(Video llamada por la portátil)
—Papi…
—Hola mi cielo, ¿cómo estás?
—Muy feliz papito, Susan y el abuelo me han llevado a muchos lugares tan bonitos, ojalá estuvieras aquí.
—Me alegra que te estés divirtiendo mi amor, pronto iremos juntos de viaje, lo prometo.
—Sí, eso estaría genial, papito pero te extraño mucho —pone su carita triste—
—No mi vida, no te pongas triste ya faltan solo unos días para que regreses y te voy a abrazar fuerte en cuanto te vea.
—Yo también te abrazaré con todas mis fuerzas.
A la distancia saludo a mis padres que están a la mesa de un restaurante según los puedo ver.
—Sigue comiendo mi vida, ya pronto te veré. Te amo, no lo olvides.
—También te amo papi, adiós.
Estoy absorto en mis pensamientos cuando de pronto la puerta se abre de golpe y aparece el tipejo que tengo por mejor amigo.
—Ahí estás, te llamé y me mandaste a buzón.
Verifico mi teléfono y está apagado, debió descargarse y no lo noté.
—¿Y a caso es demasiado lejos tu oficina de la mía?
—Estás de mal humor ¿verdad?
—No, pero estás frente a mi oficina no veo porque tengas que llamarme en lugar de venir o pedirme que vaya.
—Sí, estás de pésimo humor. Vamos a jugar hoy, hay un cuadrangular y me dijo Fernando que nos inscribió, saliendo vamos a buscar unas chicas y se te baja ese genio de los mil demonios que te cargas.
Odio reconocerlo pero tiene razón, me encuentro muy de malas, en casi 6 años ninguna mujer me ha interesado para nada mas que quitarme las ganas, para nada mas que sexo y ya, jamás he deseado a una mujer para compañía en mis noches, para cocinar algo juntos y una posible madre para mi hija; conozco a esta bruja y de inmediato me atrapa y la mujer no puede mas que desaparecer por completo, hace 3 días que no me coge el teléfono, he dado una vuelta por su departamento y una mujer que dice trabajar ahí me ha dicho que no se encuentra, no se que fue lo que hice esta vez.
—No digas tonterías Paul, me vendrá bien jugar pero no pienso ir a buscar sexo con nadie.
—¿Te sientes bien? —Me pregunta con asombro—.
—Sí, me siento bien —le respondo con desgano—.
—Mmmm, pues no lo parece en realidad.
—Y ahora ¿qué? ¿Tú decides si estoy bien o no?
—¿Qué demonios te pasa? ¿Hay algún problema o qué tienes?
—Vete al diablo —le digo y me levanto en un movimiento y me giro hacía el gran ventanal de mi oficina—.
—¡Hey! A ti te pasa algo, por muy de malas que estés nunca rechazas un buen polvo, ni tampoco me mandas al diablo.
—Conocí a alguien, Paul —le suelto sin pensar y veo su cara de sorpresa— conocí a una mujer increíble y hermosa.
Su rostro refleja incredulidad, y en un gesto bastante chusco como molesto, arrastra una silla y se sienta de inmediato.
—Cuéntame hermano, esto sí me interesa. ¿Ya te la tiraste?
—Eres un imbécil Paul —se ríe a carcajadas —no puedes ir por la vida revolcándote con cuanta mujer se te pare enfrente, no todas son iguales.
—No has podido acostarte con ella y por eso tu mal humor —excelente deducción, y no es que me ponga de malas que no hayamos tenido sexo, es mas bien su constante cambio, es el hecho de que me rechace sin motivo aparente—.
—No carajo —respondo molesto —bueno... algo hay de eso —corrijo de inmediato y mi voz cambia enseguida —pero no es exactamente eso.
Cambia su tono burlón cuando me ve desesperado.
—Conocí a la mujer en el restaurante de tu amigo esa noche que fui contigo, tomamos un par de copas y en cuanto le tomo la mano huye como loca gritándome que la suelte, al día siguiente la invito a cenar y todo muy bien luego nos besamos y cuando el beso se está haciendo mas profundo me rechaza y su respuesta fue “no puedo" ¿qué no puede? No la comprendo, en verdad no, desde ese beso ya no me coge el teléfono, fui a buscarla y, o no estaba o me la negaron, esta vez no la besé, no la toqué y se ha esfumado.
—Te gustó de verdad la mujer, entiendo porque me dejaste ahí tirado esa noche y te fuiste.
—No te dejé tirado, tú estabas ocupado y yo intenté seguirla pero no pude; y sí, me gusta mucho, mucho de verdad —sueno bastante desesperado— fuimos a cenar y le conté que tengo una hija, pensó que estaba casado y le tuve que aclarar que no.
Su cara de sorpresa lo dice todo.
—¿Le contaste todo de la mamá de mi sobrina?
—No, ¿cómo crees? Le dije que Gabriela murió cuando nació mi hija, no creo que sea necesario mas.
—Ok. ¿Y por qué no vas y la buscas de nuevo? Quizá la chica solo sienta un poco de desconfianza sobre tus intenciones, entonces habla con ella.
—No lo se, puede que la moleste si lo hago.
—Si no lo preguntas nunca lo sabrás.
—Déjalo así, solo vayamos a jugar. Necesito sacar todo el estrés acumulado.
—El “estrés” que tú traes no lo vas a sacar de esa forma —ríe a carcajadas por el doble sentido de su comentario, mientras sigue haciendo burla de mi penosa situación nos vamos juntos para ir al juego—.
En la duela me despejo un poco de mis pensamientos y solo salgo a jugar, en el ir y venir, las constantes disputas por el control del juego y todo el sudor que a chorros tiré creo que terminé por relajarme un poco, me doy una ducha y me despido de los chicos porque ellos ya tenían un plan para ir a tomar una copa con unas mujeres, yo también quiero ir a tomar una copa pero no me apetece compañía.
Subo a mi auto y antes de ponerlo en marcha mi teléfono me alerta con un timbre de mensaje, abro la notificación y es una foto de una margarita y un texto que dice así.
“Esta vez soy yo la que te invita a tomar algo y a bailar, te espero"
Enseguida llega la ubicación y sin dudarlo salgo para el sitio que me ha indicado, “La casa de la salsa", es un lugar que acostumbran visitar los latinos y yo he venido un par de veces, suena música pegajosa y bailable, entro y toda la gente está en la pista, una fiesta latina en su máximo esplendor; busco por todas partes y no logro ubicarla, está sonando algo de salsa y noto que se despeja un poco la pista para hacer lugar a una pareja, es ella vistiendo un holgado vestido amarillo, le da a la mitad de sus piernas y tiene un hombro caído, lleva unas zapatillas de esas que no se cómo consiguen mantenerse en pie las mujeres pero la hacen lucir muy alta, y no es que sea precisamente baja de estatura, considero que ronda el 1.68, baila con tal soltura que me quedo ahí mirando, disfrutando de sus movimientos tan ligeros como hábiles, el chico es muy joven, mas que ella, apenas tendrá unos veinte años y baila muy bien también así que decido apreciar el espectáculo desde cierta distancia y espero un poco mas antes de intentar acercarme, pero una punzada me cala hondo cuando noto que el tipo que baila con ella la acerca demasiado a él y ella lo deja, hay sensualidad en ese baile y no me gusta verlo, entonces me acerco poco a poco y en un giro que da la tomo de la mano y la atraigo a mi para seguir bailando con ella, noto su gesto sorprendido pero no molesto y entonces me sonríe y se en ese gesto que lo que hice recibió su aprobación; el joven que bailaba con ella se hace a un lado y consigue otra pareja, mientras ella sigue disfrutando del baile tanto como yo, la música es tan variada que pasa de salsa a cumbia, luego a reggaetón, luego a bachata y la pego a mi cuerpo, aprovecho la ocasión y la tomo de las caderas siguiendo con mis manos ese movimiento sensual, tiene una forma extraordinaria de moverse y me excita sobremanera, es una maravillosa sensación el poder tocar su cuerpo a través del baile, parece no molestarle mi contacto tan cercano, tan posesivo así que la disfruto recorriendo con mis manos su cuerpo de diosa, continuamos por al menos una hora bailando entre la multitud hasta que me pide ir a tomar algo.
—Un whisky en las rocas y agua mineral para la señorita por favor.
Me siento en uno de los bancos altos que hay en la barra y la acerco hacia mi, noto unas gotas de sudor que perlan su rostro y unas de ellas caen con sutileza por su pecho, con delicadeza tomo mi pañuelo del bolso y las seco mientras clavo mi mirada en su rostro.
—Me encantó verte bailar.
—Y yo no tenía idea que bailaras, te consideraba el típico hombre aburrido que no gustaba de salir a divertirse.
—Y yo creí que tú eras la típica chiquilla que no visitaba estos lugares y siempre andaba con 20 guaruras.
Sonríe con descaro y me refuta.
—Ya ves que no, me gusta mucho bailar y he venido un par de veces ya con una amiga.
—¿Por qué te escondes? –le suelto sin pensarlo—
—No lo hago –me responde determinante y entonces al justificarse titubea —es solo que yo... ah... he tenido unos días muy pesados.
La jalo mas hacia mi pero la ubico entre mis piernas y al estar tan cerca la beso, no me importa si le incomodo o me rechaza, pero no lo hace, al contrario, pasa su brazo alrededor de mi cuello y yo con mi mano derecha la pego a mi cuerpo, estoy seguro que notó mi erección porque sentí que impuso fuerza para alejarse, pero yo solo la besé con mas pasión y respondió de igual manera, me puse de pie y la pegué aún mas hacia mi y luego de unos segundos fui yo quien culminó el beso.
Que no daría por saborear cada centímetro de su piel, quiero poseerla por completo, morderla, atarla, hacerla gemir y hasta llorar.
—¿Quieres seguir bailando? —Le pregunto a escasos dos centímetros de su boca.
—Quiero irme ya —responde de la misma manera, y encuentro desesperación en sus palabras y en la forma en que las dice.
Solo bebe su vaso con agua mineral y nos dirigimos a la salida, yo pongo mi mano en su espalda, casi rozando su precioso trasero, me despojo de mi saco para cubrirla un poco del frío y me causa gracia mirar que llega un poco mas abajo mi saco que su vestido, las mangas cuelgan enormes a comparación de sus pequeños y delicados brazos; al llegar al auto la beso nuevamente pegando mi cuerpo al suyo, quiero que sienta mi excitación y que la encienda a ella también, la siento temblar y con mi mano toco una de sus piernas y noto la agitación de la que es presa, subo hasta su sexo y me encuentro con la sorpresa positiva de la humedad a través de su ropa interior, ¡es delicioso sentirla! corto todo contacto físico y abro la puerta para hacerla subir al auto, lo hago así porque se que si no paro ahora ya no seré capaz y estamos en plena calle, sin quitarme la mirada de encima me sigue hasta que me acomodo en el asiento y no dice nada solo continúa mirándome con la intención de decir algo pero no lo hace, solamente titubea un poco pero no articula palabra alguna; hacemos el recorrido en absoluto silencio hasta entrar al sótano, estaciono el auto y bajo a abrir su puerta pero ella no espera y baja por si sola.
—¿Quieres tomar algo? —me pregunta en un tono totalmente distinto, su voz suena absolutamente relajada y con una familiaridad increíble—.
—Claro, ¿qué tal un café de tu cosecha?
—Genial, vamos y enseguida lo preparo.
Subimos hasta su piso y al entrar se despoja de las zapatillas y se queda descalza, me encanta la sencillez que demuestra en cada acto, atravesamos el salón y vamos directo a la cocina donde bebe un poco de agua y otro tanto lo coloca en la cafetera y mientras esperamos me acerco lentamente hasta ella que se ha quedado del otro lado de la isla en una notable intención de marcar distancia entre nosotros.
—No esperaba tu mensaje Samantha, sin embargo sí lo deseaba; tanto como a ti en este momento.
Retrocede dos pasos, en un acto un tanto de nerviosismo pero sin alterarse de ninguna manera.
—Bruno... yo...
—Tú...
—Tengo miedo...
—¿Miedo? ¿A qué?
—Enamorarme, a sentir… —su respiración es tan irregular y al estar nuestras bocas tan cerca casi me susurra en los labios—.
—Pues enamorémonos, nena, sin miedo y con muchas ganas.
—No, Bruno...
Su “no” iba cargado de un absoluto sí, lo sentía en su piel, sus ojos lo gritaban y su voz, ay su voz tan sensual.
—Shhhh, no digas nada, por favor solo déjate llevar porque puedo ver que lo deseas tanto como yo —la pego a mi cuerpo de manera que con su pelvis toque mi erección y con posesión la tomo de su cintura y cabeza para besarla y que no intente escapar, pero no lo intenta y hace lo que le pido, se deja llevar y ese beso se hace totalmente húmedo y mas profundo, mas carnal y con ambas manos toma mi cabeza y me guía a su cuello del que me apodero por completo, la alzo en mis brazos para colocarla en una de las sillas altas de la isla y estando ahí subo con delicadeza su vestido amarillo y la admiro en ropa interior, su cuerpo es mas hermoso de lo que imaginé, tanto esperando este momento y al fin la tengo para mi, para admirarla y disfrutarla por completo; el tono de su piel es perfecto y a pesar de la estación del año y que ya hace frío, en ese momento dentro de la cocina hay una temperatura bastante elevada, con mi boca comienzo un delicioso recorrido desde sus labios hasta sus perfectamente redondeados y firmes senos, la despojo del sostén y quedan al descubierto sus ya erectos pezones, con ansia los comienzo a saborear y ella arquea su espalda y me deja saber con ese gesto que lo está disfrutando, continúo bajando y al posarse mis labios entre sus muslos solo escucho de sus labios un “ahhhh" que me indica que le gusta, me sitúo a la altura adecuada para que mis labios besen los suyos y le coloco sus piernas en mis hombros, hago a un lado la parte de tela que cubre su entrada y al tocar ese diminuto trozo de encaje me doy cuenta que está empapado, con la punta de mi lengua apenas y rozo sus labios y la escucho gemir una y otra vez; poco a poco con la punta de la lengua voy abriendo camino, sin involucrar mis manos en el hecho y alcanzo a tocar suavemente su clítoris…
—¡Ah, Bruno…!
No respondo nada y continúo en mi deliciosa labor, tiene un exquisito sabor, la pruebo una y otra vez y me sigue brindando la delicia de su excitación, veo sus pies tensarse y bajo un poco el ritmo de los movimientos de mi lengua, la llevo hasta su entrada y la pongo firme para tratar de penetrar hasta donde me sea posible con ella; al notar que se va relajando nuevamente dirijo mi lengua a su clítoris y lo lleno de suaves presiones y movimientos circulares, con ambas manos separo sus labios y paso por completo mi lengua desde su clítoris hasta su entrada y la siento erizar su piel, invito a uno de mis dedos al juego y al sentir que lo introduzco dentro de ella me coge del cabello y comienza a gemir mas fuerte, dejo que esos gemidos sean los que me guíen y continúo haciendo lo que se nota está disfrutando, con mi dedo medio toco ese espacio rugoso dentro de ella que la hace desesperarse.
—No te contengas cariño, déjalo salir.
—Ahhhh... Bruno... no puedo...
—Solo disfruta Sam.
Y regreso mi boca a su sexo y conjuntando los movimientos de mi dedo en su interior y de mi lengua en su clítoris siento como éste se va hinchando aún mas y no dejo de presionar hasta que un grito ahogado acompaña la salida de sus fluidos que resbalan en mis dedos y en mis labios, con gran placer bebo de su fuente y la siento poco a poco volver a su ritmo.
Me pongo de pie y la veo exhausta y complacida pero desconcertada, no dice nada, solo me observa y cuando quiero acercarme a besarla se pone en pie y sin cubrirse me pide que salga de ahí.
—¿Qué dices?
—Que te vayas, por favor. Perdón, pero esto no... no debió pasar, es... estuvo mal Bruno, vete por favor —me grita y me echa del departamento como si nada—.
La vi ir escaleras arriba, con el vestido en su mano izquierda y su sostén en la otra, no volteó a cerciorarse de que me fuera ni tampoco mostraba pudor alguno al contonearse subiendo peldaño a peldaño, yo solo tomé mi saco y salí de ahí molesto, molesto por no haber podido concluir lo que empezamos y encima de todo ser echado sin ninguna explicación.
Varias veces la llamo, le grito y ni siquiera voltea o responde, lo único que me queda hacer es irme. Maldita bruja, me subió a lo mas alto y me dejó caer en picada, ahora aparte de mi frustración tengo que lidiar con una dolorosa erección.