8 meses más tarde. Recuerdo cuando Lucian me llevaba en sus brazos desesperado. Había roto la bolsa, y el bebé venía en camino. A pesar de las tecnologías en saber sobre su sexo, no quisimos saberlo y lo dejamos para ser una sorpresa. Aunque habíamos elegido muchos bonitos nombres por sí no nos decidíamos. Mi padre corría a la par, también Jocie y Matt. Cameron llevaba el bolso lleno de cosas de bebé, y batallaba porque se le caían las cosas al suelo. Me pusieron en una camilla y las enfermeras sacaron a Lucian de la sala. Dejándome sola y aislada. —Nena, necesito que te relajes, ¿sí? —la enfermera me habló dulcemente—. Vamos a inyectarte un dilatador, estás muy tensa. Así que a la cuenta de tres respiraremos juntas, ¿de acuerdo? Uno... Dos... Tres. Respiré profundamente y solté el

