FENDER ASTARTÉ —¿Por él señor Zeru? —Cuestione alterado. —Sí, el señor Zeru nos ordenó a todos que le hiciéramos saber que nosotros ya no estamos bajo su disposición. —Dijo está directa— Sólo seremos sirvientes de la señora Diane y el joven Daren de ahora en adelante. —Aviso, después me dio la espalda y mientras caminaba hacia la salida iba mencionando— Hoy dejamos la mansión a su merced, cualquier queja hágala llegar al señor Zeru, sin más que decir nos retiramos. Como dijo Fiorella, todos los sirvientes me dejaron atrás con una expresión embarazosa en el rostro. Sin pensarlo dos veces, me levantó y voy directo hacia el teléfono haciendo una marcación rápida del número indicado en esa tarjeta. Al escuchar el sonido de la voz de aquel hombre que me apadrinó, distingo su molestia y decep

