Danzaban los círculos estelares, expelían una gala de colores como un arcoíris. Aclaro que el universo está nutrido de millones y millones de puntos rutilantes que engalanan la vista de los seres vivos cuando el manto nocturno abraza al planeta que gira. Hablando de las maravillas galácticas que me compete escribir, nació, de las tertulias de la Vía Láctea, una pequeña estrellita sin nombre. Esparciendo gas por sus cinco puntas, estornudó y abrió los ojitos. Irradiaba luz, amarilla, alrededor de la anatomía de su cuerpo celeste. Estaba rodeada de numerosas amigas que habían enlazado sus puntitas y bailaban. Una gran dama de plata, que portaba una varita, invocó unos conejos, pero unos sendos conejos de pelaje pulcro, blancos y nariz convulsa. Estos mamíferos de múltiples talentos, sa

