—Me apetece hacerlo —y lo hizo y llevó nuevamente su boca a mi cuello, luego sacó mis senos del sostén y con la humedad de su boca los estimuló hasta el límite —Bruno, por favor, no quiero hacer esto —se detuvo compasivo y me miró y sonrió de medio lado, sentí como sus dedos descendían suavemente hasta posarse en mi pelvis—. —¿Estás segura que no quieres, Samantha? —Lo estoy. —Si yo te demuestro lo contrario estarás en deuda conmigo y tendrás que hacer lo que yo diga, cariño. Yo solo apreté mis labios y cerré mis ojos, sabía perfectamente lo que iba a hacer, y lo hizo, primero con sus dedos rozó por encima de la tela mi v****a, yo sentía tanto calor que creí estar sudando, luego comenzó a presionar suavemente y yo solté un suave gemido y él a su vez una risa triunfal ¿de qué me servía

