No comprendía todo lo que estaba pasando, apenas ayer conocí al tipo, me atraía todo de él, incluso sexualmente hablando, lo que jamás imaginé que ocurriría y sin embargo algo dentro de mi me frena para poder dejarme llevar por un simple beso y cuando su contacto se vuelve mas intenso no puedo aguantarlo o simplemente poner mi mente en blanco y dejarme llevar; es el primer hombre que despierta en mi el deseo s****l, nunca nadie lo hizo y apenas verlo o escucharlo siento una excitación que me da miedo, no se como es disfrutar del sexo, la vez que lo hice estaba inconsciente y no lo recuerdo claramente, y con él deseo disfrutar, se que está ansioso, durante el trayecto al restaurante pude ver su erección y eso me encendió aún mas, hace un momento nos besamos apasionadamente pero los recuerdos martillan mi cabeza y no puedo pasar de ahí, me lleno de miedo y aquí está él abrazándome y diciendo que todo estará bien.
Me lleva de nuevo al sofá donde estábamos y me abraza, no dice ni pregunta nada y eso en verdad lo agradezco mucho, solo me cuida y no se como me quedo dormida en sus brazos, despierto cuando es la 1:50 de la madrugada, lo se porque en la mesita de noche hay un reloj que así lo indica, estoy en mi departamento pero no en mi habitación, me remuevo un poco tratando de ubicarme y siento su agarre por detrás de mi, estamos vestidos los dos y nos ha colocado una frazada.
—Tranquila nena, sigue durmiendo, descansa.
—Bruno...
—Shhhh, descansa —y besa mi cabello y me abraza suavemente, por increíble que parezca me siento cómoda y segura a pesar de la cercanía de su cuerpo con el mío, en otras ocasiones por mucho menos que eso he terminado mudándome de ciudad, incluso de país, y hoy no, hoy me siento tranquila y confiada, y ¿cómo no estarlo? Estoy en la cama con un hombre que en ningún momento se aprovechó de que estoy vulnerable, al contrario, me arropó y permaneció a mi lado—.
Al amanecer ya no estaba en la cama, di vuelta y una rápida inspección a la habitación desde el sitio donde me encontraba intentando sin éxito encontrarlo, de pronto la puerta se abrió y apareció él con una charola en sus manos, traía una taza de café, un poco de fruta y pan tostado, un vaso con jugo y una flor que segura estoy debió tomar del jarrón que puse frente al retrato de mi abuelo; y es cuando dices ¿cómo me puedo resistir a este tipo de detalles? Es un caballero en toda la extensión de la palabra, es guapísimo, respetuoso y educado.
¿Por qué es tan difícil olvidar?
—Buenos días hermosa, ¿qué tal dormiste?
Yo me incorporo poco a poco en mi cama, tengo aún el vestido de anoche, solo me quitó los zapatos y me cobijó, debo estar hecha un asco de mi cabello; se acerca y se sienta en el espacio que he hecho para él a un lado, coloca la bandeja en la mesita y me da un tierno beso en la frente.
—Gracias Bruno, no debiste molestarte.
—No es ninguna molestia, dime ¿qué tal dormiste?
—Bien, gracias por quedarte; ¿ronco mucho?
Suelta una carcajada y coloca un mechón de cabello atrás de mi oreja.
—No roncas hermosa, y te ves preciosa aún dormida y con un hilo de baba saliendo de tu boca.
Le tiro un golpe al brazo y hace un gesto como si le hubiera dolido tanto.
—Es broma, claro que no tenías un hilo de baba; oye —dice cambiando abruptamente la plática —no sabía cuál era tu habitación y te traje aquí.
—Está bien —respondo con tranquilidad —mi habitación está arriba —le indico con mi dedo índice —tercera puerta a la derecha.
—Ahora ya se a cual ventana tendré que tocar.
—A menos que seas el hombre araña, dudo que puedas llegar hasta ahí.
—Tienes razón, pero alguna forma habrá.
Dejamos el tema de lado y desayunamos juntos, bebimos de la misma taza de café y le gustó mucho el sabor.
—Es café colombiano, para ser mas precisa es cosecha de la hacienda de mi abuelo.
—Está delicioso, pero no fue este del que bebimos el otro día —dice mientras disfruta su olor y sabor, es un deleite mirarlo a ojos cerrados inhalando la penetrante fragancia del café, hace una mueca emulando el gusto que le genera y se dibuja en su rostro una media y encantadora sonrisa—.
—En la despensa hay reserva suficiente, te daré unos frascos para que lleves.
—Oh gracias, ahora harás mi despensa.
—No haré tu despensa —me dice divertida— solo te daré café.
Terminamos el desayuno y salgo de la cama, Bruno se despide porque debe ir a trabajar al igual que yo, bajo y lo acompaño a la puerta para regresar a bañarme, y se despide de mi con un suave beso en los labios, muy suave y encantador.
—Volveremos a vernos ¿cierto?
—Claro que sí, lo pasé muy bien; gracias por todo.
—Gracias a ti, preciosa, por permitirme estos momentos a tu lado.
Me quedo sin palabras ante lo que dice y solo consigo regalarle una sonrisa a la que él responde con un guiño, y lo veo entrar al ascensor yendo con una mano en el bolsillo y la otra sujetando su saco colgado de un hombro hacía la espalda; sensual, la palabra que lo define es esa.
Tomo una ducha rápida porque tengo una cita en poco mas de una hora, así que no tengo tiempo de sobra, saco del guardarropa una falta negra en línea “A" que me llega justo debajo de la rodilla, una blusa de seda en color hueso y un blazer n***o, salgo justo a tiempo al trabajo; hoy no estaré en la agencia, hoy debo reunirme con un cliente en su oficina después de ver a la persona que enviaron para la entrevista, estamos preparando un lanzamiento de un nuevo modelo de una marca de autos que se ha visto severamente afectada por la crisis, debe ser una campaña de impacto y nos eligió a nosotras para este trabajo, aún no me lo creo que en tan poco tiempo hemos conseguido tan buenos clientes, esperábamos crecer así en un par de años si a caso, no tan pronto.
Cuando llego a la empresa paso rápidamente por el pasillo saludando al séquito de secretarias y asistentes, cada uno de ellos metido en sus labores.
—Buen día, señorita —escucho las voces en respuesta a mi saludo—.
Apenas entrar a mi oficina un olor a café me inunda, Leslie es eficiente en verdad, siempre que llego encuentro el café a la temperatura perfecta para beberlo, no tolero muy bien las bebidas calientes, poco mas que tibio es suficiente.
Escucho el timbre del teléfono y presiono para activar el altavoz.
—Señorita Larsson, está aquí la señora Rosa Córdoba —escucho la voz de Leslie al otro lado—.
—Hazla pasar.
Enseguida se abre la puerta y le indica a Rosa que puede pasar, viste de manera sobria y para nada aparenta los 50 años que sus notas refieren.
—¿Les ofrezco algo? —pregunta mi asistente—.
—Estoy bien, gracias —responde Rosa—.
Y vemos salir a la rubia y hermosa Leslie del recinto, mientras hago un gesto con la mano para indicarle que tome asiento.
—Bienvenida, Rosa.
—Gracias, señorita —me responde con algo de timidez—.
—Rosa, he leído tus notas y todas son muy buenas, tus anteriores trabajos hablan muy bien de ti, personalmente he verificado las referencias y me parece que eres la persona indicada, ¿tienes inconveniente en estar de planta?
—No señorita.
—Samantha —le aclaro —me llamarás por mi nombre, no me gustan los formalismos ni tengo reglas fuera de lo normal, generalmente yo preparo la cena, podremos alternar algunos días, solamente pido extrema discreción en todo lo que puedas ver y escuchar en casa, habrá por supuesto un contrato de confidencialidad que de aceptar el trabajo podrás firmar en la oficina que la asistente te indicará, soy muy celosa de mi privacidad y de mis espacios personales, me gusta encontrar cada cosa justo donde la he puesto y que no se me moleste mientras estoy ocupada, solo eso.
—De acuerdo —me respondió sin titubear, creo que será una buena compañía—.
Hablamos de sus descansos y su pago, no tiene inconveniente en quedarse de planta porque es viuda y sus dos hijos viven fuera, prácticamente está sola y nadie la espera en casa.
—Muy bien, aquí está la dirección —le extendí mi mano con una tarjeta —puedes ir y dirígete con Greg, el te dará acceso al edificio, y te proporcionará un juego de llaves, en la cocina hay una puerta que conduce a un pasillo largo, al fondo hay 3 habitaciones puedes tomar la que gustes y adecuarla a tu gusto y necesidades, al salir dirígete con Leslie, la asistente que te dio acceso, ella te llevará con quien te dará tu contrato.
—Gracias señorita... Samantha —corrigió de inmediato al ver mi mirada seria posarse en la suya—.
—No te sientas intimidada, no soy un ogro pero aquí es distinto a casa y debo mantener una imagen, solo no me gusta que me llamen “señora" o “señorita" tú y yo somos iguales y así quiero que me trates.
—De acuerdo —me sonrió con mas familiaridad —¿deseas que prepare algo para la cena?
En ese momento sonó el teléfono y atendí de inmediato haciéndole una señal con mi mano para que me diera un momento.
—Hola guapa —sonó su voz distorsionada haciendo parecer la de un hombre—.
—Hey, ¿cómo vas?
—Genial, no te preocupes, solo llamaba para avisarte que iré a cenar contigo, pediremos pizza y sodas y mucho helado.
—¿Ya has llegado?
—Hace media hora.
—Me alegra tanto.
—Perfecto, nos vemos mas tarde para reventar de gordas —y colgamos—.
—No habrá cena Rosa, bueno lo que tú quieras cenar, irá una amiga y pediremos pizza.
—Está bien, me voy entonces.
—Hasta mas tarde.
Transcurro el día entre documentos y firmas, mas tarde asisto a una reunión con un cliente para el que haremos una campaña publicitaria, y luego aproveché la tarde para hacer unas compras para el día que venga mi hermano enviarle a Catalina, en su mayoría es ropita blanca para el bebé dado que aún no saben el sexo; me emociona mucho tener mi primer sobrino, aunque Ernesto y yo somos los menores mis otros hermanos ni se han casado ni les he conocido ninguna pareja estable, mucho menos tendrán hijos, de todos, Ernesto siempre fue el soñador, el que tendría una familia enorme y vivirían en una casa con un gran jardín, ahora su esposa está con 4 meses de embarazo y él está feliz y yo con él, me encantan los niños y se que amaré a mi sobrino mucho.
Creo que he vaciado algunas tiendas, llevo tantas bolsas que apenas caben en mi camioneta, he pedido algunos juguetes y muebles que me enviarán a casa.
Por la noche Dana viene y tal cual lo dijo ordenamos pizza, nos sentamos a conversar de trabajo en un inicio y termino contándole del hombre que conocí, mi amiga me conoce tan bien y sabe perfectamente que es lo que me está frenando, sabe de mis miedos y los motivos de ellos, y como siempre está ahí para mi, para aconsejarme y darme todo su amor y todo su apoyo.
Después de todo me doy cuenta que no estoy tan sola, y que vivir aquí y finalmente establecerme no debe ser tan malo, que todo cambio trae consigo algo positivo y entre tanto una de esas cosas positivas es que estoy con mi amiga y que estará siempre conmigo, aún casada con el pesado de su prometido.
Luego de una larga charla se despidió y se marchó, casi al momento la puerta se abrió dando paso a mi buen amigo Vladimir.
—Estuvo buena la fiesta ¿eh?
—¿Qué dices? Solo fueron unas copas, pasa.
—Llamó tu hermano —me dice en tono serio y se cruza de brazos mientras permanece parado ante mi—.
—¿Y? ¿Le tienes miedo a Ernesto? Él solo gruñe y ya, pero es inofensivo –le digo ofreciéndole una copa de vino tinto, la cual ni siquiera toca, ya se su respuesta “estoy en servicio"—.
—Erick, llamó Erick, Sam —me aclara—.
—Mmmmm ¿Qué dijo? —el hecho de que quien llame sea Erick sí me inquieta un poco, él es muy autoritario y frecuentemente discutimos por desacuerdos, no deseo hacerlo ahora—.
—Sabes que valoro mucho mi trabajo, tengo años con tu padre y no quiero defraudarlo, ni perder mi empleo –lo miro en verdad preocupado, es mi culpa y me sentiría fatal si eso pasara, se lo que me pedirá —por favor Sam, solo déjanos hacer nuestro trabajo, no estaríamos aquí si tu padre no lo considerara necesario, sabes que eres su razón de ser y se preocupa por ti, yo se que a veces exagera un poco, pero también debes entenderlo, no se decirte qué pasó con tus anteriores escoltas, solo se que tu padre no estaba nada contento.
—Perdón Vlad, yo... tú sabes que no me siento cómoda...
—Lo se –me interrumpe —y créeme que para nosotros tampoco nos es fácil, somos personal de seguridad, no niñeras –esto lo dice un tanto molesto y a decir verdad me hace sentir un poco mal —sabes que si colaboras podemos llegar a un acuerdo, pero si no lo haces, entonces seremos tu sombra y eso significa hacerte la vida imposible y a nosotros también.
Lo miro un tanto resignada, ya se de lo que son capaces, son peor que mi nana, no me dejarían ni dormir tranquila.
—Está bien, ya entendí.
—Podrías empezar por no pedir otro móvil —me entrega una caja que interceptó cuando la compañía la envió, era mi nuevo teléfono —tú sabes lo que pasará cuando tu padre se entere que has cambiado de equipo otra vez, y francamente no quiero ser yo quien le rinda ese tipo de cuentas.
—Vale, tenemos un trato si prometes que serán discretos y se mantendrán a raya –le tiendo la mano en señal de hacer un pacto—.
—Siempre aceptamos tus condiciones, pero esta vez no podremos, desde mañana tienes a Luka al volante.
Me hace un gesto que me deja ver que disfruta lo que dice, me retuerce todo por dentro escucharle eso.
—Oye, no, tú sabes que yo no llevo chofer…
—No llevabas, cualquier cambio por favor háblalo primero con tu hermano o tu padre y ellos nos darán indicaciones ¿vale?
—¡Vete al diablo, Vlad!
—Bonita noche, pequeña Sam.
Me quedo con mi rabieta interna y se que es inútil intentar negociar con cualquier integrante masculino de mi familia, todos son igual de aferrados, todos sin excepción alguna, así que desde mañana iré en el asiento de atrás intentando hacer plática con un hombre que es casi una piedra.