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LOS CAMINOS DEL SILENCIO

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mentiras
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Descripción

Los caminos del silencio aborda una temática tan difícil de enfrentar como de aceptar y eliminar. La violencia de género es un flagelo que parece no tener techo, que parece no tener final, y la mujer. la víctima principal, parece seguir presa de su propia boca cerrada. Alicia y Franco pasaron, en tan sólo breves segundos, de tener un noviazgo intenso, único y feliz, a contraer un matrimonio que, desde el inicio mismo en la noche de bodas, se selló para siempre con un mensaje decisivo y determinante de parte de él: 'Desde hoy harás lo que yo te pida'...Y los años terminaron siendo el enemigo número uno de ella, y al no ver escapatoria, terminó amigada con la vida infernal que su esposo le proporcionó, vida que debía dejar de ser vida porque ese es el camino final del silencio.

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LA DELGADA LÍNEA
A duras penas, como desde esa madrugada, luego de una fiesta de bodas increíble e irrepetible, logró llegar al baño —pero esta vez en su propia casa — y mirarse una vez más frente al espejo las magulladuras que una nueva paliza le había dibujado su esposo en su rostro y en gran parte de su cuerpo. Lloraba desconsolada apoyada con sus manos ensangrentadas sobre el lavabo mientras agitaba su cabeza y respiraba profundo para ir sobrellevando el aciago momento, uno más en su vida como desde hacía veinticinco años. Decidió volver a la realidad y se puso con todo el tiempo del mundo a limpiar con cuidado los arañazos y a cubrir los moretones con el arsenal de cremas y productos que tenía en su botiquín, más para tapar los daños que para adornar su belleza. Luego bajó el cobertor del inodoro y allí se quedó, tiró su cuerpo hacia atrás, lo hizo dar contra la pared, y lloró sin consuelo durante más de media hora, despotricando contra la vida que llevaba junto al animal con el que compartía su existencia. De pronto pareció darse cuenta de que el tiempo, como siempre, le iba a jugar en contra y las cosas podían resultar aún peor. Cada detalle debía estar en su lugar, y cada cuestión debía cumplir un horario y un cronograma: el almuerzo cinco minutos después de su llegada, la ropa del trabajo lista para ser renovada cada día, el agua del mate a la temperatura ideal, una cena preparada con el amor y la devoción de dos manos femeninas y el placer de la cama a pedir de su boca, mezclado en sábanas distintas cada día para darle a la imaginación ánimos de volar. Alicia y Franco, después de cuatro hermosos y soñados años, tomaron la decisión de casarse en la mítica iglesia de la Santa Piedad, la iglesia en donde históricamente contraían matrimonio todos aquellos que vivían en Tropeles. El poblado íntegro asistió a la celebración y casi esa misma cantidad se dio cita en el salón más pituco que el pueblo poseía, un recinto tan añejo pero actualizado año tras año, en donde pocos de los residentes podían aspirar a realizar sus festejos debido al altísimo nivel y a lo prácticamente inalcanzable desde lo económico que resultaba para trabajadores comunes. Durante cuatro años Alicia disfrutó de su noviazgo de una manera inusual, y coronó su felicidad esa noche fantástica, en donde todo fue una ensoñación que le decía al oído el futuro prometedor y glorioso que tendría al lado de Franco, sin imaginar que unas horas más tarde, ella misma, con sus propios ojos, comenzaría a ver la punta de un iceberg sin fin, cuando no accedió a los vejámenes que su flamante esposo le propuso en el cuarto quinientos once del quinto piso del Gold Palace, un lujoso hotel ubicado en las afueras de Tropeles, en dirección a Las Calandrias. Su noche fabulosa, su fiesta inigualable y su sueño dorado, se le derrumbaron en contados segundos cuando el castigo al que fue sometida la dejó sin aliento tirada al costado de la cama matrimonial que todavía tenía el ramo de flores puesto para la recepción de los novios. ‘A un Zabaleta no se le niega nada, ¿está claro?’, fueron las palabras que alcanzó a descifrar Alicia mientras sentía que la muerte la aguardaba cruzada de brazos en el sillón de pana roja que descansaba en un rincón de la habitación. ‘Ahora vas, te lavas y me das todo lo que te pedí, ¿entendiste?’, le ordenó Franco arrodillado sobre el piso mientras le sostenía la cabeza en el aire desde la punta del cabello. La soltó como quien suelta un desperdicio y un último puntapié en los glúteos la hizo reaccionar. La noche para Franco fue soñada, pero a partir de ese momento comenzaba para Alicia un calvario que seguiría viviendo en ella y que acababa de someterla una vez más después de veinticinco años. Cerca del mediodía el timbre de la puerta la sacó de su concentración mientras preparaba el almuerzo. Despotricó echando unos suaves insultos al aire mientras se limpiaba las manos para ir a atender. Era Gloria, su amiga de toda la vida, y como cada día, pasaba después de hacer sus compras, para darle una vuelta a su amiga sabedora del monstruo con el cual vivía. —Me agarrás en medio de los preparativos para el almuerzo — le dijo Alicia presa de un miedo y una desesperación únicas. —Son sólo cinco minutos, es importante — respondió Gloria bajo un halo de misterio que llevó a Alicia a abrirle de inmediato. —Mientras vos hablás yo termino con esto, ¿no te molesta? —Continuá tranquila con lo tuyo, pero por favor, tratá de prestarme atención — le dijo Gloria todavía metida en su vestimenta misteriosa. Ella prosiguió: —Acabo de estar con Victorio — le dijo casi en voz baja. —¡No me digas! ¿De verdad? — reaccionó Alicia mientras dejaba todo lo que estaba haciendo. —Sí, pero no te exaltes de esa manera — dijo Gloria intentando bajar la efusividad de Alicia. Ella continuó: — Quiere verte, no puede más, así que te espera mañana porque no trabaja. —Perfecto, amiga, gracias —dijo Alicia con una alegría que le ganó a la tristeza que hasta ese momento la tenía bajo sus lianas. —Ahora sí, te dejo, esto era todo lo que quería decirte y saber también cómo estabas —dijo mientras tomaba de nuevo sus cosas para continuar su camino. Y concluyó: — Mirame ¿te pegó? —. —Sí, esta mañana antes de irse a trabajar — respondió con la misma vergüenza que contestaba desde hacía veinticinco años. —¿Y ahora por qué? —Porque no quise tener sexo con él — dijo con su mirada clavada en el piso y continuó: —Me da asco, Gloria, ya no quiero y no puedo más, y no encuentro la manera de terminar con todo esto. Estoy cansada verdaderamente y las dos sabemos las consecuencias si osamos abrir la boca o exponerlo a este hombre. Por eso, hasta que pueda hallar una manera de escapar de este infierno, trato de no llevarle la contra y de tener una mejor vida. Hoy por hoy sólo me aferro a eso y a Victorio, que es lo único que tengo en mi cabeza y en mi corazón. Lo amo, Gloria, y no voy a parar hasta que la vida se dé cuenta de que yo también necesito ser feliz —. —Tranquila, amiga mía, todo va a estar bien. Sabés que él también te ama, pero por ahora la idea de estar juntos es peligrosa y podría desencadenar un desastre. Hay que terminar con esta basura ¿cómo?, no lo sé, pero hay que buscar la manera de que este calvario en tu vida termine de una buena vez — dijo Gloria harto preocupada y concluyó: —Un último consejo: tratá de que nadie te vea entrar en su departamento por el amor de Dios, porque si algo se filtra y llega a oídos de tu esposo, es la muerte.

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