-1976- DIANE SOLÍS BARRERA Bajo la mansión siempre hay un área para los hombres de papá, sus rostros siempre traen cicatrices nuevas y eso por alguna razón me duele hasta mí, el olor que siento al recorrer el perímetro siempre es el mismo, sudor y sangre. Me dirijo con pasos sigilosos a una mesa central en la que hombres se logran apreciar eligiendo armas tanto de fuego como blancas; estos al verme me saludan con cortesía, pues soy hija del matón favorito del señor Zeru quién mantiene a flote este hogar y a estos hombres a mi lado. —Oh vamos, no hagan eso. —Señorita —Habló él mano derecha de mi padre—, no podemos dejar de lado nuestra cortesía y formalidad. —Bien, entonces Kenta, lo que está en la mesa ¿es todo? —No, señorita. El señor Zeru nos proporcionó más, solo que no hemos de

