Alessia Era horrible.El primer día me mordió una rata. Sentí los dientes afilados desgarrar mi piel y grité, grité hasta que la garganta se me rompió, pero nadie vino. Ni uno solo de esos cobardes guardias que me veían como una diosa se atrevió a acercarse. El suelo estaba húmedo, el aire olía a moho y a sangre seca. Pensé que, al menos, me traerían agua o pan, pero no. Pasaron las horas, los días, y solo el sonido de los pasos de los guardias, allá arriba, me recordaba que seguía viva. Por un pequeño orificio en la piedra distinguía la luz: así sabía cuándo era de día, cuándo llegaba la noche, y cuándo mi mente empezaba a quebrarse. La segunda noche fue peor. Las ratas ya no me temían. Sentía sus patas recorrerme las piernas, el cuello, el cabello. Intenté mantener la calma, pero el

