Capítulo 18. Tres años.

1000 Palabras
ASTERIA RENDOR GLESH Por un momento me quede en silencio y observaba a mi alrededor, pensaba en lo que había escuchado y dicho mi padre, en el que tendría que cambiar de aires en tres años y que Haku sería apadrinado por él. Un apadrinamiento es una bendición o un des fortunio dependiendo el caso; la señora Diane, el señor Santher y el señor Fender fueron apadrinados por mi abuelo, entrenados y obligados a actuar en su nombre como si fueran parte de la familia, además de ser joyas en el joyero, pero con más importancia que las demás que están en el. Me cuestiono si mi padre tomara las mismas decisiones que mi abuelo, si sus intenciones son malas o buenas. Es una decisión que Haku tomo y es algo de lo que nadie puede interferir cuando ya el padrino a aceptado la petición. Cuando me enteré de que poseía joyas y que estas eran mis amigos, le pedí a papá que no las quería, mi abuelo me reprendió cuando me escucho decir de aquello. Cada que puede me lo recuerda, que, sin ellas, el heredero no tiene el valor que tiene. —Papá, aprovecharé el tiempo que me queda para hacer buenos recuerdos aquí. —Mencioné—, no te voy a contradecir en tus decisiones, pero quiero pedirte algo. —¿Qué es lo que quieres? —El preparamiento de él y el mío, permíteme que sean en los mismos lugares. Papá me observo fijamente por unos segundos y volvió la vista hacia la carretera. Había un silencio que no sabría como describirlo, tal vez pensaba en aquella última petición. Mi preparamiento también estaba cerca, entendería que no reaccione de manera positiva, su rostro era incapaz de expresar alguna emoción; Comprendía que no era fácil para él, el sufrimiento que estaba obligada a tener siendo una niña y lo complicado que sería el proceso, podría matarlo. Mi padre apartó una mano del volante de dirección y tomó mi mano en lo que quedaba del transcurso del camino hasta llegar a la mansión. Baje del auto con mi libro y mi padre con el pesado ramo que me han obsequiado. Al llegar a la sala principal, observé a madre quien se encontraba bebiendo té sin una expresión de bienvenida, sólo me dirigió una mirada frívola. —¿Cenaran? —Pregunto mi madre a ambos, negué con la cabeza mientras mi padre contestaba a su cuestión. —No, los Alarcón nos atendieron bien. Tu deberías cenar. —Ya lo he hecho, no pensé que llegaran a tiempo para la cena. —Supongo que hiciste bien, —Respondía mi padre con frialdad— Asteria sabe que nos iremos en tres años a Merst. —¿Es verdad? —Me miro y yo asentí—. Me alegro. —Mañana habrá una junta, —Aviso a ambas— se adelantó, así que prepara todo por favor. Iremos a dormir, Asteria y yo estamos agotados. Una vez que padre termino su enunciado se retiró conmigo lentamente mientras subíamos las escaleras, no podía evitar mirar a mi madre y cuando decidí verla de reojo ella saco un suspiro, enseguida empezó a derramar lágrimas. Un llanto que estremecería a una persona de solo oírla, ver la expresión en su rostro, usualmente un llanto que estremece tiene una expresión de tristeza o sufrimiento obvio, pero lo que esto impacta en una persona era la sonrisa tan marcada que tenía entre sollozos, algo que no concordaba con dicho sentimiento. Antes creía que mi familia era la más estable, sin embargo, no existe alguna que lo sea por completo. No podía dejar de mirarla, lamentaba que la vida de mi hermosa madre tuviera que ser así, un murmullo salió de sus labios, una proposición difícil de escuchar, no obstante, no tan complicado para mí, un amigo me enseñó a leer los labios y gracias a él pude descifrarlo. —Nos volveremos a ver, ¿no es así? Habíamos terminado de subir a la segunda planta, padre no entendía lo que había dicho, ni yo tampoco; entramos a mi recámara para dormir, me viste con mis pijamas y me da las buenas noches. Al momento de querer salir, encuentra cerca del marco de la puerta las rosas en un florero, encima del buró. —Lo que pediste, está bien. Será por separado, pero en el mismo lugar. —Gracias. —Respondí con amabilidad— Antes de irnos a dormir, me permitirías tocar algo el piano para ti. Padre me tomo en sus fuertes brazos, tomé del libro que me había sido obsequiado y nos dirigimos a aquella habitación, me sentó en el taburete y empecé a tocar las melodías del libro, en ese piano de cola completa color rojo. Podía sentir desde mi lugar la mirada fija de aquel, voltee unos segundos para ver en dónde se encontraba; él estaba recargado en el marco de la puerta, admirándome hasta finalizar. —¿Creí que ya no practicarías más? —Recordé lo hermoso que es tocar. —Contesté con sinceridad—, es algo que en verdad me gusta, así que permíteme tocar algo para ti y los demás mañana, ¿sí? —Asteria, no sueles tocar seguido, reprochas en las tutorías, es un milagro que tomes esto en cuenta de nuevo. —expuso. —No tocaba seguido porque no quisiera, reprochaba por atención y había olvidado lo bueno que es compartir momentos con las personas a través de esto. —Lo entiendo, "Aste". —Hizo una pausa y prosiguió— Es bonito el sobrenombre, ¿no olvidaste contarme algo? ¿aún no me has dicho cómo Haku comenzó a decirte así. —Es reciente. —Bien, es hora de dormir princesa. Mañana hay muchas cosas que hacer. —Claro, a sus órdenes señor Rendor —Dije a mi padre a quien alcé mis brazos para que me cargara. Me llevo a mi cuarto y me recostó y enseguida se despidió. —Princesa, no olvides que papá te ama.
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