ASTERIA RENDOR GLESH
La mansión Rendor estaba siendo arreglada y detallada para la reunión, sirvientes se movían de un lado al otro siendo tan meticulosos con cada detalle, esto ya era lo normal en días de reuniones.
—¿Avisaste a Fender que la junta se adelantó?, Glenda. —Pregunto mi padre a mi madre.
—Ya les avise ayer.
Mientras rondaba por ahí, padre pudo notarme, su expresión seria cambio a una realmente feliz; este se acercó tan rápido que en cuanto llego a mi posición tomo de mi frágil mano e interrogo.
—¿Y tú jovencita?, ¿por qué aun no estas arreglada.
—Quería ver que tan bonito sería en esta ocasión, papá.
—No es motivo para no estar arreglada princesa. —Musito con su seductora voz— Vamos, no hay mucho tiempo.
Este me encamino a mi recamara y me dejo en manos de la sirvienta que lleva por nombre Matilda, cuando de pronto un sirviente interrumpió la concentración de todos.
—Disculpe las molestias señor, pero la familia Alarcón ha llegado y los he encaminado a la sala principal.
—Gracias Alonso, en un minuto estamos. —Aviso mi padre con amabilidad, mientras tanto el sirviente Alonso no tardó en retirarse.
Faltaba poco para terminar, Matilda solo estaba colocando pequeñas flores en mi cabello; cuando termino me ayudo a bajar del asiento del peinador.
—Ya está lista su princesa, señor.
Matilda enseguida de decir aquello, se retira de la habitación. Di una vuelta para que mi padre pudiera apreciar mi vestimenta; un vestido color rosa pastel, corto, suelto y liso, el peinado era un trenzado de cascada con flores tono pastel insertadas en el tocado. Mi padre me ofreció su grande mano y la tome con algo de fuerza.
Al bajar de las escaleras, divisamos a los Alarcón, sin embargo, también pudimos apreciar la llegada de los Astarté. Fue de esa manera que todo comenzó, saludamos atentamente a cada uno de ellos, se les ofreció una cordial invitación al comedor, que se encontraba ya listo con un menú extenso para cada uno de sus gustos; lasaña estilo bolonia italiana, churrasco brasileño, Khachapuri Georgia, cévapi Bosnia, spaguetti a la carbonara, entre otros variados platillos, no obstante, no se quedan atrás aquellos postres preferibles; las trufas de chocolate, la tarta de queso y chocolate, bizcochos, el brazo gitano, natillas y donuts, aunque las bebidas ligeras y altas no se quedaban atrás.
La convivencia dio inicio con un festín, tomando chistes y comentarios de todo tipo, padres orgullosos de sus hijos, las inversiones nuevas y los grandes pasos que quieren dar. Haku era atento a las conversaciones de adultos, mientras que Daren y yo nos sentíamos fuera del hilo, así que nos escabullimos de la mesa, no antes de ser cachados por Haku, quien reacciona tomando del hombro de Daren dirigiendo la mirada hacia mí.
—Agradezcan la comida antes de irse. —Musito con seriedad y luego indico a Daren— Tu primero.
Daren algo sorprendido por el comentario, entiende y se dirige hacia los señores, baja la mirada apenada y decide pedir autorización, la forma en que lo había hecho dejaba mucho que desear.
—Muchas gracias por la comida, podemos retirarnos de la mesa.
Mientras Daren pedía autorización, yo mantenía la mirada fija hacia mi padre, así que él decide otorgar el permiso.
—Por nada, pueden retirarse.
Le sonrío en forma de agradecimiento, enseguida de ello, Daren y yo nos vamos caminando algo rápido, casi corriendo en dirección a el jardín.
HAKU ALARCÓN STONE
—Con su permiso. —Me levanto del comedor con una errónea intención de ir al baño— Mala idea.
Cuando estoy cerca del pasillo que va en dirección al jardín de los Rendor, observó a lo lejos a Asteria y a Daren sentados a la orilla del suelo mirando hacia los árboles, me detengo por unos minutos, emitiendo un pequeño chasquido, al momento de darme cuenta de la actitud que está tomado decido retirarme y regresar. Lo que estaba haciendo estaba mal y lo tenía claro.
Espiar a niños que intentan jugar y ser felices corde a la edad, no es algo que pueda detener, aún si lo quisiera. Los celos vienen y van, pero realmente espero que en algún momento no regresen nunca más. Al momento de atravesar el marco que me direcciona al comedor, el señor Joseph me observa con detenimiento, como si tratara de deducir algo de lo que ni siquiera pudiera distinguir.
Tomo asiento en la silla que me corresponde y los adultos seguían en la misma conversación; la familia Astarté alardeaba del gremio, los Alarcón nos limitamos a observar y opinar, mientras que el jefe de esta mesa, Joseph Rendor, intenta mantener una tranquilidad, sin dudas se que hay algo mal y lo peor, es que cuando me mira, deduce que lo entiendo.
—Escuche que tenías pensado estudiar en el extranjero. —Cuestiono el señor Joseph repentinamente hacia mi persona.
—Ese era el plan, —Mire alrededor y la unica mirada que estaba encima de nosotros sera la del señor Fender Astarté— como sabrá tengo una red que manejar a futuro, quería prepararme mucho mejor allá.
—¿Que te lo impide? —Interrogo el Astarté— Es una buena oportunidad, después de todo.
—Los planes cambian señor Astarté, —Dije sin titubear— estoy rodeado de suerte, a decir verdad.
—¿A sí? —Cuestiono el de interés insistente— parece que te ganaste la lotería o algo así.
—Diferente. —Respondió por mí el señor Joseph sosteniendo una sonrisa a su amigo y colega— Su preparación será mucho mejor que la del extranjero; he decidido apadrinar al chico.
Un silenció inundo todo el comedor, la señora Diane y la señora Glenda no pudieran evitar una expresión atónita y el señor Fender no pudo disimular su disgusto, aunque mi madre y padre mantuvieron la serenidad.
—¿Tú lo apadrinaste?
—Lo hice.