los pasillos, mirándolos con melancolía, enseguida que el auto se fuera, no pude evitar sentir pena por aquella. Así que al ver que todos se estaban retirado después de su partida de inmediato me acerque, ofreciéndole un pañuelo. —No deberías ofrecérmelo, lo manchare de tierra. —Dijo está sollozando un poco. —Crees que eso me importa —Musite, mientras que sin pensarlo le cuestione—, ¿cuál de los dos idiotas que acaban de irse en ese auto te tiene aquí llorando? —No te incumbe —Respondió con hostilidad, arrebatándome aquel pañuelo que había ofrecido con anterioridad. Sonándose claramente los mocos. Después de pensarlo un poco, decido tomar asiento a su lado, guardo silencio por minutos a lo que la chica empieza a interrogarme. —¿Es la primera vez que vienes? —No, ya van varias veces que vengó y me quedo aquí ¿por qué? —Es la primera vez que te veo. Supongo que trabajas con los señores de la mansión dentro de su zona. Algo atónito por su deducción errónea saco una risilla inocente. Me resultaba irreal el hecho de que esta empleada no me reconociera, después de todo soy un apadrinado, por ende, tenemos mucha relevancia en esta mansión; podría pensar que ella vive bajo una roca por su aspecto descuidado. —No, no soy un empleado. —Alce mis manos para captar su atención a mi rostro— Soy un invitado, mi apariencia no te lo dice. —¿Qué?, ¿entonces qué haces aquí hablando con una persona como yo? —Ni siquiera estamos hablando, solo estamos compartiendo tristezas. —¿Qué eres de Joseph? —Pregunto con un tono de duda. —Eso no te incumbe, niña. —Me levanto y extiendo mi mano hacia ella. Esta me entrega el pañuelo prestado a lo que me es inevitable reírme. —No tonta, toma mi mano, te ayudaré a levantarte. —Está avergonzada por lo que había dicho, enseguida toma del pañuelo para poder así apoyarse de mi mano. —Tengo que irme —Exprese sin la intención de volver a mirarla. —¿Y tú pañuelo? —Quédatelo, no lo necesito, parece que seguirás llorando como una magdalena. -1 MES DESPUÉS- FLOR MIGUEZ —Mamá, ¿tú conoces a un chico de la edad del señorito Joseph que trabaje para los señores de la mansión? —Pregunté curiosa, pues era un joven que nunca había visto. — No lo creo, hija. ¿Por qué lo preguntas? —Es que me prestó un pañuelo y dijo que es un invitado, pero no tenía pinta de serlo, creo que me mintió. —¡Ay, hija!, y ¿sí en verdad lo era? —Musito mi madre molesta— Sabes que hay límites entre empleados y señores. —¡Pero te estoy diciendo que no tenía pinta de ser una persona como Joseph! —Mencione con seguridad— Estaba desalineado y por supuesto tenía pinta de vago, aunque no negaré que sí era algo atractivo. —Bien, si lo dices así, está bien, pero por favor no te vuelvas a involucrar tanto como lo hiciste con el señorito Joseph, terminaste llorando mares durante semanas. —No lo sé, aún no me rindo con él. —Comente para molestar a mi madre a lo que ésta reaccionó de manera terrible. — ¿Qué te pasa escuincla? ¡Quieres que nos corran! Mi madre tomó uno de mis cabellos rubios y los estiró hasta el punto en que tenía que pedir disculpas. Lo único que consideraba hermoso de mi apariencia era el tono de mi cabello, no quería quedarme sin mechones, por una broma no tan broma. Ella me soltó de inmediato y claro que entendía su enfado, una simple jardinera se ilusiono con el hijo de un hombre muy importante. Joseph Rendor, el heredero de esta casa es una persona, linda, amable, atenta y estable; Lo que cualquier madre o padre querría para sus hijos si tuvieran pareja. Sólo que mi madre no me considera como alguien que pueda lograr estar a su lado. —Ya entendí, solo estaba jugando ¡Todo te lo tomas enserio! —De inmediato recordé y le mencione— Por cierto, es verdad que me conseguiste un puesto en la zona de los señores. —Oh es cierto —Dijo está sonriente—, se me pasó decírtelo. A partir de mañana empezarás a trabajar como sirviente de esa mansión. —Gracias, mamá. —Salté de alegría, puesto que como jardineras no ganábamos lo suficiente. La friega que se nos daba es muy pesada a diferencia del de un sirviente, este era mucho mejor y muy bien recompensado. —Verás que nuestros ingresos serán realmente mucho mejores. —Sonreí— Ganaré tanto dinero para darte todo, mami.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR