Capítulo 5. Prométeme

1998 Palabras
DIANE SOLÍS BARRERA —Saldré primero Diane, por favor no llegues tarde. Pidió mi esposo a lo que lo miré con dudas, algo me decía que me estaba ocultando cosas que podrían parecer insignificantes, pero sé que ese no es el caso. El tiempo me ha mostrado lo necesario de este sujeto. Predecirlo era desafiante, ya que antes solía equivocarme, aunque ahora puedo saber que no le falta mucho para traicionarme. Asentí a sus palabras fácilmente, puesto que es momento de distanciarme. Hice una acción que podría parecerle algo inusual, pero está tan sumergido en sus pensamientos que no se ha dado cuenta de ello, observe como este tomaba camino al lugar acordado antes que yo. Me dirigí a la habitación de Daren y cuando llegue al marco de la puerta vi a mi hijo tan ameno, enseguida mire a Fiorella apartando por completo mi vista del pequeño quien se encontraba jugando en el suelo con sus cochecitos. —¡Fiorella! —La Nana saludo cordialmente y espero mis indicaciones, a lo que ordene. —Por favor prepara una mochila para el niño, iré a dejarlo con los Rendor para que vea a Asteria. Fiorella asintió enseguida, a lo que me retire de la habitación con pesar en mi pecho. Oí como Daren saltó de alegría al escuchar de Fiorella que iría a la mansión Rendor, se escuchaba tan emocionado, no obstante, no podía divisarlo; no poder ver la sonrisa de mi hijo es una tortura, mi más justo castigo. DAREN ASTARTÉ SOLÍS Tome de la mano de mi nana, la mano que desearía que fuera de mi madre. Quería que me ayudara a guardar unas cuantas cosas para llevar y mostrar a Asteria. Al bajar observé como mi madre se encontraba sentada en la sala principal, corrí hacia ella como si no hubiera mañana y la abracé con tanto amor porque sabía que lo necesitaba, a lo que está solamente me dio unas palmadas en la espalda mostrando un poco de su afecto. Cuando era más pequeño, pensé que mi madre me odiaba más que mi padre, pues era rara la ocasión en la que me mostrara su cara, aunque cabe decir que fue un erróneo pensamiento en ese momento; mi nana fue la encargada de disipar aquello, explicándome que me protegía de una manera peculiar, peculiarmente real y dolosa. — ¿Ya estás listo Daren? ¿No se te olvida nada? —preguntó con sinceridad. —Estoy listo. madre, ya podemos irnos. Esta tomó de mi mano, quien, a diferencia de su rostro frío, su palma era demasiado cálida, ¿cuándo será el día en que te muestres como mi madre?, Me lo pregunte, y muchas veces. No, no me importa cuánto tarde, sé que no tengo prisa, mientras tanto, le ofreceré mi más cálida sonrisa el tiempo que le sea necesario... Yendo de su mano hacia los caminos inciertos de nuestra relación. Porque lo único que tengo seguro, es a mi madre y nadie más que ella. GLENDA GLESH La brisa hoy es cálida, las flores se abren con lentitud, las nubes se mueven cada minuto que sorbo esté té, admiro la belleza natural, pero odio el tiempo lento y eterno para mí. La sonrisa que más extraño ver es del hombre que guardo en mis recuerdos con el anhelo de volverle a encontrar por última vez. —Señora, perdone las molestias —Dijo aquel sirviente con amabilidad—, llegaron visitas de la mansión Astarté, la señora Diane y su hijo Daren están esperándola en la sala principal. —Ya veo —Dije mientras dejaba la taza en la mesita central de la terraza, entonces indiqué—, Izan, por favor diles que los atenderé en un momento, ofréceles algunos bocadillos y algo de beber. Este asintió y de inmediato actuó. No tarde en entrar a la sala principal, entonces los miré y les sonreí con naturalidad. — ¡Buenos días! —dijo Diane, feliz mientras tomaba unas trufas del plato enfrente de ella, entonces preguntó— ¿Cómo has estado? —Buenos días, Diane... —Respondí y mire que esta estaba realmente cómoda, enseguida tome asiento a su lado y observe al pequeño Daren, quien estaba algo escondido detrás de la silueta de aquella mujer, entonces continúe— De hecho, he estado excelentemente bien, ¿y tú?, ¿cómo está tu familia? —Hemos estado bien, ha sido una semana tranquila. —Me alegro Diane, entonces dime ¿a qué se debe su visita? —La verdad vine a pedirte un favor... —Miré con atención, entonces continuó— Saldré con Fender unas horas y no quiero dejar solo a Daren en la mansión con los sirvientes, siento que preferiría quedarse con Asteria. —Claro, puedes dejarlo conmigo. —Conteste— Para eso estamos, hoy por ti y mañana por mí. Esta me sonrió como si nada, entonces mientras la observaba me percate de que Asteria se dirigía hacia acá. Mi niña saludó con cortesía, y enseguida le sonrió al pequeño de Diane, del cual este toma un ligero sonrojo. —Hola Daren. —Le dijo Asteria y le extendió su mano al pequeño— ¿Vienes conmigo? Daren miraba a su madre fijamente esperando una respuesta de su parte, no tardó mucho para que ella asintiera e insinuara a que fuera hacia ella. — ¡Sí! Entonces Asteria lo encamino hacia el Jardín, mientras que me encargaba de despedir a Diane. Al entrar nuevamente, les eché un ojo a aquellos niños y al verificar que todo estaba bien me dirigí de inmediato al estudio de su Joseph. DAREN ASTARTÉ SOLÍS Conversé con timidez estando sentado en aquel césped, haciéndole una pregunta a aquella niña de ojos oscuros y cabello liso, la pregunta más absurda que vino a mi mente esperando la respuesta que tal vez realmente quería escuchar. Era consciente de las pocas personas que siempre han estado de mi lado y por alguna razón deseaba más que nada tener la confianza de que ella estará de mi lado incondicionalmente sin importar qué. —Oye Asteria... ¿A quién quieres más?, ¿a Haku o a mí? —No lo sé. Empecé a pensar que poner a Haku en esa cuestión iba de más, era una tontería ponerla, ha elegir "¿A quién?", entre cercanos, egoístamente pensé que podría ser el único más importante para ella, así que tratando de arreglar mi pregunta y volver a formularla se pudo notar la tardía invertida en ello, pues esta empezó a cuestionar. —¿Por qué lo preguntas? —Curiosidad —Respondí tontamente con rapidez—, Es que oí a alguien hablar del "querer". Al mencionar querer de un momento al otro sentí la vergüenza llegar a mí, otra vez se me había escapado algo absurdo e irremediable de remplazar, me cuestionaba por qué me sucedía esto ahora; de hecho, en este instante quisiera quedarme callado hasta que termine el día, es tanto así, que ni siquiera quiero observar su rostro. —Ah eso... —Dijo sorprendiéndome de la nada— Es como los cuentos de princesas que encuentran a su príncipe azul o algo así... siempre terminan en "felices para siempre". La verdad no sé cómo llego a esa conclusión, no quería reírme de su mundo fantasioso, aquel con el que asemejo, por el simple hecho de que su mirar era serio, no quería contradecirla, pero tampoco decirle que así era. —Ni idea... Opte por decir algo confuso esperando cambiar de tema repentinamente, pero por lo que vi en su mirada, podía deducir que sucedería lo contrario de lo que deseaba, para empezar, no solía leer cuentos y nunca me interesaron, solo me gustaba jugar, mientras soy consciente de lo que es real. —Lo que tú quieres saber es a quién prefiero como mi príncipe azul entre Haku y tú, ¿no es así? Respondió Asteria directa sonriéndome, no podía tomármelo a burla, de hecho, me agrada que piense de ello de esa forma; o por lo menos, por ahora, aunque ella este en verdad equivocada. — ¡Sí, eso! —Respondí rápidamente. Atento a la respuesta que me daría, pensé que podría darme el reparo que buscaba desde el comienzo, sí, he de admitir lo egoísta que puedo sonar, pero esta niña puede ser mi felicidad; Como le dije a mi nana, si yo la quiero y ella me quiere porque no ser felices hasta el final. —Supongo que a ti... —Explica—, Me llevo mejor contigo y puedo hablarte sin sentir pena, aparte eres casi de mi edad. —De pronto un ligero sonrojo se hace presente en su piel aperlada— Haku es muy difícil de entender. Su respuesta fue sincera... Pero ese sonrojó no fue para mí, sino para la persona de la que no podía entender, soy tonto, pero no ignorante. —¡Enserio! —Trate de disimular mis sentires porque las emociones nunca las intente ocultar— ¿Entonces se podría decir que me quieres más a mí que a él? Tal vez hice una pregunta manipulable en su respuesta, sabiendo que por el momento ella no sabe lo que dice ni interpreta lo que siente. La pureza de Asteria es el tesoro que Haku y yo queremos resguardar, pues ambos tenemos la personalidad más insostenible y cruel a nuestra corta edad, estamos condenados desde que tenemos plenos conocimientos de los actos más ruines encontrados en esta falsedad. —Creo que así es —"Crees"— ¿Y ahora? —Solo prométeme que nosotros tendremos un final feliz, como en los cuentos que lees. Le sonríe esperando a que me diga que sí, solo pedí que seamos felices, no que su felicidad sea a costa de que uno este con el otro, podre ser egoísta pero no un ser aborrecedor. — ¡Enserio! Asteria contesta sorprendida por algo que no esperaba escuchar, ya que solo lo leía en cuentos; me siento mal por saber que ella cree en lo que yo creo que piensa, pues esa felicidad tan irreal en su conocimiento es tan mágico y hermoso, mientras que por mi parte quema como no se tiene idea; esto desilusiona tanto como para no poder imaginarme a su lado. — ¿Me prometes que un día tú serás feliz conmigo y que nunca de los nunca me vas a dejar? Hice una pregunta tan codiciosa, pero desearía escuchar algo engañoso de su parte. Se que esta pregunta se le olvidara con el paso de los años, y que esta promesa se invalidara por la amnesia infantil. Hay algo que podría decir y es que tu felicidad se convertirá en mi infelicidad, y que, aunque me digas que te quedaras conmigo me dejaras... Porque la vida es cruel con los buenos y benevolente con los malos, pero por desgracia estamos colocados en el mismo barco. —Podría cumplir eso por ti, Daren... Mis mejillas se sienten calientes al igual que las puntas de las orejas ¿me he sonrojado al escuchar eso? Es posible que así sea. Al ver que ella tiene la mirada fija en mí es como creer que su promesa será ejecutada y en verdad espero que no pase porque la culpa de haber hecho que ella lo dijera me carcomería, evadí su mirada tratando de voltear hacia atrás, pero unas flores blancas evitaron que lo hiciera, eran unas gardenias muy bonitas, así que sin pensarlo dos veces arranque una y la oculte detrás mío, entonces volví a dirigir la mirada hacía Asteria. —¿Entonces cuando crezcamos vivirás conmigo para ser felices? —Creo que eso es lo que significa ser felices por siempre en los cuentos, así que... ¡Sí! Le ofrezco aquella gardenia escondida detrás mío y puedo ver una leve sonrojes en sus mejillas regordetas, ella la toma y me sonríe con una calidez indescriptible, por lo que, de igual forma, surge una sensación inefable en mí. —Daren, quiero mostrarte un lugar.
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