Esa pregunta hizo que Valeria se detuviera al instante. Se dio la vuelta apresuradamente para explicar: —No, nunca pensé eso. No quiero molestarte. Además, si mi tío descubre quién eres, intentará obtener algún beneficio de ti. ¿Por qué Erick siempre creía que ella se avergonzaba de ser su esposa? Si acaso, Valeria pensaba que el hecho de que Erick se hubiera casado con ella era el mayor error de su vida. Al ver su expresión sincera, Erick se levantó y caminó lentamente hacia ella. Le sujetó la barbilla, obligándola a mirarlo. Su voz sonó burlona: —¿No quieres molestarme? Valeria, debo recordarte nuestra asociación. Esto es mutuamente beneficioso. No importa quién moleste a quién. Además… —sus ojos brillaron peligrosamente— no me importa si Fred me reconoce. De forma inesperada, Eric

