Llego hasta su piso y al abrirse la puerta la veo enfundada en un vestido hermoso ceñido a su perfecta figura, perfecta de pies a cabeza, las ondas de su cabello lucen un poco desordenadas a propósito y le sienta de maravilla.
—Hola Bruno, eres puntual -me saluda con su apenas visible risa coqueta y seductora-.
—Siempre -me acerco sin poder ni querer evitarlo y deposito un suave beso en sus labios y ella solo se queda quieta y cierra sus ojos y cuando los abre me mira fijamente a la boca y la vuelvo a besar, esta vez me corresponde y nuestros labios se disfrutan mutuamente en un suave y acompasado beso-.
—Estás muy guapo -me dice mientras pasa su delicada mano por la solapa de mi saco y me recorre con la mirada, le tiendo la mano para invitarla a salir y ella decide tomarme del brazo, no sin antes colocarse unas altas zapatillas que coge del piso.
—Gracias, a ti no puedo decirte lo mismo -se queda mirándome un poco desconcertada, vaya que la mujercita se sabe preciosa— es simplemente que no encuentro una palabra que te describa y te haga justicia.
—Oh, gracias -la noto sonrojarse— vamos antes que se haga tarde.
Al bajar al sótano la llevo al auto y partimos entre una divertida charla de cuando era niño y todas las travesuras que solía hacerle a mi hermana, recuerdo y le cuento de una vez que me asusté mucho porque puse un ratón en su habitación y mi hermanita les tenía pavor, así que cuando ella entró y notó la extraña presencia en su espacio personal comenzó a pegar de gritos, entró en una crisis brutal que yo no sabía que hacer y grité desesperado hasta que llegó la ama de llaves, tuvieron que llamar a emergencias porque mi hermana no reaccionaba y el castigo que me gané fue severo; nunca mas tuve deseos de asustar a nadie porque también yo fui mi propia víctima.
—Solo somos Ane y yo, ella es la pequeña y la consentida, es el alma libre de la familia, fotógrafa, ambientalista, la divertida; en fin, te encantará.
—Seguro que sí, la describes como una chica fascinante.
Samantha me escucha atentamente durante el trayecto hasta llegar al restaurante, ríe con todo lo que le cuento y su risa es contagiosa, genuina, es esa clase de risa que te hace sentir un calorcito en el corazón; luego de un rato llegamos a nuestro destino, entonces bajo y abro su puerta y al bajar del auto se abraza porque ha sentido frío y está sin abrigo, después de todo estaba dentro de la comodidad del edificio y luego del auto donde la calefacción no permite sentirlo, intento despojarme de mi saco para cubrirla pero se niega.
—Oh no, por favor no lo hagas, dentro estaré bien, tenía mi abrigo y lo he olvidado.
—Entonces dentro me lo regresas, quiero que estés cómoda.
—Lo estoy -dice con determinación mientras toma mi brazo y me sonríe, avanzando hacia dentro del local, aunque quiero se que no debo insistir dado el acontecimiento del día que nos conocimos; me gusta esa sonrisita coqueta que me regala, me vuelve loco toda ella, su rostro hermoso, su cuerpo perfecto, la dulzura de su voz, ¡carajo! Ya mejor paro porque no se como es que he podido ocultar la erección que provoca en mi y no quiero que lo note-.
—De acuerdo, entonces vamos hermosa, no quiero que te enfermes.
—No pasa nada, son solo unos pasos.
—Bien, démonos prisa.
—Es un lugar muy bonito Bruno, no había estado antes aquí -me dice con sinceridad mientras mira a su alrededor-.
—Me alegra que te guste, suelo traer a mis padres aquí con frecuencia.
—Gracias.
Cuando llega la hora de ordenar se decide por salmón croûte.
—Lo mismo que la señorita, por favor -digo sin dejar de mirarla y ella corresponde de la misma manera, entrando en un juego bastante atractivo para ambos puedo asegurar— y nos trae Luigi Bosca.
—Me encanta el chardonay.
—Y a mi el salmón.
—Genial, entonces disfrutaremos la cena.
—¿Quieres contarme un poco sobre ti?
—Ah, no se que desees saber -responde sutilmente-.
—Cuéntame ¿qué hiciste tanto tiempo en Europa?
—Básicamente aprender idiomas -sonríe— llevaba mis estudios en línea y aprovechaba para viajar y conocer la lengua del lugar.
—De manera que hablas distintos idiomas.
—Así es, español e inglés los aprendí en casa y mas tarde aprendí sueco mientras estaba con mis tíos, posteriormente francés e italiano, ruso y lo básico del danés y mandarín.
—Wow, eres algo así como una súper chica -le digo con gracia, pero a ella no le parece así-.
—No, en realidad Bruno, soy una chica como cualquier otra, no tengo nada de extraordinaria.
—Bueno, no lo dije con afán de incomodarte, me refiero a que eres muy inteligente, muy hermosa y me gusta tu carácter.
—Gracias por el cumplido.
—No es ningún cumplido, creo que te das perfecto cuenta que me gustas y mucho, desde anoche en cuanto te vi la primera vez, por eso me acerqué a ti.
La noto ligeramente tensa con mis palabras, pero sin alterarse me responde.
—Me resultas muy agradable, y yo no soy una persona muy sociable, no soy buena en las relaciones personales, menos aún conociendo gente nueva; sin embargo tu compañía me resulta grata y la disfruto mucho, y en definitiva también me pareces muy guapo.
Nos quedamos viendo fijamente y llegan con el servicio.
—Su vino -dice el camarero mientras hábilmente destapa la botella y sirve el par de copas-
¿No se dará cuenta que despierta mis mas bajas pasiones? Me pregunto qué pasará por su cabeza cuando guarda silencio y fija su mirada en la mía, no la noto en lo absoluto intimidada y eso me encanta, pero tampoco es esa clase de chica que cae rendida fácilmente a las primeras palabras, prudente creo que sería la palabra que la defina.
Si pudiera ya la habría hecho mía en repetidas ocasiones, habría profanado su cuerpo una y otra vez, muero por tenerla en mis brazos y sin embargo estoy aquí reprimiendo una nueva erección y siendo lo mas sutil posible porque así como despierta mi lado salvaje y s****l, también me inspira la mas dulce de las emociones, así como quiero morderla, hacerla gritar y explotar en orgasmos también deseo solo abrazarla y oler el perfume de su suave piel.
—Y tú Bruno, ¿qué me puedes contar de ti?
—No soy políglota –ella ríe con gracia- solo hablo inglés y español, aunque sí he viajado por algunos países no tanto como para dominar su lengua, tengo una empresa que me fue heredada en vida por mi padre y yo me he encargado de hacer crecer, me gusta jugar baloncesto y tengo una hija de 5 años -la noté con cara de sorpresa al decir esto último-
—¿Cómo se llama tu hija?
—Madison.
—Es un nombre muy bonito, imagino que será tu adoración.
—Lo es, Madi es lo que mas amo, desde que supe que sería padre la amé mucho y no imagino mi vida sin ella.
—¿Y... tu esposa? -me pregunta un tanto dudosa mientras da un trago a su copa de vino-.
—No tengo esposa, su mamá de Madi murió cuando ella nació.
—Oh lo siento tanto Bruno -se nota apenada-.
—Descuida, eso pasó hace mucho y hemos aprendido a estar bien sin ella. Y dime ¿cómo fue que en lugar de regresar a Colombia estás aquí?
De inmediato su rostro cambia y una sombra de tristeza lo invade por completo, agacha la mirada y con los ojos acuosos finalmente me responde.
—Es por todos sabido que mi abuelo murió hace unos meses a causa de un infarto, yo heredé todo lo que él tenía y estoy aquí para hacerme cargo de los negocios.
Para este momento las lágrimas ya han salido de sus hermosos ojos y me levanto en un impulso y la tomo en mis brazos y quiero secar su llanto y evitarle el dolor.
—Oh no hermosa, por favor no llores, no sabía de esto y lo que menos he querido es provocarte llanto.
Seco con mi pulgar sus lágrimas y beso sus labios y ella lo corresponde tímidamente.
—Me vuelves loco Sam -le susurro al oído, no aguanto mas y la beso apasionadamente y ella responde de igual manera pero lo interrumpe abruptamente-.
—Bruno, no hagas eso por favor.
—¿Por qué no?
—Por favor -breve y concisa.
A partir de ahí se le nota seria, continuamos la cena entre muy contadas palabras hasta que me pide irnos, así que pago la cuenta y salimos; al ponernos fuera del establecimiento siento el aire gélido y entonces sí coloco mi saco sobre sus hombros sin importar lo que diga y la abrazo así por atrás, la siento relajarse y recostar poco a poco su cabeza en mi pecho, me embriago de su olor a frutos rojos, hundo mi nariz en su basto cabello y aspiro una y otra vez mientras mis manos la abarcan por la cintura y ella posa sus manos sobre las mías, no decimos nada, solo guardamos silencio, hasta que aparece el valet parking con mi auto, solo entonces y sin deseo de hacerlo me aparto de ella para subirla al auto.
Durante el corto trayecto le tomo la mano y la llevo a mis labios y la beso, ella no dice nada, solo me mira con detenimiento.
—¿Pasa algo hermosa?
—Nada -responde secamente-.
Llegamos al sótano y juraba que me pediría dejarla aquí, sin embargo me ha invitado a pasar y tomar algo, a lo que yo accedo, y mientras ella va por los vasos para el whisky yo merodeo por el gran salón y encuentro unos cuadros que contienen unos dibujos a lápiz; son hermosos, uno es un rostro infantil, una pequeña que sonríe dulcemente, otro es una camada de san Bernardo con su madre, a la cual se le ve feliz con sus cachorros, doy vuelta y a mi espalda esta un paisaje nevado, de pronto sus pasos se acercan y pone en mi mano un vaso con whisky.
—¿Y quién es el artista? -Pregunto señalando los dibujos.
— No exageres -me dice divertida— en mis ratos libres o de insomnio me da por dibujar.
—Samantha ¿son tuyos? ¿tú has dibujado esto? -pregunto con notable sorpresa-.
—Sí.
—Y lo dices con tal modestia, esto es hermoso, ve -le señalo los cuadros— es arte.
—Son solo dibujos Bruno, nada fuera de este mundo.
Y no comprendo cómo es que puede decir que “son solo dibujos", transmiten emociones, te transportan a esos sitios y pareciera que estás frente a la realidad cuando es solo lápiz y papel pero conjugados con el talento.
Sin dejar de admirarme por dichos dibujos acepté la copa y nos sentamos en el sofá, ella tomó una posición muy cómoda, se sentó sobre su pierna izquierda doblada y quedó frente a mi y al verla tan cómoda y relajada hice lo propio pero sobre mi pierna derecha para quedar frente a frente y a escasos centímetros uno del otro, me miraba sin decir nada y yo comencé a jugar con mi vaso y con mi dedo índice hice un pequeño roce a su brazo hasta llegar a su mano, y cuando lo hago me acerco a su rostro y sus ojos se posan en los míos y van a mi boca, lo desea tanto como yo y no tengo mas remedio que saciarnos y la beso, en un inicio suavemente y después mas y mas intenso y húmedo, disfruto el sabor de sus labios, su calor, su textura, toda es deliciosa; y de repente se aparta.
—No Bruno, no puedo perdón -y huye de mi, sigo sus pasos y la alcanzo en la cocina donde está recargada en la nevera recriminándose algo que no alcanzo a escuchar, pero nota mi presencia y se lanza a mis brazos, yo estoy tan confundido, no se que pensar ni que decirle, solo la abrazo mientras ella llora silenciosamente, no pregunto nada, solo la abrazo.
—Hey, tranquila cariño, dime qué pasa, yo no te entiendo y no tengo el poder de leer la mente para saber lo que te sucede.
—Solo abrázame y no digas nada, por favor.
La llevo nuevamente al salón y permanecemos por largo rato sentados ahí, me deja que la abrace hasta que se queda dormida