PARTE 03

1113 Palabras
No pudo ver bien de quién se trataba, pero eran tres sujetos jalando a una muchacha hacia una parte más oculta. Uno de ellos la tenía de los cabellos. La lanzaron contra el suelo, por lo que la oyó gritar, aunque la voz se le hacía conocida. Como la muchacha gritaba, no pudo distinguirla bien, solo oía sus gritos. —¡Déjenme, por favor! ¡No me hagan daño! Pero a ninguno le importó. Uno de ellos la sujetó de las muñecas y las subió por encima de su cabeza, mientras que los otros reían. Fue la risa más macabra que Vera había oído en su vida. —¿Qué buscabas a estas horas y vestida así como una puta más, como las de la cantina de doña Lucha? Esto es lo que buscabas, perra. —Y le desgarraron la ropa por completo. Pobre muchacha, ya estaba desvestida y entrando en llanto. Los tres tipos empezarán a tocarla por todos lados. Aunque ella forcejeaba, no podía hacer nada contras tres hombres que la superaban en peso y tamaño. Lo que hizo que Vera entrara en arcadas fue ver cómo lamían todo el cuerpo de la muchacha. Tanto asco le provocaba. Algunos pasaban sus lenguas por cada parte del cuerpo de la joven, que dejó de quejarse. Al parecer, lloraba en silencio, resignada a su cruel destino. «¡Por Dios!», pensó Vera. La muchacha era virgen y estaba a punto de ser violada por tres asquerosos sujetos. Entretanto, empezaron a bajarse los pantalones. Uno de ellos bebió un trago, que a lo lejos se podía distinguir como licor barato, de cantina de mala muerte. De repente, uno de ellos le tocó el coño y dio un grito de placer. —Dios, esta muchacha está cerradita. Muchachos, conseguimos una virgencita. Tranquila, putita, te va a terminar gustando, te lo aseguro, y pedirás más. Empezaron a morderle los pezones y las orejas, y jalaron su cabello. Uno de ellos sacó su m*****o, que era casi del tamaño de un meñique, y la obligó a chuparlo, amenazándola con que, si gritaba, la golpearían tanto que ni su madre la reconocería. La muchacha no podía hacer nada. Se lo chupó hasta que el asqueroso gordo no pudo más; explotó y lanzó toda su semilla en la cara de la muchacha. Mientras tanto, el otro decidió embestirla por el trasero, sin llegar a penetrarla. Estaba tan alcoholizado que ni sabía bien cómo hacerlo, pero ese trasero ya estaba marcado por tantas nalgadas que le daban. La muchacha quiso gritar, pero solo se retorcía de dolor, no solo del cuerpo, sino también de alma. Su último vestigio de inocencia quedó ahí, entre tres asquerosos y nauseabundos sujetos. Otro decidió lamerle el sexo. El otro asqueroso de tanto intentar logró penetrarla. Aún metido dentro de ella, luego de unos segundos, los dos explotaron en todo el cuerpo desnudo de ella. Ya tirada en el suelo, pensó que no podía ser peor, hasta que el más corpulento de ellos, quien había dirigido todo desde unos metros a ese sujeto Vera sujeto, pudo distinguir bien, se inclinó y jaló las piernas de la joven sin importarle que sobre el cuerpo de ella todavía estaban los fluidos de sus amigos. —Ahora ya estás lista. Ni se te ocurra gritar, porque aquí mismo te matamos y dejamos que los buitres te coman, además, las niñitas como tú que pasean por las noches tan tarde, solo buscan una cosa y eso es lo que te vamos a dar. —La embistió así de golpe, sin ningún o compasión, su pobre ser tan inocente que estaba siendo vilmente ultrajada, le estaban destrozando la vida y matando hasta el alma, Ella nunca pensó que ir a buscar a su oveja terminaría de ese modo, ya la oscuridad se había apoderado de su mirada, ya no había dolor, era como si su mente con el afán que soportara la traslado a otra realidad, una donde no estaba siendo mancillado su honor e inocencia, le estaban destrozando hasta su alma. A ninguno de esos desalmados le importaba su dolor y sufrimiento, solo querían saciar sus instintos salvajes e inhumanos, Entretanto, otro le cubrió la boca. Unas estocadas más y aquel hombre, que se había introducido en ella sin ningún remordimiento alguno, aquel gordo asqueroso, explotó dentro de ella lanzando un grito de satisfacción por haber tenido una virgen. Se acercó a ella, le mordió el rostro y le escupió la sangre que había sacado al morderla, aun con todo y el dolor que estaba sintiendo, tenía ganas de luchar, no quería que se salieran con la suya. Cuando ella pensaba que nada sería peor, los tres se pararon, dejándola tirada en el suelo, y se miraron uno al otro. Luego se rieron y lo que ninguna mujer en su sano juicio merece, termino sucediendo, como si fuera alguna novatada o parte de un ritual sin sentido, orinaron encima de ella y se marcharon, sin culpa, sin remordimiento de lo que acababan de hacer, dejándola ahí, sangrando y humillada, en medio de toda esa inmundicia. Ya no quiso ni gritar ni decir nada, solo se quedó callada, en silencio, ya sentía que todo estaba perdido, que su vida había terminado. Vera estaba más que impactada, no podía creer lo que había visto, aunque no, no había logrado escuchar nada, porque era casi imposible, salvo los gritos y los asquerosos actos. Estaba tan asustada que salió de ahí caminando tan despacio y arrastras, que no reparo en ayudarla o auxiliar a aquella supuestamente desconocida mujer en el suelo, mancillada hasta lo más íntimo de su ser, dejando el agua tirada, y corrió a su casa. Esa noche no pudo conciliar el sueño hasta que amaneció y se dio cuenta de que debía alistar a sus hermanos para la escuela. Después de unos minutos, los dejó allí aún con los nervios de punta. Su corazón no estaba listo para lo que llegó a ver luego en medio de la plaza. Aquello la hizo dar un grito de horror. Una noticia la dejó helada, por lo que empezó a llorar. Nadie la entendía, así que la tildaron de loca, pero nadie entendería, el dolor que se apoderó de ella ante esa imagen, nadie imagino la culpa que la perseguiría por años, como hacerlo si tal vez ella podía haberlo evitado, Lo que la puso así fue oír que una muchacha se colgó en el patio del pueblo. No era una simple muchacha, era Carolina. Su única amiga se ahorcó. Había presenciado la destrucción en cuerpo y alma de su amiga y no hizo nada, era como si ella también la hubiera matado.
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