Un día agradable

1163 Palabras
Caundo estaba llegando a mí casa me encontré con una hermosa sorpresa, toda la cuadra donde vivía estaba sin luz estaba completamente a oscura, "No puede ser, esto no puede estar pasando. ¿Justo el día de mí cumpleaños?". Después de haber trabajado toda la tarde para conseguir dinero y compartir con mis amigos la energía eléctrica me traicionaba, aquello tenia que ser una broma. Estaba muy cansada y sucia, solo quería terminar el día junto a mis amigos, mí madre, Lucas y nuevamente Lucas, era todo lo que pedía pero evidentemente el destino no estaba a mí favor tenía que hacerme una mala jugada. Mientras iba luchando contra mí mente y me quejaba de la cituacion algo extraño comenzó a suceder, las luces comenzaron a encenderse, dije gracias reiteradamente, pero me había dado cuenta de que esta vez no era normal, había guirnaldas colgadas de todos los colores de un extremo a otro, una mesa ubicada en medio de la calle adornada de manteles diferentes (seguramente eran todos prestados). No pude contar la cantidad exacta que había de personas acercándose hacia mí cantando feliz cumpleaños, no podía creerlo estaba tan feliz, no puedo negar que mis ojos se humedecieron. Ví a mis hermanos entre aquellas personas jugando con estrellitas echas de papel, a mí madre parada al lado de su pareja sonriéndome, se dirigió lentamente hacia mí con algo en las manos, apreté fuerte mis manos para contenerme, sentía muchas ganas de llorar, ella me dio la vuelta y coloco al rededor de mí cuello una cadenita con el número quince, me beso y dijo.– Todo esto es para ti De'laila, por ser una buena niña.– Juro que la abrace tan fuerte en forma de agradecimiento y solo pude decir Gracias mamá. Los invitados aplaudían con euforia, Lety salió de donde estaba escondida y me tomándome de la mano me llevo de la hacia el interior de mí casa.– ¿Que sucede?.– Le pregunté mientras prácticamente me arrastraba. – ¡Vamos, vamos que tienes que peinarte , maquillarte y ponerte tu vestido!. – Pero no tengo nada, solo el vestido que me trajiste. – Ya lo sé tontita , por eso traje los maquillaje de mí madre y este aerosol que no se para que es pero lo traje.– Tenía miedo de lo que Lety podría hacerme con todas esa cosas en su poder, pero confíe y dejé que me ayudará. Comenzó a maquillarme, luego tomo unas hebillas y las coloco sobre mí cabello largo y oscuro. – Trataré de hacerte rulos.– Dijo dándole formas onduladas a mí cabellera, solo recuerdo que no vimos cuando era la fecha de vencimiento de aquel producto, lo único que puedo decir era que mí cabello había quedado más duro de lo que esperabamos, por dos días. Después de un rato mí madre vino a ver qué sucedía que no salíamos, al verme ella dijo.– Ya eres toda una señorita.– Me miró como si supiera que aquella niña que ella estaba criando iba desapareciendo de apoco, tomó mí mano y me llevo afuera. Desde mí portón hasta las mesas que estaban ubicadas en medio de la calle se encontraban esperándome quince chicos de un lado y quince chicas del otro dejando un espacio en el medio para que yo pasara, los varones tenian una margarita en sus manos y ellas una vela encendida. Pase junto a mi madre y tome cada flor y apague cada vela, la cuál era una tradición que se hacía en cada cumpleaño número quince en el país en el que viviamos. En el final de la fila de chicos estaba la persona a quien más esperé en todo el día, Lucas, con una sonrisa muy grande el estaba esperándome como si se sorprendiera de algo, me emocioné pero no lo demostré, el tenía que saber que estaba enojada. – ¿Me esperabas?.– Pregunto mientras me daba la flor. Dijo.– ¡No!.– Tratando de ocultar la emoción que tenía. – No fue lo que me dijeron.– Sonrió mirando a mí madre. El me tomó de la mano y me llevó junto a una silla donde quiso que me sentará, Detrás de su espalda sostenía un objeto que lo puso sobre mí cabeza, era una corona de princesa, tenía piedritas verde, la luz hacia que brillarán junto con las piedras de mi vestido. Luego se arrodilló he intento levantar el poyeron de mí vestido.– ¡Lucas!.– Dije avergonzada, todos estaban mirándonos. Pero él tomo mí pie izquierdo, y quitó la zapatilla que traía puesta, quise esconderlo nuevamente, pero el solo me miró sonriendo, lo volvió a tomar, y de interior de una caja celeste, saco un par de Guillermina blancas. – Una princesa debe tener su corona, y unos zapatos nuevos, aunque sean Guillermina, teniendo en cuenta de que está princesa no sabe caminar con tacones. Lo mire avergonzada, mí cara se volvió roja y dije.– Gracias por ser mí mejor amigo. El volvió a tomar mí mano y me llevo hasta un lugar que habían preparado para bailar, tampoco sabía bailar. Era una princesa moderna pero que le faltaba varios atributos. Pusieron un vals y dije con voz baja.– Lucas, Lucas no se bailar. El colocó mí mano derecha junto a la suya , la otra la puso sobre su hombro, y su mano que quedaba libre lo apoyo con delicadeza sobre mí cintura. Él era más alto casi diez centímetros, desde allá arriba el inclinaba su cabeza para mirar mí rostro, no paraba de sonreír, me dijo.– Hoy es un día solamente especial para ti De'laila, solo sígueme y no pasarás vergüenza. Un pie en movimento hacía el costado y luego hacia el otro y el ritmo comenzó a encajar con lo que hacíamos. – Ya lo ves, no tienes dos pies izquierdo como lo dijiste.– Lo golpeé levanté por el brazo, el me hacía muy feliz. Lucas tenía cabello crespo ondulados, n***o, siempre se peinaba hacia atrás, no necesitaba fijador para que su cabello quedará en ese lugar, sus dientes eran perfectos, blancos, hasta ese momento no me había dado cuenta de que tenía una hermosa sonrrisa, que bello era caindo sonreía, traía puesto una camisa blanca que faltaba prender dos botones, y eso hacia que se pudiera ver un poco su piel. Recuerdo que tenía un pantalón n***o y un cinturón con hebilla brillosa, sus zapatos estaban tan lustrado que podría verte en ellos. Hasta ese momento no recordaba que él usaba perfume, era un poco extraño por qué nos pasábamos todo el día junto, pero esa noche el aroma tan agradable de sus prendas me invitaban a recostarme por su pecho. Pero de ninguna manera lo haría, ¿Que me estaba pasando?. ¿Cómo podía ser que nunca antes me había dado cuenta de eso?. Me sentía extraña, algo raro sucedía dentro de mí y no podía dejar de mirarlo.
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