Capítulo 23. Ira.

1000 Palabras
DAREN ASTARTÉ SOLÍS —¿T-tengo una hermana? —pregunte a mi padre, mirándolo con lágrimas sobre mis mejillas. No debí de escuchar, cometí una falta en el momento en que vi la puerta semi abierta. Tenía que alejarme y huir de este balde de agua fría que me habían tirado. Sentía una fuerte opresión en el pecho por enterarme de esto; no podía evitar dejar llorar, mi padre con aflicción se puso de cuclillas y me abrazó con tanto aferró, no pude negarme, pues no había más que mi padre para consolarme en este momento. Un conflicto interno me impedía reaccionar como se debía y un pensamiento que ilustraba el rostro de mi madre sufriendo hizo que mi dolor aumentará y un odio punzante emergiera, mi progenitor no solo me había fallado, sino que también nos había engañado descaradamente. No debería de estar llorando, estás lagrimas ni siquiera puede merecerlas este hombre; tal vez no sean por el dolor que ha causado, quiero decir, la tristeza se ha esfumado. Lo detesto, no sé. Lo único claro que tengo, es que ahora sé que tengo una hermana, si ella es aceptada, no volveré a sentirme solo en casa, no obstante, debe de haber alguna razón por la que padre la está ocultando. Algo no muy bueno, un tanto desleal. Demasiado indigno. Él señor Joseph nos observó en silencio a una distancia considerable, este de inmediato se acerca y con incomodidad menciona. —Es mejor que entren al estudio, si no quieres que mis sirvientes miren a tu hijo llorando en los pasillos y se enteren de lo que esta sucediendo. Papá enseguida toma de mi mano, luego lanza una mirada de recelo al señor Joseph; Este no emite nigun comentario, simplemente está ahí, expresando una pesadumbre al acto desconsolador. —No debiste preguntarme nada, estar interrogándome por ellas fue una equivocación grande, un gran desliz cuando mi familia se encuentra cerca. ¿Querías que esto pasara? Sin más, sin dejar que el señor Joseph respondiera, padre me jala de la mano dejándolo a él atrás; en el momento que nos adentramos a la sala principal captamos la atención de las señoras y Asteria, ya que mis ojos se encontraban completamente rojizos. —¿Qué te pasó Daren? —preguntó mi madre mortificada. —Él se cayó —Mintió mi padre a lo que lo observé con confusión, al querer mencionar que no era así, sentí un apretón fuerte en la mano que él aún tenía sujeta. —¿No es así Daren? —Entendí su forma de encaminarme a mentir. —Sí, me caí. GLENDA GLESH Ese apretón, el sudor en el rostro de aquel hombre, todo era familiar; el tiempo sé encargaba de que no lo recordará, pero lo hace para que distinga lo detestable que está siendo Fender con su hijo; apretar la muñeca de su pequeño me hizo rememorar cuan sufrible fue mi infancia; un método que sin dudas también había sido usado para manipularme. Sin poder contenerme, me acerqué a su lado con una cara inexpresiva, se me había caído la farsa y entre susurros le expresé. —Si vuelves a hacerle eso a tu hijo para manipularlo enfrente de mí, te arrebatare al niño sin dudarlo ¿entiendes? —¿Cómo podrías arrebatármelo si ni siquiera tienen parentesco? —No lo tendré, pero puedo hacer lo mismo que hizo mi suegro contigo y Santher. —Comente sin dudar— Puedo apadrinar al pequeño haciéndolo un hombre de bien que pueda defenderse de gente como tú. Fender sonrío y de inmediato miro a Diane. Sin dudas es una escoria difícil de leer como de tratar, creer que podía evolucionar para bien, es algo muy distante e irreal. No comprendía como mi suegro selecciono a este maldito como una joya, ni tampoco él como tuvo la amabilidad de apadrinarlo. Lo sensato era matarlo al descubrir lo tanto que le había fallado. —Es momento de irnos, por favor lleva primero a Daren al auto. —Expresó aquel en modo de orden. Diane quien tomó del pequeño de la mano de inmediato agradeció por la hospitalidad, luego se despidieron de Asteria quien entregó el detalle por el que había ido a la cocina y en consecutiva Joseph llegó a sala principal, antes de que estos se fueran. —¡Tú! ¡Detente! —Vocifere a Fender con autoridad. Joseph quien no entendía la situación áspera, vio a nuestra hija un tanto temerosa por la actitud que estaba tomando, no podía permitir que ella escuchara y observará la situación así que de inmediato Joseph tomó a Asteria entre sus brazos y se retiró con ella muy lejos de la sala principal dejándonos a este desgraciado y a mí atrás. —Glenda, si quieres apadrinar a mi hijo no te detendré, pero tú no sabes nada de mí. Antes de juzgarme primero júzgate a ti misma. —Yo sé lo que soy, no obstante, no tienes el derecho de hacerle eso a tu hijo. Lo único que ganarás es que te odié, o tal vez ya te odié y solo está guardándote más resentimiento del que te puedas imaginar y te arrepentirás de lo que le estas provocando. —¿Ya terminaste? —Interrogo con suma arrogancia y al no escuchar alguna respuesta de mí, prosiguió—, bien, disfrute de su amabilidad disfrazada, tenga una hermosa tarde señora Rendor. —Fender, —musite molesta— espero que algún día te pudras en el infierno. —Lo mismo digo, Glenda. DIANE SOLÍS BARRERA Al salir de la mansión y al entrar al auto pude divisar con detenimiento la marca rojiza en su muñeca, la sangre me comenzaba a hervir lentamente, Fender cruzó la línea, una que había sido acordada. Mi hijo es lo más valioso que tengo y ni su padre podrá afrontar las consecuencias de mi ira. —Daren, sé honesto ¿por qué tienes los ojos llorosos? —Mamá no puedo decirte. No quiero lastimarte, no a ti.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR