«No te daré este placer». ―Respiro hondo obligándome a calmarme―. «Debo retomar el rumbo inicial de la conversación, debo contenerme». ―Aprieto los puños para ayudarme a liberar mi molestia―. «Demostraré lo que Mike me enseñó».
― ¿Qué pasó? ¿Te quedaste sin palabras? ―inquiere con una sonrisa ladeada.
―Jamás me quedo sin palabras―, respondo de golpe―, pero no voy a contestar a un intento desesperado de que pierda los estribos―. Muestro una leve sonrisa―. Más bien, si no tienes nada más importante que decirme―, me puse de pie y sacudí mi ropa―, me retiro.
― “Mi padre” me indica que me vuelva a sentar―. Se nota que has crecido, ni tus palabras ni actos son tan impertinentes―, suspira―. Lástima que en la mañana no te diste la oportunidad de demostrarlo y explotaste como un niño en una pelea escolar.
—Volteo los ojos y vuelvo a fijar mi mirada en él―. ¿Vamos a hablar sobre un tema importante o no?
—Él ríe, amargo, y se acomoda en su asiento—. Es increíble lo mucho que has cambiado, hijo.
—Me gustaría decir lo mismo—. De nueva aparece aquella vena en su frente.
—Sé que no estás a gusto aquí, pero espero entiendas mis razones.
―Créeme, nunca entenderé tus razones.
—Suspira frustrado―. Sé que nunca antes hemos tenido la oportunidad de hablar, pero espero que seas capaz de escucharme―. Clava sus ojos oscuros en mí―. Por lo menos una vez.
―Suspiro resignado―. Dilo sin dar tantas vueltas, no me gusta divagar.
―Sonríe―. Eres tan parecido a mí.
―Niego―. No lo soy, pero eso no viene al caso.
―Alton, de verdad, me gustaría…
―No trates temas sentimentales―, lo interrumpo―. Ve al grano, di las cosas tal cual.
―Suspira―. Hijo, yo…
―Dime―, insisto―. Dime el verdadero motivo por el que me obligaste a venir.
―Mis palabras lo incomodan, lo noto porque se mueve en su lugar―. ¿Por qué crees que quiero hablar de eso?
―No soy tan despistado―, reí sin gracia―. De pronto te preocupas por mí, el hijo al que nunca ansiaste ver―; “mi padre” tiene la mirada clavada en mí―; por primera vez me obligas a venir, usando un pretexto tan básico―; él mantiene la vista en cada uno de mis movimientos―, y ahora―; desvió mi mirada a la casa―; me entero de que Mónica está embarazada―. Vuelvo a mirar a “mi padre” ―. ¿Me vas a decir que solo fue una coincidencia?
―Es cierto―. “Mi padre” da su décimo suspiro en lo que va de la conversación―. No eres tan distraído―, falso alago―, pero no todo lo que dices es verdad.
―Tomo un vaso de agua de la pequeña mesa de centro que nos separa―. Entonces―, alzo una ceja―, ¿vas a poner las cartas sobre la mesa? ― «No le permitiré desviar nuevamente la conversación».
―Él, resignado, se sirve un vaso de Wisky y da un trago―. Mónica tiene 2 meses de embarazo―, empieza a contar―, y por su edad, el embarazo es de riesgo―. Se nota que le está costando decir aquello, ha apartado la vista y trata de clavar la mirada en las calles vacías―. Por la situación, creí que sería mejor para ella si estuvieras aquí, sabía que le haría muy feliz y podría sobrellevar mejor el embarazo.
― ¿Por qué no le dijiste eso a mamá? ―recriminé―. Metiste la universidad, mi carrera, mi futuro… ―Tengo que controlarme para no levantar la voz―. Trataste de intimidar a mamá, hablaste sobre un invento de proyecto―. Aunque medía mi voz, sabía que no podía esconder la molestia―. ¿Todo por el embarazo de Mónica?
―Niega―. Justo después de que tomé la decisión de llamarte, los socios de la asociación nos juntamos―, trata de explicar―, a uno de ellos se le ocurrió un proyecto, pero para desarrollarlo necesitan que los sucesores por fin se conozcan―. Volvió a acomodarse en su asiento―. El proyecto será creado por ustedes, pero, para llegar a eso, necesitan trabajar juntos y eso significa que deberá existir la presentación oficial.
―Así que tuviste suerte de que todo se manejara a tu favor.
―Fue una coincidencia.
«No lo creo». ―Cierro los ojos y vuelvo a respirar hondo―. «De verdad estoy haciendo un esfuerzo sobrehumano por no pelear».
―La empresa la formé para ti y Libby, ustedes son los sucesores, así que deben participar en este proyecto―. Inconsciente, “mi padre”, se toca el cuello y vuelve a mirarme―. Además, en cuanto tú te gradúes, la empresa quedará a tu nombre y el de tu hermana.
―Mientes―. La duda se clava en su rostro―. Mientes cuando mencionas a Libby.
―No miento, la empresa…
―Si Libby y yo somos tus sucesores, ¿por qué no la has llamado? ―Se queda en silencio―. Dímelo, ¿por qué ella no está aquí?
―Libby también será dueña de la empresa―. Desvía la mirada―. Pero como sucesor oficial solamente eres tú.
―Es ridículo, no soy tu primogénito, ¿por qué debería…?
―Porque eres mi primer hijo hombre.
Por primera vez quiero darle un golpe en el rostro a mi padre, sabía que era un desgraciado y un imbécil, pero nunca pensé que sería misógino. Menos, si se trataba de su “princesa”, su “hija adorada” y la “niña de sus ojos”.
Él parece interpretar mi silencio, empieza a parlotear defendiéndose con argumentos baratos, pero no lo quiero escuchar. Quiero marcharme a mi cuarto, pero sé que todavía falta terminar esta conversación, para mi desgracia.
―Ninguno de nosotros está interesado en tu empresa―, ataco lo más sutil que puedo―. El hijo que tendrás con Mónica puede tomar la empresa, no nos importa.
―La empresa Green-Wood S.A.C. nunca será para él―. Su tono es serio y frío―. Es solamente para la descendencia de los “Green Wood”, eso implica que ese bebé solo podrá tener una parte de ella si ustedes así lo deciden.
—Pero no queremos la empresa―insisto―. ¿Por qué no te la quedas y se la entregas cuándo sea mayor?
«Libby y yo hablamos muchas veces de este tema, ninguno está dispuesto a tomar el control de la empresa que destruyó a nuestra familia».
—Tu madre y yo creamos esta empresa con mucho esfuerzo―, respira hondo y continúa―, además de todo lo que hubo de por medio―. Asiento, comprendo a lo que se refiere―. No me parecería justo entregárselo al bebé.
—Me quedo en silencio unos segundos mientras pienso en lo que hemos hablado hasta ahora―. Hay algo más, ¿no es así? ―Él traga saliva, incómodo, y me esfuerzo por mantener la compostura―. Mi madre no sabe que Mónica está embarazada―, clavo mis ojos en él y se mueve nervioso―, ¿no? —El silencio sepulcral vuelve a aparecer indicándome que mi pregunta ya fue respondida—. ¿Por qué no se lo has dicho? ―La tensión en el ambiente ha aparecido de golpe.
—Tu madre... tu madre y yo nos llevamos bien―, mis palabras son torpes―, pero seguimos siendo exesposos—. De nuevo sus excusas—. No sé cómo se tomará el hecho de que Mónica esté embarazada y yo... —Otra vez el silencio.
—¿Y tú qué? ―insisto, esta vez con fastidio.
—Que yo vaya a dejar de trabajar para encargarme de ella y el bebé.
Aquella confesión cae como un balde de agua fría sobre mi espalda y no puedo evitar levantarme de golpe, “mi padre” hace lo mismo y levanta las manos. Pide que le dé otra oportunidad para explicarse, pero se me acaba la paciencia y quiero evitar una pelea que preocupe a Mónica, pero él no me lo permite y sigue hablando.
—Quiero ser un buen padre, Alton, para ustedes y el nuevo bebé—. Frota sus manos, incómodo—. Sé que cometí errores con ustedes y tu madre, pero quiero ser mejor con el nuevo ser que viene en camino. Quiero estar para él, pasar sus días y sus fiestas con él. Quiero que él nunca dude del amor que su padre le tiene.
—Usarás a tus hijos fallidos para que tu nuevo bebé sea feliz—. Niega, pero no me importa―. No te preocupes, le diré a mamá y Libby que serás padre―, sonreí triste―, y que esta vez si serás un buen padre.
—Alton, hijo…
—No quiero que volvamos a hablar del tema, solo te haré un pedido.
— ¿Qué deseas?
—No le falles al bebé—. Trago saliva, amargo—. Nunca le hagas sentir que lo que vivió fue su culpa y nunca, pero nunca permitas que dude de tu amor a él.
—Alton…
—Solo de eso te debes preocupar de ahora en adelante―. Siento el nudo en mi garganta que hace presión y me impide respirar―. Libby y yo estamos y estaremos bien sin ti, así que olvídanos―, suspiro―. Pero eso sí―, “mi padre” me mira―, no aceptaré la empresa, Libby tampoco lo hará. Te seguiré el juego, hasta que acabe el mes, pero al término de este, volveré a casa―, sentencié.