Al abandonar el jardín, su mirada vagó por la casa mientras avanzaba con pasos lentos. Aquel lugar tenía una atmósfera sofocante, una sensación de vacío que parecía filtrarse en las paredes. Cuando pasó por la sala, observó el cuadro de la madre de Dante. Alina frunció el ceño y apartó la mirada. No entendía cómo esa mujer había estado casada con un hombre como Damien. «¿Y si mató a su esposa?» pensó, sacudiendo su cabeza de inmediato. Subió las escaleras y siguió caminando hasta que, al girar por el pasillo, vio a una joven empleada limpiando una habitación. Alina se detuvo. Las cortinas eran de un tono marfil, los muebles tenían detalles elegantes y cada objeto parecía colocado con un orden casi meticuloso, parecía la habitación de una mujer. —Disculpa… ¿Alguien más vive aquí? —preg

