.
---
Los portales entre mundos eran grietas inestables, pero Saevan poseía el don de los antiguos guardianes: podía cruzarlas con facilidad. En su cámara privada, un espejo ovalado de obsidiana relucía con energía contenida. Su jefe de seguridad, su más fiel escolta, lo aguardaba allí con una caja metálica en las manos.
—Aquí está todo lo que necesitarás —le dijo el hombre, de barba gris y ojos sabios—. Ropa adaptada, documentos humanos, dinero en ambas monedas, llaves de tu propiedad en la Tierra. Una casa cerca de la ciudad, con campo abierto al fondo. Tu refugio, como antes.
—Gracias, Elros.
—También incluí algo más —dijo el guardia, con una leve sonrisa—. El nombre del círculo literario donde él aparece de vez en cuando. No es mucha información, pero si tienes suerte...
Saevan sintió que su pecho se apretaba. ¿Y si ya no era libre? ¿Y si su aroma ya no lo reconocía? ¿Y si su cuerpo, su alma, estaban marcados por otro? Saevan mordía la ira de solo pensar en su omega siendo poseído por otro cuerpo, tocado por otras manos qué no fuera las suyas.
—¿Y si no me quiere ver, Elros?
—No estás obligado a revelarte aún —respondió con calma—. Obsérvalo primero. Aprende quién es ahora. Tal vez... aún te espera. Pero si no lo intenta, ¿cómo sabrá si el destino cambió de parecer?
El alfa desvió la mirada, pero asintió. Respiró hondo y dio el primer paso.
---
La Tierra lo recibió con lluvia. Su llegada no fue espectacular ni mágica; fue simple, mundana, casi gris. El sonido de los autos, el olor a asfalto húmedo, el frío sin magia.
—Extrañaba esto —murmuró, mientras Elros le alcanzaba un abrigo largo.
Saevan había vivido vidas enteras en ese mundo, siglos atrás, cuando aún no comprendía lo que el destino le tenía preparado. Ahora todo se sentía distinto. El corazón le latía rápido, más por el recuerdo de Theo que por el peligro latente.
—Lo buscaré —susurró para sí mismo mientras miraba la ciudad desde una colina lejana, donde se alzaba la casa de piedra que había sido suya siglos atrás—. Lo encontraré, aunque no me recuerde. Aunque me rechace.
Se instaló sin ruido. Mandó reparar parte de la estructura, adaptó la tecnología moderna sin tocar la esencia mágica que aún dormía en los muros. Cada habitación estaba impregnada de tiempo.
Pasaron tres días.
Lo primero fue buscar ropa que lo ayudara a encajar. Trajes modernos, lentes oscuros para ocultar la intensidad de sus ojos, registros humanos restaurados. Ya no era un alfa de la realeza, era un humano, tratando de encajar en este mundo recordó la comodidad de este
En su interior, sin embargo, el instinto no cedía.
—No puedo dormir —le confesó a Elros mientras bebía un café amargo en la cocina antigua de la casa—. Siento que lo tengo frente a mí… y cuando abro los ojos, todo se esfuma. ¿Todos sentirán esa angustia? Como si respirar doliera si no está cerca.
—Los vínculos no desaparecen por el tiempo, Saevan. Solo se hunden. Como las raíces, a veces creemos tener todas las respuestas, por la sensación de pérdida, los humanos y nosotros, no son tan diferentes en cuestiones como el amor y el dolor—respondió el guardia, sabio como siempre—. Si aún lo sientes, él también lo siente.
Saevan apretó la taza. No sabía si Theo estaría solo, si lo recordaba, si aún lo amaba. Pero algo dentro de él murmuraba que el tiempo no había roto el lazo… solo lo había escondido, como si ese tiempo separados abriera una brecha entre ambos que no se podía cerrar del todo pero podría disminuir con un tiempo a su lado.
—Quiero saber si es feliz —dijo, casi como un rezo.—si ya no me ama, quiero protegerlo y que sea feliz.
—Entonces ve y míralo con tus propios ojos.
Y eso haría.
Aunque el alma temblara. Aunque el corazón se partirá por las respuestas que pudiera obtener.
Los primeros días paso frente a la librería varias veces, sin embargo no logro ver a Theo, la mayoría de las veces estaba cerrado, las otras, habían más personas atendiendo el mostrador. La decepción se instaló en él, aun así, entraba y preguntaba. La chica que atendía le dijo que se encontraba en el trabajo por unos días, fuera de la ciudad,pero si quería, podía hablar con lucien.
No quiso preguntar quien era lucien, no podía parecer tan desesperado siendo un extraño, la mujer continuó observandolo, no porque le causará miedo o algo, sino por el atractivo casi sobrenatural del alfa. Llamó un par de veces a su jefe pero no tenía un nombre ni nada que entregarle, así que al final, lo dejaron pasar.
Saevan volvió a recorrer la ciudad, las marcas en el mapa que Elros trazo para él, tenían muchos lugares donde podría encontrarlos, aunque uno por uno los fue descartando sin resultado.
—no entiendo donde puede estar.
Elros vio a su jefe, lo conoce hace mucho tiempo y sabe que la paciencia no es del todo una de sus virtudes, aunque es mucho más simple que su anterior jefe, sabe que también arrastró partes de la personalidad del rey, mascullo algunas respuestas. Elros también conoce el mundo humano, aunque ha cambiado mucho desde los 80 años que habían pasado en tiempo humano, entre la tierra y el inframundo.
—los humanos a diferencia de nosotros, no pasan mucho tiempo tranquilos, sus vidas son agitadas, como si el tiempo siempre estuviera en su contra—dijo Elros con suavidad —debes aprender a ser paciente, vienes a recuperar un corazón humano, lleno de grietas y fragilidad, con pensamientos profundos y una vida que desconoces...
Saevan lo miró, escudriñando su respuesta como si le acabará de dar una advertencia, no podía decir nada, Elros era en su vida una figura de sabiduría tan tajante como la de su padre, podría decir que ha compartido más vida con Elros qué con el mismo rey.
—Lo sé.