La noche, estaba entregada a la ciudad, ambas parecían estar de acuerdo con la serenidad, con el silencio y con la intención de seguir así hasta que el sol apareciera detrás de las montañas, irrumpiendo la pacificidad, Emiliano, dormía en su cama, una sábana de seda en color blanco cubría solo su pelvis, debajo de ella su cuerpo estaba completamente desnudo, un muro enorme de cristal, mostraba la noche las copas de los árboles cubrían gran parte del muro del otro lado un muro falso, de un color gris, escondía el closet y la ducha de Emiliano, un barandal con cristal de frente a la cama limitaba el espacio conduciendo hasta la escalera. Emiliano abrió los ojos, de forma sorpresiva como si sus sueños, hubieran sido lo suficientemente escabrosos, como para no querer soñarlos más, se incorpo

