Maldita sea, ninguna respuesta me complacía, solo quería verla salir caminando y que todo esto quedara atrás —Bruno, trata de calmarte —me dice Dana —todos los que estamos aquí estamos sufriendo por Samantha, pero también somos quienes le damos fuerza, pronto te dejarán entrar con ella y si te siente así no le ayudarás mucho. Todo mundo hablaba y hablaba, pero nadie sabía en realidad como me sentía, nadie sabía el vacío tan grande que estaba sintiendo solo de pensar que no despertara mas. Pasaron los dos días que el médico dijo que eran cruciales. No había ninguna novedad, ninguna mejoría, esto comenzaba a darme cada vez mas miedo. —Señor Michel —llegó el médico hasta donde estábamos reunidos ya mis suegros y sus tres hijos, también estaba Dana, ella venía o llamaba lo mas posible al

