Ya por la mañana lo sentí moverse y eso me despertó, su abrazo era de lo mas cálido, a pesar de sus brazos fuertes me daba una caricia suave y agradable, tanto a mi piel como a mi alma, disfrutaba tanto su cercanía, recosté mi cabeza sobre su pecho, podía escuchar los latidos firmes pero relajados que su corazón me regalaba. —Sam… —Dime —le respondí con tranquilidad—. —Quiero compartir mi vida contigo —me dice sereno —amo ir a la cama contigo y despertar y mirarte aquí a mi lado, quiero que sea cada día. Alcé la vista y me quedé mirándolo fijamente, entendía que me estaba proponiendo que viviera con él, pero no me sentí segura de responderle. —¿Qué dices? ¿Te casarías conmigo? Mis ojos se abrieron por completo y mi respiración se vio severamente afectada, el corazón iba a mil y no s

