Anxiety (parte 2)

1903 Palabras
Busco el grupo que tengo con Alex y Kev. Los necesito, necesito su ayuda. No puedo con esto, no puedo solo. Escribo: Por favor, ayu... Me freno al instante, si yo estoy asustado, ¿cómo estarán ellos? Ale se culpó mucho tiempo por la muerte de Mike y por exponerme, Kev por no salvarme "a tiempo", ¿qué iba a decirles? Pasé mi mano por mi rostro numerosas veces tratando de mantener la calma. Mi respiración a logrado regularse y el sudor a desaparecido. La ansiedad está luchando con los pocos pensamientos racionales que aún tengo, pero voy ganando, por el momento. Mi corazón sigue latiendo rápido, aunque menos fuerte. Debo seguir así, ¿pero cómo? Mi cabeza trata de encontrar soluciones rápidas, pero solo aparece él. Quizás él tenga la respuesta. Busco entre mis contactos y ahí esta, "el niño". Marco su número sin pensar. -Hola... A... -No digas mi nombre-. Lo freno de inmediato-. ¿Alex está contigo? -Sí-contestó extrañado-. ¿Qué ocurre? ¿Todo está bien? - ¿Puedes ir a un lugar en donde no esté él? -Susurré-. Por favor. -Voy-. Escuché cómo se levantaba. -Niño-. Lo llamó Alex-. ¿A dónde vas? -Debo atender esto afuera-. Pude imaginarme el rostro de mi amigo negando-. No te preocupes, volveré rápido-. Sin decir más cerró la puerta, aquel chirrido característico se escuchó. Después de suspirar, habló-dime, ¿qué ocurrió? -Yo...-. Me niego a decirle al niño que estoy asustado. Me quedo en silencio unos segundos pensando que debo hacer. -¿Ocurrió algo en el bus? -No, no, solo...-. Me muerdo el labio inferior, nervioso-. Es que... Es que... -Me doy un golpe mental-. «¿Por qué no solo lo dices y ya?»-Suspiro-. ¿Cómo... cómo puedes tranquilizarte cuándo viajas?-Silencio al otro lado de la línea-. «¿Fui muy rudo al preguntar?»-Digo... -Los recuerdos pueden ser más fuertes en este tipo de situaciones-. Susurra-. Más cuándo viajas solo-. Asentí levemente, de verdad él me comprende-. Cuando... cuando Héctor... -Siento el leve temblor en su voz-. Cuando Héctor nos llevó-dice más seguro-. Nosotros estábamos limitados. Sin celular, sin hablar... -Nuevamente una pausa-. Bueno... eso-sintetiza y respira hondo-. Esto es distintos, no estás amarrado de manos. -El camino es largo. -Pero puedes ver afuera. -El carro frena en ocasiones. -Asómate a la ventana y mira por qué. -No, no puedo-hablo en voz baja. -Si puedes-. Me animó-. Intenta. Asiento, aunque no me creo capaz. Con mucho pesar despego las cortinas, lo más lento posible. Mi corazón se detiene por la reciente frenada. Tengo los ojos cerrados, me cuesta abrirlos, pero me obligó a hacerlo. Un brillo, lo suficientemente fuerte como para dejarme ciego, se hace presente. Las luces traseras de los autos, que están a nuestro alrededor, alumbran el camino hasta el peaje más cercano. Hay algunas personas con chalecos amarillos indicando el camino. Respiro más tranquilo, por eso el carro frenaba y disminuía la velocidad. Sonrío para mis adentros y vuelvo a responderle a Aiden. -Gracias, chico. -De nada, Alton-. Lo escucho reír por lo bajo-. Cualquier cosa escríbeme o llámame, estaré al pendiente. -Rio-. No te preocupes, no quiero interrumpir tus noches "locas" con Alex. -La verdad, no... -No te preocupes, Alton-. La voz de Alex-. Siempre puedo retomar mis noches locas. -¡Alex! -Reí-. «Ale siempre avergüenza a Aiden»-. Me lo imagino rojo hasta las orejas por el comentario de su novio-. De acuerdo, de acuerdo-respondo aliviado-. Dile gracias a tu niño. -Se lo diré-contestó-. Ah, y Alton... -¿Eh? -La próxima vez-bajo el tono de voz-que no te dé pena decir que tienes miedo-. Aclara su garganta-. Es normal, más después de todo lo sucedido. Asiento. Siento un nudo en la garganta y ya no puedo hablar. Sin decir más, corto. Espero no haber interrumpido. Busco mis audífonos y vuelvo al mundo de la música. El cansancio me hace bostezar. «La tortura ha terminado, puedo tratar de disfrutar el viaje». Duermo plácidamente con la canción "It's gonna be my" de fondo. Mis pensamientos por fin se han calmado y la voz en mi cabeza desapareció. El ambiente es relajado y puedo mantener la compostura. Mi cabeza descansa, pero sigue alerta. Escucha cada mínimo ruido, las respiraciones pausadas y los susurros de las asistentes del bus. También le presento atención a la velocidad. Mis ojos se abren de par en par cuando siento que la velocidad baja hasta casi quedar estático. Mi corazón late rápido, por quinta vez en el viaje, y me aferró a los brazos del asiento. El carro frena, suave y despacio, por lo menos así me parece, pero me mantiene alerta. El anuncio del conductor me hace saltar de mi lugar. Otra vez mi pierna se mueve de manera involuntaria. -Llegamos a Dowel-. Anuncia por el megáfono-. Por favor, los pasajeros pueden bajar-. Aclara su garganta-. En orden. Veo como cada uno de los pasajeros se pone de pie, algunos con niños o parejas, muy pocos solos. Sacan sus maletas de mano que se encuentran arriba de los asientos y forma una fila en el centro del pasillo. Por lo menos la mitad de los asientos quedan libres y uno a uno van desapareciendo de mi campo de visión. Entre subidas y bajadas me mantengo alerta. La ansiedad vuelve a golpearme con brusquedad. Miro mi celular, han pasado dos horas. Suspiro para tratar de calmarme, pero es imposible, mi cabeza me obliga a estar más alerta. Mantengo mi vista en la puerta hasta que se cierran por completo. El bus retoma su camino y por treinta minutos trato de conciliar el sueño, pero ya no puedo. Vuelvo a repetir la rutina de la segunda y tercera hora, ida y venida al baño. Las asistentes me miraron, en ocasiones divertidas y en otras preocupadas, aunque ninguna preguntaba nada. Son las nueve de la noche, por fin llegamos a Baevil. El anuncio fue lo más tranquilo del viaje. Me pongo de pie y saco mi mochila, la coloco en mi espalda y haga la respectiva fila. Bajamos en orden, como vi hacer a los pasajeros en Dowel. En la parte inferior del bus estaban las maletas, tengo que ir a recogerla. El conductor es quien se encarga de entregarlas, debo tener el papel a la mano. Me toma unos 10 minutos, no hay tantas personas, pero si mucho equipaje. Con mi maleta puedo seguir las indicaciones de los postes de luz para salir de la terminal. El frío de la noche me hiela hasta los huesos, definitivamente la temperatura era menor que en Solwood, por lo menos a esta hora. Las personas están abrigadas, pero no como nos solemos abrigar en casa. Baevil está al sur de la ciudad, el clima aquí varía dependiendo de la estación. En verano hace sol todo el día, pero es más propenso a lluvias. Mientras que en invierno, el calor de la mañana te puedo matar más que en verano, pero el frío te congela, dependiendo de la hora. Le mando un mensaje a mi padre, "deseoso" de que conteste, pero como siempre, solo me clava el visto. Suspiro fastidiado, es la primera vez que vengo a verlo, por "decisión", y se comporta como un imbécil. Las personas pasan a mí alrededor, algunas con familiares y otros metidos en sus celulares. En ocasiones chocan conmigo, no con intención, pero no puedo evitar sentirme incomodo. La ansiedad será mi compañera durante mi estancia aquí. Muevo mi pierna como si estuviera adormecida y froto mis manos, nervioso. «Quiero salir de aquí». Si alguien me viera, quizás pensaría que es por frío, sin embargo, la verdad era otra. Los minutos pasan y mi padre sigue sin aparecer. No contesta, no escribe, ni llama y ya son las nueve y media. El lugar está casi vacío. «Si no llega pronto qué haré». «Debería comprar un pasaje de regreso, es muy arriesgado seguir aquí». «Respira hondo, cálmate, solo está retrasado». Mi celular vibra en mis manos, sacándome de mis pensamientos. Lo miro, más asustado que esperanzado, pero mi corazón calma sus pálpitos con su mensaje. «Mi "querido padre" y su hermosa preocupación». "¿Por qué no te mueves? Te estoy llamando hace 10 minutos". Levanto la mirada encontrándome con un cedan n***o de lunas polarizadas frente a mí. La luna está abajo y puedo verle el rostro, nunca estuve tan feliz de verlo. Camino como si nada hubiera pasado hasta él, subo al lado izquierdo, a su costado y cierro la puerta tranquilizándome. La luna ya está arriba y el carro arranca enseguida, ni siquiera logro ponerme el cinturón. - ¿Por qué no te moviste? -Pregunto con un leve fastidio. - ¿Ah? - ¿En qué pensabas? «Pues... ¿Qué te digo?»-Me acomodo en mi asiento. -Contéstame, Alton. -Vuelco los ojos-. «Seguro quería ver lo bonito de la noche. ¡Claro! Porque seguro no estabas por darme un segundo ataque de ansiedad en plena avenida». -Suspiro-. Nada, solo estaba cansado. - ¿Por eso no contestabas el celular? -Lo reviso. Sorprendentemente habían siete llamadas perdidas-. «¿En qué momento?» -Si vas a mentir, siquiera hazlo bien-. Aprieto mi puño por unos segundos y lo suelto cuando me siento más tranquilo. Igual no le contesto-. Toda la gente te miraba como un extraño-. Se frota la frente, frustrado-. ¿Por qué tenías que comportarte así? -Frunzo los labios. Me niego a responder-. «Claro, "papá", porque en lugar de tratar de mantenerme estable para no colapsar, me iba a preocupar en que la gente no pensara que soy un raro»-. No volverá a pasar-respondo exhausto. -Eso espero, eres un Green, no puedes permitir que las personas te vean como alguien inferior-Bufo-. ¿Qué? -Nada, "papá"-recalco la palabra-. Como siempre-sonrio falso-tienes razón. Él me mira indignado, sin embargo, no contesta. Parece que no tiene ánimos para pelear hoy. «Te lo agradezco, yo tampoco tengo fuerzas». El camino hasta su hogar es rápido, la terminal estaba cerca. Al llegar bajo con mi mochila y la maleta, me dirijo a la puerta, sin embargo, "mi padre" espera a que el chófer salga del carro. Él va, le abre la puerta y "mi padre" recién baja. «No puedo creer lo que veo. ¿Tanto le cuesta abrir una puerta?» Vuelvo a bufar, debe ser la tercera vez en menos de treinta minutos. Mi quejido llama la atención de "mi padre". Él parece confundido por mi comentario implícito, yo le restó importancia encogiéndome de hombros. -¿Ahora qué? -Pregunta mirándome. -¿No sabes abrir una puerta? -Todo el mundo sabe hacerlo-comenta mientras mira a su chófer-. Gracias, puedes guardar el auto e ir a descansar. El hombre asiente y vuelve a subir al auto, lo veo manejarlo hasta la cochera. - ¿Entonces? -Ahora tenemos cierto estatus, Alton-. Volteo los ojos-. Se deben guardar las apariencias. - ¿Eso qué significa? -Que existirán momentos donde deberemos usar un chófer y otros dónde iremos solos-. Colocó la llave en la cerradura y le dio la vuelta-. Depende de la situación, el lugar y el día. -Eso es ridículo. -Frunce el ceño-. Es parte de quién soy y, por este mes, de quién serás-. Abre la puerta y entra molestó. -Suspiro-. «Este será un largo mes». Entro detrás de él y cierro la puerta. No doy ni tres pasos y Mónica ya está rodeándome con los abrazos. Sonrio sin poder evitarlo, su emoción es contagiosa.
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