Hacer o no hacer.

1284 Palabras
El semáforo se mantiene en rojo. Estoy en el cruce de caminos, coches pasan. Zumban. Como mis pensamientos, zumban. Mi mente Hamletea: En mis manos tengo múltiples vidas, y con ellas múltiples muertes. Mis sentimientos traicionan, muerden y sancionan cada idea que esta engendra ¿Qué estoy haciendo? Como un perro que sigue su propia cola, corro en círculos intentando alcanzar lo inalcanzable, muy a sabiendas de que si lograra alcanzarlo sólo podría lastimarme. Mi corazón dice: “detente”, mis dientes siguen mordiendo al aire. Una mujer, muerta. Querida madre de un hijo, de amor necesitado. Separada de él hasta el eterno… … descanso, necesito un descanso. Pienso en la brisa, la brisa de aquel día. ¿Acaso esa brisa era una son-risa? ¿Un suspiro de tranquilidad? Quiero creerlo así. — Ayudaré a que esto se resuelva — le prometí a su hijo. En ese momento corrió una brisa. Me había comprometido, aún sin entender. Tal vez aún no entiendo nada. ¿Debo ahora faltar a la promesa? Ahora… ¿Quién soy yo para faltar a una promesa hecha al filo de una lapida? Lapida de piedra enmohecida, Anunciando eterno descanso interrumpido, Por el peso de una inconsciencia culpable y sin embargo, libre del peso de un horrendo acto cometido. Como fuego… Un edificio en llamas cae, Si nadie sabe que se cometió un crimen… ¿Acaso importa? No, parece ser que no. Me rasco la cabeza, sudor cae por mi frente. ¿Cómo me atrevo a negociar esto? Una promesa es una promesa. Al mismo tiempo, si no hago nada; nada pasará. Carlos sigue con su padre, tal vez llegue el día en que ambos puedan entenderse. Tal vez incluso llegue el momento en que Juan Carlos le pida perdón a sus hijos por lo que ha hecho. Tal vez yo esté ahí, al lado de Carlos. A su lado en el momento más feliz de su vida, el momento en que pueda ser aceptado y comprendido por el hombre que debió darle todo y nunca le dio nada. Tal vez… Tal vez ese día no llegue nunca. Me aferro a una vaga idea del tal vez, el acaso, el quien sabe. Dudo demasiado. Tengo miedo. Una mujer pasa al lado de mi coche, vendiendo agua a los carros estacionados. Le hago una señal y compro tres botellas de litro. Mi garganta está seca, mi mente está aún peor. Tomo uno tras otro, sin pensarlo. Sin detenerme. A la mitad del segundo me pongo a toser. Quiero vomitar. ¿Qué estoy haciendo? Me acomodo la camisa. Tengo demasiado calor. Calor: Estoy ardiendo. Ardo como si mi coche estuviera en llamas, en mi mente escucho los gritos de personas corriendo. Intentando escapar. El edificio alrededor de nosotros se derrumba. Grito de horror. Estoy llorando. Elizabeth, su nombre era Elizabeth. Eli, como su nieta. Su nieta... Jamás conocerá a la niña que hoy porta su nombre. Su amable rostro, y ese hermoso sueño dorado, cumplido al fin. ¿Que diría ese corazón hecho polvo hacía años, si hoy pudiera verla? Una vida perdida, ¿Porqué? Centavos. ¿Eso vale una vida? Recuerdo el rostro de su hijo, Los dos lloramos mientras hablaba de mi madre. Las lagrimas corriendo como ríos por madres perdidas, por la inevitable y cruel corriente que a todos nos espera. Lloramos por la finalidad a la cual la carne es heredera. Y todo, por mi madre. Mi madre, ¿Qué diría ella si me viera ahora? Poniendo el pellejo de por medio por quien no lo merece. Vendiendo la justicia por una vaga idea de reconocimiento que ni siquiera es para mí. ¿No debería eso hacerme más un aliado de Samuel? Dos madres, muertas. Dos hijos, abandonados cuando más necesitaban de ellas. Pero sé que no es lo mismo, Mi madre en paz descansa, la suya en eterno ensueño espera. Un mundo dividido, dos vidas hay en mí. Una me pide calla, por tu amor, calla. La otra, me obliga a gritar, por justicia, grita. Sin resolverse entre ellas, opuestas en todos sentidos. Hacer o no hacer. ¿Esa es la cuestión? No, no es sólo eso. Si por Juan Carlos fuera, con gusto lo condenaría, no soy quien para arrebatarle la justicia a los condenados. Sus acciones lo han llevado a una caída. Más sé que le debo todo a Carlos. Dice que yo le he ayudado. Que ridiculez. Él me lo ha dado todo, yo sólo he estado a su lado mientras su vida pasa. Me ha hecho cambiar, me ha hecho despertar. Antes de él, deseaba sólo una vaga idea. Nada concreto. Tal vez me fuera a un lado, tal vez me fuera a otro. Pero eso sólo era una excusa. Ahora lo entiendo. Quería escapar de mi mismo. Ahora quiero descubrir todo lo que hay dentro de mí. En erótica pasión aún no consumada entiendo ahora que le deseo, con toda mi alma. Más allá de eso… Lo amo. ¡Qué magnifica revelación sería si no fuera porqué estoy apunto de condenar a su padre! Si tan sólo nos hubiéramos conocido en otras condiciones… Me doy asco. Maldito gusano, larva infeliz. Criatura parasitaria, En eso me he convertido. Espiando a su familia, dudando de ellos; trabajando en secreto. En un ciclo sin fin de sufrimiento, del cual soy parte. No importa si alguien me obligó en un principio, Como cobarde acepté, dejando que un rencor interno, una vaga sensación de impotencia me dejara llevar. Debo dejar de mentirme a mi mismo, YO quería esto. Esa es la única verdad. ¿Cómo más puedo explicar qué me metiera de manera tan profunda a investigar? ¿Acaso no quería esto, el poder encontrar verdaderamente pruebas de lo que ya creía cierto antes de siquiera comenzar? ¿Y acaso qué no he encontrado sino la verdad? Gente despedida, sin casa. Gente que nunca volverá. Un hombre culpable que abarató los costos por unos cuantos centavos condenando a gente inocente. ¿Cuantos de ellos corrieron por los pasillos, intentando salvarse? ¿Cuantos de ellos corrían, gritando, mientras las llamas los alcanzaban? — Hay una fila interminable de personas que desean su muerte y tú, niño. Eres el último en ella — me había dicho el Señor Jefe. Ahora por fin entiendo. No los culpo, ni un poquito. Me siento atrapado en lo que es correcto para las victimas, y lo que es correcto para ayudar a Carlos. ¿Si le quitara a su padre cuando ahora más lo necesita, que sería de él? ¿Me odiaría? ¿Acaso él mismo no es una victima de su padre? ¿Acaso no hace poco a golpes lo agarró? Distintos moretones, todos por cada año de insultos y humillaciones. ¿Pero acaso tengo el derecho de meterme en la vida de otros? ¿Y si no lo hago, en mi inacción no estoy ayudando a que siga haciendo lo mismo? Más aún ¿Si me callo, no terminaré como ese anciano? Ciego, arrepentido, paranoico. Permanentemente, moralmente hundido. — Quiero arreglar las cosas con él — me dijo Carlos. Si tan sólo no hubiera llamado, con gusto estaría entregándolo con quienes quieren acabarlo. Policías, asesinos. Que más da. ¿Soy egoísta? La respuesta es sí. ¿Soy inmoral? Sí. ¿Voy a entregar a Juan Carlos al grupo? Escucho el claxón de los coches, el semáforo está en verde. La gente detrás de mí me piden que avance. Yo también quiero avanzar. Si tan sólo no quedara duda, si tan sólo pudiera saber la verdad de su misma boca. De sus labios. Cierro los ojos, tomo valor, y tomo una decisión. El coche avanza sin detenerse, Sé lo que debo hacer.
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