Capítulo 16. Valor.

1000 Palabras
HAKU ALARCÓN STONE Me dirigí a la cocina rápidamente como mi madre lo pidió, al entrar pude divisar a Fernanda, tan contenta y risueña como lo suele ser; dudoso de jugarle una pequeña broma, optó por no hacerlo, decidí mejor acatar las indicaciones de mi madre. No había tiempo. —Fernanda, mi madre me ha enviado por algo. —Hola jovencito. —Saludo y continuo—, ya casi están. Observaba la mesa repleta de rosas rojas que Fernanda estaba cortando y acomodando encima de un papel decorativo. —¿Qué estás haciendo con eso? —Pregunte algo desconcertado. —Un ramo, no es obvio. —Contestó Fernanda en confianza, pues el trato aquí siempre ha sido como iguales, una regla de esta casa, sin formalidades. Fernanda colocó más rosas en el papel decorativo y continúo diciéndome— La señora Rousse le prometió a la niña Asteria unas rosas. —Pero ¿por qué tantas? —No digo que no se las merezca, si por mi fuera le regalaba el jardín de mi madre, pero mi madre me mataría si me escuchara ofrecer su afición al cuidado de las plantas. —Tranquilo joven, solo serán veinticinco rosas, las demás son para los floreros de la mansión. —Esta me miro con una calma y entonces de pronto comentó—, sin embargo, no dudo de que cuando tengas pareja, ya no solo serán simples veinticinco rosas, estoy cien por ciento segura de que serían miles para tu amada. —Ahg —Expresé—, sabes que esas tonterías no van conmigo. Esos regalos son comunes, yo no quiero algo común y accesible que puede tener cualquiera, la persona con la que este, merece cosas tan únicas y exclusivas, un lujo que nadie más tenga o pueda alcanzar. —Oh, vamos. —Vocifero— Estoy segura de que esa larga fila que tienes de chicas formadas por ti en la escuela, se mostrarán tristes cuando se enteren que no podrán alcanzar al joven Haku Alarcón, ni desear un detalle tan único como el que piensas dar a tu amada. —Error. —Corregí, porque para mí no existía esa fila— No hay un grupo de fanáticas siguiéndome, ninguno. —Niño, tonto. Crees que nunca vimos cómo desechabas las cartas de amor que las mocosas metían en tu mochila sin que te dieras cuenta. O tal vez es porque ya te gusta alguien y por eso no las miras. —Tienes razón. —Conteste sin dudar— Hay alguien, y es con quien me voy a quedar. Escucho despedidas en la sala principal, dando a la entrada. Decido ir a ver, limitándome al marco de la puerta de la cocina cuando noto que se encuentras casi yéndose. —Fernanda —Dije presuroso—, ¡apúrate! que están por irse. Dejo que transcurran tres minutos más, al ver que el ramo está a punto de estar listo decido preguntar a Fernanda quien tiene las manos muy espinadas si ya lo a terminado, esta asiente de inmediato y lo tomo. —Gracias. ROUSSE STONE Haku por Dios, ¿Dónde estás con esas rosas?, pensé en lo profundo de mi ser Rousse, pues ya están a nada de irse. Soy la típica madre que trata de apoyar a su hijo con su primer y porque no, único amor. —Bueno nos vamos. —Dijo Joseph quien ya se encontraba tomando la mano de su pequeña hija en la entrada principal. —¡Aste! ¡Espera! —Resonó la voz de mi hijo por toda la habitación, Haku quien sostenía un ramo de veinticinco rosas rojas ya se encontraba avergonzado por aquel acto. Aunque para mí esto estaba siendo un momento tan único y difícil de olvidar una anécdota a contar en el futuro. Joseph y Asteria voltearon enseguida al oír aquella voz. Asteria y Haku se miraban tan fijamente, los pasos de este que eran acelerados para poder acercarles se empezaron a volver lentos, entonces su expresión facial torno a un rojizo leve por el acto vergonzoso que se obligó a hacer. La cara de Joseph, sin dudas era un shock en la que Santher no pudo evitar burlarse discretamente. Joseph y Santher intercambiaron miradas con una cara tan burlona debido a que mi hijo le traía un ramo a su hija, algo realmente o, mejor dicho, terriblemente adorable. Aunque Santher estaba sin poder creerlo del todo y la escena se prestaba para ello, teníamos una claridad triunfal. En ese corto instante Haku llegó a ellos, el nerviosismo de este se podía notar para los mayores, pero él tenía que ignorar ese hecho. —Son para ti, Aste —Acercó el ramo a la pequeña, de pronto este sintió la mirada pesada de Joseph, este dudó en mirarlo que prefirió mantener su mirada fija en Aste. Un error garrafal, ya que Joseph prefiere a los jóvenes con carácter. —Gracias, Haku. —Respondió la pequeña sin poder ocultar su rotundo rubor en el rostro. Haku, una vez listo con su nerviosismo inevitable, miró a Joseph. Entonces le menciono con firmeza y un buen volumen en su voz, sin tartamudear. —Fue un gusto verlo y tenerlos aquí con nosotros, señor. Joseph noto su nerviosismo, no obstante, no importo al observar de primera mano su valor decisivo, aquel que Haku poseía. Esté sin pensarlo se puso en cuclillas, tomó del hombro de Haku y le comento de una manera agradable y confidencial. —Haku, puede que sea un "tal vez". —Gracias, señor. —Mostro emoción, sin embargo, añadió algo que nos dejó estupefactos— No quiero ser un tal vez, busco ser el definitivo. —¿Definitivo? —Sí, —Asiente mientras mira de reojo a Asteria— juro que me estoy preparando y espero que me acepte cuando sea calificado como apto, quiero demostrar que una joya también merece ser considerado como el mejor para su hija, señor. —Eso es nuevo, —Musita Joseph—. Entonces te apadrinare. No falles.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR