Mi cuerpo es muy pesado, no puedo mover ni un dedo, ¡vaya! Ni siquiera logro abrir mis ojos. ¿Dónde estoy? Lo último que recuerdo es ver a Madi correr y que Bruno llegó hasta mi y me decía que todo iba a estar bien, pero después de eso nada. Estoy en un lugar muy frío, y escucho débiles pitidos, como una alarma, de pronto escucho pasos y voces extrañas, no las reconozco, comienzan a tocarme en mis manos, y una luz asoma por ambos ojos, primero uno y luego el otro. —Está muy bien, en un par de horas debe despertar por completo, el efecto sedante ya pasó —le escuchó decir a un hombre. —Que bueno doctor, su familia estará feliz, y su pobre esposo ¡como ha sufrido! —Así es, pero ya está muy recuperada, ya es cuestión mayormente de reposo, tome sus notas, yo voy a informarles. Estoy en un

