Primera advertencia

1540 Palabras
Summer. Salí muy enojada de la oficina de Enzio, no podía creer que tuviera tiempo para estar teniendo sexo en su oficina y no podía hacer tiempo para ir a ver jugar a su hijo. Subí a la habitación de Nicolás, al entrar no lo vi, se me hizo raro, camine hasta el balcón para ver si estaba ahí pero no. Cuando estaba por salir escuché un sollozo, que venía del armario, abrí la puerta y ahí lo encontré, echo bolita. —Nick. ¿Qué pasó?, ¿por qué lloras? Él negó con la cabeza y metió la cara entre el espacio que había en sus rodillas y pecho. —Nada Sum, no tengo nada. —Ven, sal de ahí y dime qué pasó. Lo tomo de la mano para que saliera, al hacerlo pude ver mejor su, rostro fue ahí cuando note que tenía el cachete rojo, como si le hubieran dado un golpe, pero no un golpe de sueño, sino una cachetada. Fruncí el ceño y lo tomé del rostro, él trató de taparse, pero no lo deje. —Dime quién te hizo esto. —Na-nadie, yo me pegué ahorita con la puerta, por eso estaba llorando. —Dime la verdad Nick, esto no es un golpe de puerta, dime quién te pego. —Nadie Summer, nadie y mejor vete quiero dormir un rato. Se metió al baño y cerro la puerta. —Está bien Nicolás, me voy y por el momento lo dejaré así. Salí de la habitación, estaba segura de que Nick estaba mintiendo, que él no se había pegado, entonces era alguien que vivía aquí, Enzio no puedo ser porque estaba con él, entonces quedaban los guardaespaldas, las chicas de servicio y Sabrina. —Tengo que investigar que es lo que está pasando, no es la primera vez que noto algún golpe en Nicolás, tengo que saber quién es el que lo lastima. Salgo de la casa y voy hasta dónde están el resto de los guardaespaldas, desde que Víctor se fue todos los demás se han portado muy raros, casi no platican conmigo y si les hablo ellos no me dicen por mi nombre de pila, me dicen por mi apellido. —Buenas tardes —Señorita Valentain. —Por favor no me digas así, solo dime Summer o Aún, pero no me hables como si fuera tu jefa. Yo no te pago. —Lo siento, pero son órdenes. Fruncí el ceño —Quien les ordenó que me llamaran por mi apellido. —El jefe, ¿Carson? Pero porque que les diría eso. —¿Qué fue exactamente lo que les dijo? —Que si no queríamos terminar como Víctor, no socializáramos de más contigo que en cierta forma guardaremos una distancia. No entendía por qué Carson les había dicho eso a los demás guardaespaldas, pero ya me encargaría de averiguarlo después. —Bueno, ya veré eso después. Venía a otra cosa. Dime algo ¿quién de los guardaespaldas aparte de Carson y yo entran a la mansión?. —Todos podemos entrar. —Y a la segunda planta, ¿Quiénes tienen acceso? —Pues solo Carson, Sabrina, tú y cuando alguien es requerido, Pero si no, nadie puede subir. —Ok, bueno, gracias por la información. —Puedo saber por qué tanto interés. —Simple curiosidad. Me di media vuelta y volví al interior de la mansión, esta vez fui a la cocina y le pregunté a la señora de la cocina. —Hola Martha. —Hola, estaba por subir la colación de Nicolás. —Sí, no venía a eso. —A no, entonces, quieres algo de comer. —No, de hecho venía a hacerle una pregunta. —Dime. —Usted trabaja desde hace mucho aquí. —Si desde que el señor Enzio era un niño, mi mamá era la cocinera y ahora yo lo soy. —Entonces ha visto crecer a Nicolás. —Sí, cuando su mamá murió, yo me hice cargo de él, bueno, un tiempo yo, después lo hizo la niñera. —Ella trabajó antes o después de que muriera la mamá de Nick. —Ella llegó a trabajar enseguida de que la señora Camila se embarazó. La señora se vio muy delicada en su embarazo y le pidió al señor que si podía contratar a una amiga que ella tenía para hacerle compañía, él siempre la complacía así que la contrato, por un tiempo estuvo bien, ella era muy amable, pero después la veía como observaba al señor, yo muchas veces le dije a la señora, pero nunca me hizo caso, ya después de que el niño Nicolás nació ella se encargó del porqué la señora de la nada de enfermo, así duro tres años hasta qué dios se la llevó, el señor quedó devastado. Corrió casi a todo el personal, incluyendo a Sabrina. Camila era todo para él, por un tiempo me hice cargo y un día así como así Sabrina regreso y se convirtió en la niñera de Nicolás y desde ese entonces es su niñera aún aquí entre nos, ella pasa más tiempo metiéndose en el despacho que cuidando al niño. —Como así. —Hay mi niña, acaso no te has dado cuenta de que la tipa es la amante de Enzio, ella sé a encargado de decírselo a todas las muchachas que trabajan aquí, solo para que según ella no se metan con lo que es suyo. —Vaya, así que se quedó con el esposo de su amiga. —Mmmm, no creo que Sabrina haya sido realmente amiga de Camila, yo más bien pienso que es una oportunista la cual se aprovechó del buen corazón de mi niña. No me dijo nada más, no sabía por qué, pero algo me decía que la responsable de lo que le pasaba a Nicolás era Sabrina. Lo malo era que no tenía nada para comprobar que ya era la que estaba lastimando al niño, quizá este fin de semana antes de salir con Dante voy a visitar a un viejo amigo. Camine a la salida de la cocina cuando me tope con Sabrina. —A ti te quería ver. Me dijo con cara de fastidio. —Ya me viste, ya me voy. —No te hagas la graciosa. Necesito hablar contigo. —Dime para que soy buena. —Solo te voy a advertir dos cosas, te quiero lejos de Enzio, no te diste cuenta, hace un rato, él es mío, no voy a dejar que una lagartona como tú me lo quite. —Ok y cuál es la segunda. —Que solo te limites a hacer tu trabajo, para eso se te paga. Deja también de querer hacerte amiga de Nicolás que de nada te va a servir, es un niño malcriado y ahorita eres su capricho si es que enfócate en cuál es tu lugar, estamos. —Ya acabaste. Me acerca a ella al mismo tiempo que dio un paso hacia atrás. —Si —Perfecto, ahora voy yo. Hace un rato que entré a la habitación de Nicolás, lo encontré llorando, le pregunté que le había pasado y él no me quiso decir nada, tampoco quise presionar, pero sí pude notar que tenía la mejilla roja como si alguien le hubiera dado una cachetada. Ella se puso tensa. —Yo también te voy a dar una advertencia Sabrina. Sí, descubro que le hiciste algo a Nicolás o que de alguna forma lo estás maltratando, te las verás conmigo, entendiste. —¡Estás loca!, yo jamás le había dado al niño, yo lo quiero como si fuera mi hijo. —Esa es la primera advertencia y me da igual si vas y le dices a Enzio. Dio un paso al frente como si me retará. —Yo jamás lo lastimaría. —Espero, eso sí es cierto como te dije si descubro que él le haces algo al niño te haré mil veces peor de lo que le haces. Salí de la cocina dejándola ahí parada. Juro que si ya le hizo algo al niño lo pagará. Sabrina. Esta estúpida, qué se está creyendo, cree que puede venir a amenazarme y salirse así como así sin recibir su merecido. No se da cuenta de que se está metiendo donde no le llaman, que se están metiendo con alguien que no le conviene. Pero yo aré que pague esta insolencia. Me va a encantar ver como se le cae su lado heroico, no la creo tan valiente como para defenderse al cien porciento hace mocos. Veremos qué tanto lo quiere cuidar, quería una enemiga, pues ya la tiene y una muy mala. Yo me encargaré de que le den una lección que jamás olvidara. Ya una vez arruinó mis planes, no creo que lo haga dos veces. Estúpida como la odio, por su maldita culpa no he podido estar con Enzio, desde que ella llegó, él no hace otra que prestarle atención a su hijo o estar todo el tiempo pendiente de lo que hace. Él piensa que nadie sabe, pero yo sí, Yo sí sé que por esa tipa mando a Víctor a cuidar a la vieja de su madre y que está al pendiente de todo lo que ella hace. Maldita y mil veces maldita
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