DIANE SOLÍS BARRERA —Así es. —Respondí con firmeza—, pero no muchos están al tanto de esa información. Observe a mí hijo, quien sin querer se había manchado con el postre, de inmediato tomó un pañuelo y lo ayudo a limpiarse. —Señor Zeru. —Habló otro desconocido, sin embargo, en tono de arrogancia— ¿Podría decirme cual de sus chicos apadrinados es su mejor inversión? Levante la mirada a aquel desconocido y lo fulmine, este solo me ignoró y siguió con su asqueroso comportamiento y espero la respuesta del señor Zeru, Zeru solo se burlo y tomó vino de su copa, luego lo miro sin relevancia. —Mis chicos tienen cosas especiales, yo los descubrí cuando nadie creía que tenían potencial, eran joyas llenas de barro que solo necesitaban ser limpiadas hasta hacerlas relucir. —Me observó y alzó su

