El avión descendió suavemente, rozando las nubes que se deshacían como algodón de azúcar bajo el sol tropical. Había pasado siete horas en el avión, y estaba ansioso por estirar sus piernas, sintiendo la humedad de la selva colombiana, envolviéndolo en un abrazo cálido y húmedo. Al salir del aeropuerto, el aire caliente le golpeó la cara como una bofetada, cargado del aroma intenso de frutas exóticas y tierra mojada. Su mirada se posó en un deportivo rojo brillante estacionado en la zona de recogida de pasajeros. Era imposible no notarlo. El vehículo parecía un felino agazapado, listo para saltar. Al lado, impecablemente vestido, estaba su jefe, una sonrisa irónica curvando sus labios. —Vine personalmente a buscarte —dijo Jayden, sonriendo. Calvin soltó una carcajada, aliviado de ver a

