Capítulo 17. Decisión.

1000 Palabras
HAKU ALARCÓN STONE  Lo que había escuchado no era una mentira, no lo es, la emoción creciente de la aceptación era un paso gigantesco a la decisión que había tomado y al final que había aceptado. Él apadrinamiento del señor Joseph, es un enfrentamiento directo a su padre, Zeru; el creador del joyero, aquel que había impuestos reglas para evitar que joyas estuvieran emocionalmente enredadas con el heredero de aquel. El señor Joseph se levantó y me sonrió, despidiéndose de mí con una palmada en mi hombro, este de inmediato miró a Aste y la tomó entre sus brazos junto con aquel ramo y se retiraron. No podía evitar pensar a cuál lugar sería llevado cuando el señor Joseph decida empezar a prepararme; para cuando me di cuenta, Aste y el señor Joseph ya estaban en el auto y pude distinguir una ligera sonrisa dirigida hacia mí. Aste se despedía dulcemente mientras que el auto comenzaba a moverse y por ende alejarse hasta no poder más apreciarse, di media vuelta cuando estos dejaron de notarse, retrocediendo hacia la sala principal. —¡Diablos eso fue vergonzoso! —Vocifere al recordar la parte de las rosas. Padre reacciono ante ese grito, estaba tratando de entender como se había dado lo acontecido, al encontrar la respuesta rápidamente volteo a ver a mi mamá. —Solo a ti se te ocurren hacer este tipo de escenas. —Dijo mi padre a mi madre. —Cariño. Si lo pensamos desde esta perspectiva, cuando Asteria tenga dieciséis o dieciocho años, se acordará de su niñez en donde Haku le dio un ramo de rosas y pensara "Oh fue en ese momento", cuando tuve a mi primer amor. —Mi madre se estaba perdiendo en su mente, imaginando aquel panorama, en el que al final terminó por decir— No entiendo de qué se quejan, solo di un pequeño empujón, no es para alterarse. —Te lo agradezco, pero no quiero tener ese tipo de apoyo madre. —Comente indignado— No quiero manipular la situación de esa manera con Aste, faltan años para que algo pueda suceder. Por eso hice eso, necesito ser alguien; No la próxima joya azul que todos quieren que sea, quiero ser más que eso, ser olvidado como un objeto valioso del joyero y ser alguien prometedor y prestigioso para la familia Rendor, que el señor Zeru me saque y me permita ser parte de su familia. Eso quiero. Solo pido su apoyo, solo eso. —Entendemos hijo, —Musito mi padre— aunque sea un riesgo, te apoyaremos incondicionalmente. —No. —Mi madre se negó a mi petición— Desconozco un apadrinamiento de ese tipo y me niego a que dejes de ser una joya que perdería lo que es, si intentas someterte a una prueba de la que se desconoce la dificultad. Preferiría mil veces que la heredera luche por la aceptación a que tu pelees solo por conseguir algo que tal vez no se te dará. —Es mi decision. —Musite— Y el señor Joseph ya la acepto. —Bien, —Con pesar en sus palabras mi madre lo acepto y luego condiciono— Si noto que algo cambia lo más minimo de ti, te sacaré de las greñas ¿entiendes Alarcón? —Entiendo, pero no pasará. Madre. JOSEPH RENDOR SAÉNZ Mientras manejaba, mi hija mantenía un silencio incomodo de regreso a nuestra mansión. Era para mí tan difícil ser un padre, un que pueda darle lo que quiera. —¿Te divertiste? —Si, mucho. —Contesto sin retirar la mirada de las rosas. —Me alegro. —Sonreí mientras tocaba su cabecita— ¿Qué estuvieron haciendo? —La señora Rousse y Haku fueron muy atentos y detallistas conmigo —Musito feliz—, en la comida me consintieron con mis platillos favoritos, luego nos fuimos a la sala a jugar ajedrez, Haku me leyó algunas frases, había cosas que no entendía pero fue divertido hablar con él, después de eso nos fuimos de contrabando a la cocina y huimos a su habitación; su habitación era sorprendente —hizo una pausa y continuó—, no tenía muchos colores, de hecho eran de los mismos tonos y variaciones, sin embargo, era grandiosa y además tenía un tablero para dibujar, pero padre... —Si dime. —Conteste atento. —La historia que me contaste, ¿se la dijiste? —cuestiono mirándome fijamente—, Haku lo dibujo, algo similar en su tablero, parecido a esa historia. Una luna acompañada de una estrella. —No pensé que lo recordara, eran más pequeños de lo que son. —Rememore— Tu con tus pasitos, lo encaminaste a nuestro lugar secreto, lo guiaste hasta allí con tus débiles pasos sosteniendo él tus diminutas manitas. Él se sorprendió tanto como cuando te llevé ahí por primera vez, entonces cayó la noche y le conté la historia esa única vez y tú la escuchaste tantas veces que te emocionabas tanto al oírlo. —¿A sí? —Tú tenías algo muy especial con ese niño, lo seguías mucho, antes de que tu relación con Daren fuera estrecha. Tanto que lo obligaste a escoger una estrella contigo y el acepto. —Esa estrella, ¿está ahí?, papá. —Cuestiono con nerviosismo— Yo no recuerdo cuál es, si voy y las miro, no puedo distinguir cual es la que elegimos. —Entonces su estrella no cuenta, sino la recuerdas. —Quiero recordarla, papá. —Musito— Escuche lo que le dijiste. El camino de él de ahora en adelante no será fácil porque así lo eligió, entonces no haré como si no hubiera elegido una estrella cuando ya elegí una. Escuchar a mi hija decir esas palabras teniendo ocho años de edad, no es una sorpresa, son niños que crecieron en situaciones difíciles, por ende, vidas complicadas. Los matrimonios prenupciales son lo peor cuando es una obligación, pero ese niño no lo hace por obligación. —Él te lo recordara.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR