PRIMERA CITA (Samantha)

2779 Palabras
  No puedo creer que me besó y que yo se lo permití, este tipo de contactos con un extraño e incluso con conocidos es algo que no tolero bien, apenas acepto el contacto de algunas pocas personas y sin embargo me gustó, pero me dejó también una extraña sensación, un poco de miedo creo, curiosidad también. Si tan solo pudiera confiar y no temer, si no doliera recordar. —A trabajar Samantha,  es tarde. Me doy una ducha rápido, ya no me queda tiempo para mucho, mi inesperada visita ha robado parte de mi mañana y ya no alcancé a ejercitarme, debo apurarme pues hoy tengo que ir a la agencia con Dana y luego ir a la empresa,  hay días que siento que no podré con tanto. —Señorita Larsson, buen día —dice la siempre eficiente Carol al salir a mi encuentro, como cada mañana desde que estoy aquí—. —Buen día Carol, pasa —le indico al momento de abrir la puerta— —Sus periódicos ya están en su escritorio y su café como le gusta, ha llamado su hermano infinidad de veces porque no la localiza en el celular, está muy molesto y me exigió que sí o sí se debe poner una línea telefónica en su departamento, dígame si quiere que llame a la compañía para que quede hoy mismo, —demonios, debió quedarse sin pila el teléfono y no lo revisé, Ernesto debe estar furioso —también llamó la señorita Walton que tampoco la pudo localizar, dice que tuvo un pequeño retraso en LA pero que mañana estará de vuelta y le llame en cuanto pueda; le he dejado unos cheques para que me firme, aquí están estas carpetas para que revise y en su caso me autorice, han estado llamando buscando una cita con usted o la señorita Walton, pero la agenda no da para mas, a menos que le robe una hora mas por la tarde —me dice con una amable sonrisa—. —No Carol, no podríamos y no quiero que quedemos mal por sobrecargarnos de clientes, con mucha pena rechaza todo lo futuro. —De acuerdo, y sobre la línea de su departamento ¿Qué hago? Su hermano estaba muy molesto, en verdad. —Gracias Carol, comunícame enseguida con él y ordena la línea para mi casa, si no mi hermano no parará de acosarnos. —Sí señorita, con permiso. Lo primero que hago es buscar en mi bolso el teléfono y me doy cuenta que está muerto, de inmediato lo pongo a cargar y suena el teléfono de mi oficina. —Señorita, su hermano muy molesto por la 1. —Gracias. —¿Qué te crees Samantha? —me dice furioso antes de cualquier saludo amoroso de hermanos— estuve a punto de volar para ir a buscarte, por tu terquedad de negarte a tener teléfonos en casa, estaba muerto de angustia —verifico el volumen del teléfono y es el mínimo, Ernesto está furioso y me grita mas que hablarme, me froto la cabeza y dejo que se desahogue y saque su coraje —eres una irresponsable, cada 2 semanas cambias de aparato para evitar que te encuentre y tienes que entender que lo hacemos por tu bien... Por si fuera poco volviste a echar a tus escoltas, papá mandará a los rusos que son los únicos que te soportan... —Fue suficiente Ernesto, ya escuché demasiado y te agradezco la preocupación pero estoy bien, solo salí a cenar y olvidé el teléfono en el restaurante de Daniel, apenas hoy me lo entregaron, estoy bien y no tolero que me griten, lo sabes, así que bájale tantito a tu tono de voz o te cuelgo y cuando estés mas calmado me llamas. Y por si no es suficiente te informo que mis amigos rusos ya están acá, debiste llamarles a ellos, sabes que no se despegan. Lo oigo resoplar a través de la bocina y estoy segura que lanzó algo a la pared porque se escuchó un golpe. —Samantha —suavizándome el tono de voz me dice —sabes lo que significas para mi, tú y Catalina son lo mas importante en mi vida, ojalá pudieras entender que te amamos y nos preocupamos cuando no sabemos de ti, conoces la situación y deberías un poco ponerte en mi lugar para que te des cuenta la angustia que sufrí anoche que no sabía dónde estabas, si estabas bien o te pasaría algo. —Perdóname, pero “la situación” —le recalco eso último con sarcasmo —no es algo que yo he provocado, así que a mi no me metan en sus asuntos y dejen que viva mi vida, si por “la situación” me pasa algo a mi, ojalá que la culpa les permita vivir tranquilamente, como hasta ahora luego de tantos años. Se hace un silencio que parece eterno, quizá no debí, pero sentí que necesitaba sacarlo en este momento. —Samantha, eres muy injusta —me dijo con una voz que reflejaba dolor, tristeza y mucho pesar—. —Perdón, ustedes solo quieren protegerme, eso lo se; sin embargo también necesito mi propio espacio, de vez en cuando me gusta perderme y estar sola, no fue el caso anoche pero cuando así sea quiero que lo sepan entender y no manden al ejército a buscarme. Dime ¿cómo están? Entendió que ya no debía insistir, así que me siguió en el tema y dimos carpetazo a lo anterior. —Bien, estamos bien todos —le oigo suspirar en señal de que ha perdido la batalla —te llamaba para avisarte que estaré en próximos días allá contigo, hay mucho que hablar princesa. Sus palabras me causan angustia, viene desde Colombia solo a hablar, ¿qué puede ser tan importante que lo haga volar? —¿Todo bien Ernesto? ¿Pasa algo que yo no sepa? —No, tranquila, todo bien, es algo que se que te pondrá feliz. De pronto la tensión desaparece y ahora hay emoción en mis palabras y eso lo hace a él también bajar la guardia. —Ay dime que es, anda que no aguantaré la curiosidad hasta que vengas. —Tendrás que aguantar curiosilla, unos días mas y estaré allá, mientras pórtate bien y no estés de rebelde. Recuerda que te adoro. —Yo también te adoro hermano mayor. La conexión que tenemos con Ernesto es increíble, siempre me ha cuidado y aunque a todos los quiero mucho para mi él es otra parte de mi, supongo que será esa extraña cosa de mellizos o simplemente que así como los tíos tienen sus sobrinos favoritos también lo hay entre hermanos. Ernesto es solo 3 minutos mayor que yo, por eso le digo “hermano mayor"; se ha casado con una chica hermosa que va a darle un hijo, es muy joven, apenas tiene 20 años pero se adoran, veo a mi hermano feliz con ella y eso me da mucha alegría, no todos tenemos que ser eternamente desdichados. Pasa mi momento de drama y llamo a mi amiga. —Hola Dana, ¿cómo estás? —Hola amiga, muy bien, papá tuvo algunos atrasos pero todo bien, aproveché para ir de compras, nunca es suficiente —Ya se que para ti jamás lo es; disfruta tus días aquí está todo tranquilo, solo tengo que revisar unos proyectos y dar el visto bueno, te mandaré por e—mail para que revises y me des tu opinión también. —Confío plenamente en ti Samantha, tú puedes con lo que sea. —Ay amiga, hay momentos en que siento que no, tengo 2 trabajos altamente demandantes y siento que estoy a tope, pero tengo que hacerlo. —Hey amiga, tú sabes que estoy para apoyarte y ayudarte en todo, se que es mucho pero esta es tu vida, te heredaron los millones de la mitad del mundo y para conservarlos hay que trabajarlos. —Ya se no me digas mas, mejor regresa pronto y cenamos y tomamos algo y hablamos y nos reímos y todo —ambas reímos a carcajadas—. Dana es esa hermana que nunca tuve, cuando llegué a vivir a España estaba sola, mi abuelo se negaba a dejarme ir, que era peligroso a mi edad estar sola, ¡caramba! Europa independiza a sus jóvenes mucho antes que América, es increíble ver tantos chicos rentando departamentos solos o compartiendo con algún amigo, dividiendo gastos y siendo independientes, en mi caso lo era solo en el aspecto personal y no económico, mi abuelo pagaba mis estudios, mis gastos, mis viajes y hasta el mas mínimo antojo; un día mientras iba por la calle dando un paseo dominical una chica estaba absolutamente perdida, estaba asustada y no hablaba español, si bien es un lugar donde hay turistas de todas partes la mayoría de las personas hablan solo español y alguno de los demás idiomas de España, los turistas suelen ser poco amables y esa chica estaba sola, me acerqué y en inglés me dijo que había perdido su excursión, estaba de viaje sola como regalo por sus 15 años y el grupo con el que venía lo había perdido de vista, tenía su itinerario pero no lograba ubicarse en el espacio en que se encontraba. —Calma, todo está bien, te ayudaré a encontrar a tu grupo, no pasa nada, soy Samantha, ¿cómo te llamas tú? —Soy Dana —y me abrazó con fuerza, yo no supe que hacer y enseguida correspondí el abrazo— Buscamos su grupo y un par de horas después lo encontramos, ni siquiera se habían dado cuenta que faltaba una chica de 15 años pfff. Hicimos bonita amistad los días que estuvo en España, nos seguimos comunicando por e—mail y un día me dijo que quería ir conmigo así que sus padres hablaron con mi abuelo, se conocieron y la llevaron, la condición era que estudiaría negocios y gestión empresarial, como única hija tenía el deber de seguir los pasos de su padre; así lo prometió y cuando cumplió 18 tomó publicidad, cuando su padre se enteró canceló todas sus tarjetas, dejó de pagarle todo y la presionó para que abandonara la carrera y su buena amiga la apoyó hasta el final, como debe ser, como hacen los amigos. Hemos vivido muchas cosas juntas, de ahí en adelante cada que me mudaba a otra parte iba conmigo, hasta que apareció Daniel y entonces éramos tres ya, nuestros estudios los llevábamos en línea para poder disfrutar los placeres de la vida y la libertad. Transcurre el día de lo mas tranquilo, un par de llamadas y revisión de los proyectos pendientes y sin darme cuenta ya son las cuatro y treinta, no alcancé a ir a la compañía hoy, no he comido y estoy algo cansada ya, por tanto me dispongo a marchar, Bruno irá por mi a las siete y no me gusta estar tarde, me despido y salgo de la oficina. Apenas entro al ático y me quito las zapatillas, amo estar descalza, sentir la frescura en mis pies; recuerdo que mi nana me regañaba siempre y me decía que me iba a enfermar por no usar zapatos, yo siempre hacía oídos sordos a su queja. Tomé unos sobres que estaban en mi apartado de correo y abro uno a uno y encuentro el de una agencia de colocación, estaba buscando una ama de llaves, cuando mi nana se dio cuenta se molestó bastante, ella quería venir conmigo y hacerse cargo de todo lo que a mi respecta, pero yo la conozco y me va a estar encima todo el día y de salir a divertirme por la noche ni pensarlo, así que tuve que hacer oídos sordos también a sus peticiones y decirle que prefiero que se quede en casa y vigile que todo marche bien; dentro del sobre viene una hoja con los datos de Rosa, una mujer mexicana, 50 años y con muy buenas recomendaciones, le llamo y concertamos una cita para mañana a las 9:00 en mi oficina. Tomo una copa de vino y subo a mi habitación y me despojo de toda la ropa, abro las llaves del agua y dejo llenando la tina mientras voy al armario a buscar algo apropiado para la cena, opto por un vestido color vino debajo de las rodillas, con escote “V". Mis interiores son un coordinado n***o de encaje, amo el color n***o en la lencería. En cuanto está lista la tina me sumerjo y me relajo, viene a mi mente Bruno, y me dejo llevar por el momento y en mi cabeza comenzamos a besarnos y yo lo disfrutaba, tanto que fui yo quien hizo ese beso mas profundo y pasional, comencé a sentir un vórtice de energía en la parte baja de mi vientre y sentí latir mi sexo, esto era totalmente nuevo para mi, ¡estaba excitada! Jamás me había pasado esto, con nadie, nunca un hombre despertó este deseo en mi y ahora un perfecto extraño lo hace; y digo perfecto porque eso es, el hombre está divino, creo que hasta pecado debe ser. Nunca he sido una mujer de andar observando el físico de las personas, pero desde luego que el suyo no puede pasar desapercibido, su tono de piel, su cabello n***o, sus ojos cafés y su rostro tiene una delicadeza en cada rasgo, particularmente me encanta su barba, verlo es como tener al guapísimo Mario Casas frente a mi, no, definitivamente Bruno es mas guapo, su cuerpo está perfectamente trabajado y se notan los músculos por encima de su camisa sin llegar a verse exagerado, una espalda ancha nunca me pareció atractiva y aquí estoy ahora fantaseando con él. Sin darme cuenta ya llevo una hora en la tina, salgo un tanto presurosa y miro mis dedos arrugados por pasar tanto en el agua, sonrío para mi y no le tomo mas importancia de la que tiene, entonces comienzo mi tarea de arreglarme porque ya es un poco tarde; lo primero es hidratar mi piel así que aplico un poco de crema y la llevo por todo mi cuerpo, me encanta la sensación de suavidad que me genera, luego voy poniéndome la ropa interior y me miro al espejo, y me gusta lo que veo, mi cuerpo bien torneado y firme, claro que he  ganado un par de kilos desde que dejé el vóley bol, pero me ha encantado como me sienta, antes me sentía muy delgada, casi plana y ahora me veo con una silueta linda, se aprecia perfectamente marcada la cintura, mis caderas, mis piernas y cada parte bien definida, amo la redondez de mis glúteos y piernas,  se nota el trabajo que si bien ya no es diario, sí es frecuente; estando vestida seco mi cabello y sujeto una parte con un broche que me regaló mi madre hace algunos años y el resto lo dejo completamente suelto, solo dejo unas mechas caer ligeramente al frente, esta vez sí utilizo un poco de maquillaje pero muy natural, utilizo un labial en color caramelo, muy suave de hecho, me miro por última vez al espejo antes de salir de mi habitación, me sonrío suavemente y me lanzo un beso a través del reflejo, tomo mis zapatillas en mi mano izquierda y con la otra mano tomo un abrigo largo n***o que fue regalo de uno de mis hermanos, la ventaja de ser la única mujer es que me llenan de todo, como si yo deseara algo aún, vaya ideas. Bajo al salón y me quedo mirando a través del gran ventanal, la vista desde aquí es un espectáculo maravilloso, se aprecian las luces lejanas y a la vez tan cerca, es como adentrarse en la vida nocturna de la ciudad, pero desde tu propio espacio, estoy absorta en las imágenes que hay en mi exterior, viendo como la vida viene y va y me pega nuevamente la soledad, vuelvo a sentirme lejos, sola, vacía. Tomo un vaso para servirme un poco de whisky y me regreso en silencio al mismo ventanal donde estaba hace un momento, y vuelvo a adentrarme en mis sentimientos de añoranza y melancolía, hasta que escucho el timbre del elevador privado sonar. —Buenas noches, Samantha. Me saluda con cordialidad y una media sonrisa que casi juro que es su as bajo la manga con cualquier mujer, su barba se ha ido y luce un rostro absolutamente perfecto, viste un traje gris con camisa blanca y su cabello recortado, “alguien ha ido al salón” me digo en mi cabeza. —Hola Bruno, eres puntual.      
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